La Convención Constituyente y la inútil búsqueda de la pureza
Los nombres que circularon por la Convención y las redes sociales para ser su presidente o presidenta, y que fueron rechazados por el tribunal oral twittero, nunca quisieron ser otra cosa, nunca que yo sepa, quisieron esconder sus orígenes, sus contradicciones.
Foto: Agencia Uno
La votación de la dirigencia de la Convención Constitucional no fue ni un bochorno, ni nada parecido; fue ver la política en tiempo real, las conversaciones, las negociaciones, la forma en que se caía un candidato para que apareciera otro. Era todo transparente, demasiado, tal vez. Tanto así, que quienes en el pasado reciente pedían que nada se hiciera a espaldas de ellos, ahora preferían no ver lo que sucedía; querían comer vienesas, pero no les parecía tan agradable conocer tanto detalle sobre cómo se elaboraban.
Muchos de los fervientes seguidores de la Convención se desilusionaron en vivo mientras veían cómo uno u otro constituyente trataba de convencer a su colega para que votara por su candidato. No había pureza, por mucho que se buscase. Había varios que tenían historias, pasado, errores, frases desafortunadas; la mayoría, en definitiva, había vivido. Cuestión que para algunos es casi un pecado, algo que debió evitarse si alguna vez se quiso postular a un cargo público.
Alrededor del lugar de votación, estaban los alarmados, los que se escandalizaban con los nombres que iban saliendo al ruedo, como también los que se horrorizaban con la forma en que se elegían estos nombres. Constituyentes de cierta edad encontraban un lamentable show lo que se estaba viviendo, mientras los más jóvenes se felicitaban entre ellos por su incansable búsqueda de la pureza.
Finalmente se eligió a un hombre y una mujer, quienes liderarán la mesa de la asamblea en los meses restantes. No se les ha conocido nada público, hasta el momento, que pueda ser objeto de cuestionamientos, de pataletas twitteras empapadas del arte de la cancelación. Son jóvenes con experiencias vitales, pero sin historia pública conocida en la política. Lo que para varios es como un bálsamo. Casi un símbolo de legitimidad para la instancia constituyente.
La pregunta, una vez más, es si se busca en las nuevas generaciones nuevas ideas o carencia de conflictos. Sería bueno saber si entre quienes quieren y defienden este proceso, hay una mayoría que entienda que la vida siempre traerá un pasado implícito, una mirada de lo que fue, y que hoy se contradice con lo que se es. En eso consiste el ser humano y su relación con su entorno. Por lo que lo necesario es transformar ese entorno, esas relaciones de poder, porque lo que nunca se hará será transformar al ser mismo. Esa es una utopía que confunde la politización con la evangelización.
Me podrán decir que, en ese caso, el llamado “Pelao Vade” debería seguir en la Convención, pero ahí está la gran diferencia: Vade actuó con demandas que sí existen; vendió un personaje sobre la base de realidades, tratando de encarnar una supuesta virtuosidad que traería consigo haber sufrido enfermedades, aunque esa virtuosidad no existe y, en este caso en particular, tampoco la enfermedad.
Los nombres que circularon por la Convención y las redes sociales para ser su presidente o presidenta, y que fueron rechazados por el tribunal oral twittero, nunca quisieron ser otra cosa, nunca que yo sepa, quisieron esconder sus orígenes, sus contradicciones. Patricio Fernández, por ejemplo, nunca se vio queriendo ser más que alguien que pertenecía a una elite, a un mundo de una izquierda concertacionista, y que fundó el The Clinic para atacar los enclaves autoritarios de los noventa, desde una perspectiva liberal.
Quien haya leído el autodenominado pasquín, no puede extrañarse de lo que es Fernández y el lugar al que pertenece. Espantarse, horrorizarse, o buscar cierta conspiración con Piñera por ser su pariente, es algo muy propio de cierta generación, y consiste en sospechar no para cuestionar cierto poder, sino para reafirmar la propia convicción de estar del lado correcto de la historia. Y así, lo cierto es que no se construye acción política, cuestión que necesita urgente la Convención para tener un proceso de ratificación de sus normas exitoso y validado por todos los chilenos.
Esperemos que esta estrategia esté en el horizonte político de quienes hoy dirigen este proceso. Para lograr que todo lo recorrido tenga un final feliz, es de suma importancia no sólo tener conciencia de que se está en un nuevo terreno muy diferente al de la transición y sus posteriores reflujos, sino que hay construir inteligentemente la forma de sacar provecho de este y no desperdiciarlo.
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