La alegre rebeldía de la juventud al poder
La revuelta de octubre de 2019 comenzó con jóvenes saltando torniquetes. Todos los días durante una semana las y los jóvenes, con alegre rebeldía, se organizaron y saltaron torniquetes del metro por todo Santiago. Ante la brutal represión desatada, lograron convocar el apoyo popular que sabía que esa protesta era por todos.
Las y los jóvenes del mundo popular hemos sido históricamente estigmatizados. A los grandes medios de comunicación, financiados por el empresariado, les gusta destacar que somos flaites, flojos o que no estamos ni ahí. Pocas veces destacan la importancia que hemos tenido para la los profundos cambios que hemos empujado en la historia de Chile.
Ahí estaban las y los secundarios de los ochenta organizándose contra una dictadura sangrienta, poniendo el pecho a las balas, lograron convocar las primeras propuestas, que fueron fundamentales para preparar el camino para su fin.
Ahí estuvieron el 2006 exigiendo, entre otras cosas, que se derogara la LOCE y que no se aprobara el CAE (Crédito con Aval del Estado), que ha demostrado ser una de las peores políticas públicas de los últimos años, obligando a miles de jóvenes a endeudarse con cifras millonarias para poder estudiar.
Estuvimos el 2011, tomándonos los colegios exigiendo una educación pública, gratuita y de calidad. Vimos cómo nuestras demandas, que por largos años habíamos gritado a los cuatro vientos, por fin conseguían unirnos: estudiantes y trabajadores, padres y madres junto a sus hijas e hijos salimos a marchar en la, hasta ese momento, manifestación más grande desde el regreso a la democracia, donde la consigna central fue terminar con la Educación de Pinochet y por ende su Constitución.
La revuelta de octubre de 2019 comenzó con jóvenes saltando torniquetes. Todos los días durante una semana las y los jóvenes, con alegre rebeldía, se organizaron y saltaron torniquetes del metro por todo Santiago. Ante la brutal represión desatada, lograron convocar el apoyo popular que sabía que esa protesta era por todos.
Las y los jóvenes de ayer y hoy hemos unido a Chile e impulsado los cambios, sin embargo, aún seguimos excluidos de las tomas de decisión de un poder político elitizado. Una exclusión que hemos comenzado a romper cuando la convencional más joven con sólo 21 años, ex vocera de los y las estudiantes secundarios, Valentina Miranda resultó electa.
Hoy, necesitamos terminar con el Congreso de los privilegios, donde su composición ha excluido a quienes queremos cambiar la realidad de nuestro país también. Votar por alternativas jóvenes, feministas y populares es una opción real, urgente y necesaria. Que la alegre rebeldía de la juventud llegue al Congreso es nuestro compromiso.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



Deja una respuesta