Opinión

La agresión a Barraza, Crespo y la urgencia de acabar con el ultraderechismo de Carabineros

Carabineros está lejos de ser una entidad en donde sus funcionarios actúen sin sesgos políticos, de raza, de clase y con respeto a los Derechos Humanos. Son uno de los resabios más sólidos de la dictadura cívico-militar, el brazo armado de un solo sector de la sociedad, lo que desmiente que en la práctica se aplique su obligación de no deliberación.

La mañana de este lunes el constituyente Marcos Barraza (PC) fue agredido en el exterior de la Convención por una manifestante pro “Rechazo” y “provida”, quien junto con insultarlo le cubrió completamente el rostro con la bandera chilena que portaba, para después jalarle la cabeza hacia ella.

Tanto o más comentada que la agresión misma fue el actuar de un funcionario de Carabineros que quedó registrado en un video viralizado en redes sociales. Y es que ocurre que una vez que la mujer se encontró con un policía que había presenciado el ataque, insólitamente este último solo se limitó a decirle “usted no puede hacer eso”, para luego pedirle “no lo haga, ¿ya?”.

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Lo anterior, condimentado con el inicio del Gobierno encabezado por el Presidente Gabriel Boric, ha vuelto a reflotar en parte importante de la ciudadanía la demanda de que dicha institución policial sea refundada. Algo que antes había adquirido una fuerza rotunda frente a las sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos cometidas principalmente por funcionarios de Carabineros durante el estallido social. 

Quienes han seguido por años -ya sea desde el rol de manifestantes o como profesionales en la cobertura de movilizaciones- saben perfectamente que el comportamiento de los funcionarios de Carabineros en la calle es muy distinto al que promueven y describen públicamente las autoridades de dicha institución. 

Y hay casos y ejemplos emblemáticos. En ese sentido, el actuar exhibido por el ex teniente coronel Claudio Crespo Guzmán, acusado por el Ministerio Público de dejar ciego al manifestante Gustavo Gatica, es una de las evidencias más genuinas de que al interior de Carabineros no se forma a sus funcionarios bajo la regla fundamental que sostiene que en una democracia las Fuerzas Armadas y de Orden y Seguridad son obedientes y no deliberantes.

Claudio Crespo junto al ex líder pinochetista de la Garra Blanca, «Pancho Malo»

A Crespo se le ha visto en manifestaciones públicas recientes luciendo una polera en la que se ha podido leer la consigna Capitalism makes / Socialism takes. A través de su cuenta en Twitter ha calificado como “héroes” a criminales de la dictadura -a quienes también reconoce visitar en Punta Peuco-, entre ellos a la teniente coronel (r) de Carabineros, Palmira Isabel Almura Guzmán. Se trata de una represora condenada en 2018 como autora del delito de secuestro calificado de la pareja de cineastas Carmen Bueno Cifuentes y Jorge Müller Silva, este último camarógrafo del documental La Batalla de Chile de Patricio Guzmán.

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La pregunta es: ¿Crespo se situó en esa posición ideológica de ultraderecha tan categórica ahora que no es funcionario policial? ¿Debemos creer que cuando le disparaba al cuerpo, a la altura de la cabeza, a un manifestante desarmado, no estaba el oficial policial permeado por la idea de que aquellos a los que tenía enfrente eran “comunistas”, “terroristas”?

“Me empezó a insultar, como sabiendo bastantes cosas de mí, como que yo hacía clases, que me juntaba a tomar café con mis estudiantes ‘terroristas’, que era una vieja tal por cual, que por qué en vez de enseñarles a ser buenas personas les enseñaba ‘terrorismo’, que me tenía identificada…”, me relató en junio de 2020 la profesora de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), Lorena Godoy, cuando la entrevisté para una nota que realizaba para otro medio sobre el violento actuar de Crespo en Valparaíso durante el tiempo del Movimiento Estudiantil.

“Se sube como encima de la reja y me levanta del cuello con una mano -en ese tiempo yo pesaba bastante menos que ahora- y me deja caer. Me dice que ya me va a pillar”, narró la docente sobre un episodio que vivió con el oficial en la ciudad puerto durante una movilización realizada el 4 de agosto de 2011, una jornada que quedó en la memoria de todo el país por ser una en las que el gobierno de Sebastián Piñera ejerció con mayor brutalidad su represión en contra de los estudiantes.

En definitiva, Claudio Crespo no solo encarna genuinamente la violación a los Derechos Humanos que ejercen sistemáticamente los funcionarios de la institución policial en Chile, sino que la prueba de que en nuestro país los carabineros actúan en función de una determinada posición política y no responden a partir de ello a la obligación de no deliberación. 

Para decirlo con todas sus letras: Carabineros es una institución que en la práctica continúa enfrentando el derecho a protesta de un sector de la sociedad, de la izquierda, a través de la criminalización política. Desde ahí se desprende un «anticomunismo» que es posible oír en los insultos que profieren los funcionarios que son enviados a enfrentar manifestaciones, el que -dicho sea de paso- evidencian igualmente medios de comunicación tradicionales y empresarios.

Carabineros es racista en cuanto continúa comprendiendo al mapuche bajo la lógica de un “enemigo interno” al que se debe combatir. Y es también una institución adoctrinada en términos de clase, al enfrentar con violencia sistemática a los sectores más empobrecidos del país, en función de una lectura capitalista y ligera intelectualmente que asocia convenientemente a esos sectores siempre con la «delincuencia».

Imagen referencial / Agencia Uno

Y todo aquello contrasta, por naturaleza, con el trato respetuoso que ha sido posible observar cuando se trata de manifestaciones de sectores de la derecha en el barrio alto o de grupos fácticos de poder.

Una demostración grosera de aquello es lo que ocurría, por ejemplo, durante las marchas por la opción del “Rechazo” para el plebiscito por una nueva Constitución. En reiteradas oportunidades se denunció con registros audiovisuales que estas convocatorias, donde participaban adherentes con palos y en las cuales se agredía a quienes se opusieran, eran escoltadas por carabineros. Lo mismo ocurría con las caravanas de vehículos que entorpecían el libre tránsito, en las cuales se podía ver casi como parte de ellas a automóviles de los uniformados.

Algo que -como es públicamente sabido- contrastó con la brutal represión que recibían quienes se reunían en Plaza Dignidad, como lo ocurrido el sábado 5 de septiembre de 2020, cuando mientras en Las Condes Carabineros resguardaba una concentración por el “Rechazo” que superaba el aforo permitido de 50 personas, en el centro de Santiago se reprimía una manifestación por mejoras laborales de Técnicos en Enfermería.

Para la memoria quedará igualmente la imagen de un funcionario de esa misma institución (N.del.R: fotografía central) sonriendo junto al reconocido neofascista Roberto Belmar el 14 de enero de 2021, luego de que este disparara balines a los transeúntes en el Paseo Ahumada. Al mismo tiempo, los uniformados violentaban a los familiares de los presos políticos que se habían convocado en ese lugar. 

También pasará a la historia lo ocurrido el 9 de diciembre de 2019 en Plaza Dignidad, cuando al retirarse del lugar desde un vehículo de Carabineros les gritaron a los manifestantes “¡Chao pájaros tuertos!». Esto, en alusión a las mutilaciones de ojos que los mismos policías provocaron durante el estallido social.

Y hay más ejemplos. En junio de 2021 todo el país fue testigo de una repudiada acción en la que funcionarios de Carabineros intentaron embestir con el furgón en el que se movilizaban a un ciclista que bajaba el Cerro San Cristóbal en Santiago, no logrando afortunadamente hacerlo caer desde la vía hacia los pastizales que se encontraban a su lado derecho.

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El hecho ocurrió en el contexto de la revuelta popular en donde fue conocida la masiva adhesión de ciclistas al proceso que exigía cambios en Chile, realizándose permanentes movilizaciones por parte de los llamados “cleteros”, tanto en Plaza Dignidad como en otras partes de la capital, ocasiones en las que en más de una vez fueron reprimidos con gases y carros lanza agua.

También es conocida por todos la indiferencia de los funcionarios policiales ante los bloqueos de importantes vías de abastecimiento de alimentos y combustibles por parte de los camioneros en los paros de los últimos años. Incluso, en esas movilizaciones hasta se realizaron fiestas en carreteras durante la pandemia, en toque de queda y con mujeres bailando en ropa interior, como aquella llevada a cabo en septiembre de 2020. 

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Carabineros está lejos de ser una entidad en donde sus funcionarios, los encargados de plasmar los supuestos principios de la institución en la calle, lo hagan sin sesgos políticos, de raza, de clase y con respeto a los Derechos Humanos en su más amplia connotación. Junto con el modelo neoliberal, Carabineros es hoy uno de los resabios más sólidos de la dictadura cívico-militar de ultraderecha que azotó a Chile por 17 años. Son el brazo armado de un solo sector de la sociedad que, por lo mismo, no oculta, sino que celebra públicamente, su aprecio y respaldo al accionar de los policías a la hora de violar los Derechos Humanos. 

Acabar con este secuestro de una de las instituciones que ejercen el uso exclusivo de la fuerza -lo que aplica obviamente también a las Fuerzas Armadas todavía permeadas por el pinochetismo-, requiere como primer paso de cualquier gobierno que quiera generar un cambio profundo en ello, que se reconozca que dicha institución está hoy cooptada y adoctrinada desde las lógicas retrógradas y violentas de la ultraderecha. No hacerlo, subestimarlo o desmentirlo, es meter la cabeza en la tierra y caer en el mismo negacionismo que ha permitido que tras más de 30 años de acabada la dictadura, se continúe torturando, mutilando, encarcelando a personas bajo montajes y asesinando en nombre del orden y la patria.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

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