Opinión

Kast y el sionismo: Reorganización de las derechas, reorganización del capital

El sionismo se ha transformado en un referente central de las nuevas derechas globales y el gobierno de Kast está alineado con Israel en materias diplomáticas, políticas y estratégicas. Esto responde a la nueva disputa geopolítica por la inteligencia artificial, la seguridad y las inversiones tecnológicas.

El neofascismo es sionista. Independiente de las diferencias entre ellos, todos los neofascismos abrazan al sionismo. Israel se erige como “modelo” a seguir. ¿En qué se basa este singular “modelo”? En tres razones fundamentales: en primer lugar, por un asunto económico que tiene que ver con la potenciación de la industria de seguridad (armamentista) en las que la ciberseguridad, el contraterrorismo y las técnicas de control fronterizo funcionan como tres ramas decisivas de la industria; una industria “probada” en el laboratorio de los Territorios Ocupados palestinos; en segundo lugar, ideológicamente, Israel aparece como el “modelo” de la segregación eficaz y contención del “islam radical” que, según la paranoia que funda toda movilización en la cultura de derechas, tiene la pretensión de destruir los “valores occidentales” que, a su modo de ver son “sustanciales”; en tercer lugar, por un problema político: Israel asoma no como el Estado que se inscribe al interior de la Ley internacional sino que la transgrede desde el principio ejerciendo sus relaciones con los demás a partir de la fuerza; es el Estado de la fuerza, que, cada vez que la despliega, lo hace con total impunidad porque Israel, en una lectura hipertrófica de la tradicional noción de “pueblo elegido”, se erige como el lugar de la excepción soberana. Milei -que se caracteriza por ser tan burdo y literal, cita a Macabeos y define su posición como perteneciente a las “fuerzas del cielo”.

Las tres razones planteadas descansan en un asunto mucho más decisivo: el neofascismo requiere diferenciarse del fascismo histórico y, para eso, hace uso de Israel como un dispositivo capaz de dar vuelta el clivaje del antisemitismo que caracterizaba al fascismo histórico en un filosemitismo que caracteriza al nuevo fascismo. Esta inversión de los términos, se apoya en la noción “cultura judeo-cristiana” inventada después de la Segunda Guerra Mundial para legitimar el apoyo europeo y estadounidense al recientemente creado Estado sionista, permitiendo diferenciar al fascismo histórico del neofascismo de corte americanista-israelí.

De esta forma, Israel funciona en el imaginario neofascista como un dispositivo de purificación: dado que apoyamos a Israel no somos antisemitas y, como no lo somos, no podemos ser catalogados de fascistas. La purificación discursiva ha sido tal que el propio Milei ha dicho ser el presidente “más sionista del mundo”. De esta forma, Israel erigido en modelo ha permitido refundar al neofascismo para una nueva fase del capital en la que democracia liberal y capitalismo bifurcan completamente sus destinos.

Frecuentemente los análisis desde la izquierda enfatizan con preocupación el vínculo que este gobierno tiene con el pasado pinochetista e incluso con su renovada lectura del guzmanismo. Todo eso es cierto, pero absolutamente insuficiente. Lo que aún falta en la crítica es la relación que la nueva derecha ha establecido con el sionismo. De hecho, Kast no es la dictadura de Pinochet ni tampoco un simple ajuste del guzmanismo. Kast es toda esa tradición potenciada por el sionismo que no actúa como un agregado sino como la condición material, ideológica y geopolítica de la nueva derecha, las tres áreas que señalamos al principio que explican porqué Israel funciona en ella como un “modelo”, el nuevo Olimpo espartano al que el kastismo quiere pertenecer.

Decimos “espartano” porque Netanyahu definió al nuevo Israel como la Esparta del siglo XXI. ¿Qué fue Esparta sino la nación de la guerra, donde se crece, vive y muere para la guerra? Es precisamente el discurso sionista el que marca la diferencia de esta nueva fase de la derecha, una derecha espartana.  

Veamos algunos hechos: una respuesta diplomática débil sino inexistente frente a los cuatro chilenos que fueron secuestrados por Israel que iban en la Flotilla Global Sumud en 2026; restitución de la presencia armamentística israelí vía su autorización para participar en la FIDAE 2026 (el gobierno de Boric la había suspendido); presencia de Eitan Bloch, sionista, ex asesor del anterior embajador de Israel en Chile, como asesor de relaciones internacionales de La Moneda; retiro de Chile como “miembro pleno del Comité de Naciones Unidas por los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino”; en Panamá, reunión bilateral con Isaac Herzog, presidente (no primer ministro) del Estado de Israel; restitución del embajador de Chile en Israel con la representación  de Gabriel Zaliasnik (implicado en el caso Hermosilla), entre otras acciones[1].

Ninguna de estos hechos son aislados y, más bien, expresan una política muy clara orientada a posicionar a Chile en el nuevo escenario global alineado con el sionismo mundial en su dimensión económica, ideológica y geopolítica. Alinearlo con el sionismo significa integrarlo al “selecto” conglomerado Epstein, a esa perversa “oligarquía” de multimillonarios cuyas corporaciones tecnológicas expanden sus imperialismos por obtener nuevos recursos naturales para desarrollar Inteligencia Artificial con la ganancia no solo de capital sino de impunidad por los crímenes perpetrados. Se trata de pertenecer a las “fuerzas del cielo” y situarse en el lugar de la excepción soberana.

La secreta reunión de Peter Thiel con Kast habría que agregarla a la lista de acciones con las que el nuevo gobierno reorganiza su máquina mitológica, porque Thiel es un nombre que se inscribe al interior de esta nueva carrera armamentista global  de la IA que, como un nuevo foco de capital, busca afanosamente nuevas tierras para explotar. Porque la IA es, ante todo, un articulador entre economía y seguridad o, lo que es igual, el dispositivo que permite acelerar el capital sin el disfraz democrático, totalmente indistinguible de la guerra securitaria.

Esto es precisamente lo que está de fondo en el gobierno de Kast: articular economía y seguridad como dos rostros de una misma maquinaria. No se trata de los derechos humanos, civiles o sociales. Se trata de la producción incondicionada de capital en cuanto lo que está en juego aquí es una rearticulación global de las formas de acumulación que tiene dos líneas de acción: la economía (“crecimiento” en base al mentado “plan de reconstrucción Nacional” y los diversos recortes presupuestarios) y seguridad (registro de vándalos, incivilidades y la aplicación de todas las leyes policíacas heredadas del gobierno anterior).

El corazón de ambas líneas es el sionismo porque solo a partir de él, es posible acelerar el desarrollo de la IA: digitalizar la economía financiera y controlar, a su vez, a los individuos y las poblaciones.

De este modo, Kast es una máquina bifronte: vieja derecha (padre nazi) con nueva derecha (hijo sionista); viejo pinochetismo engarzado con el nuevo sionismo; el viejo Guzmán “ideólogo” con el nuevo Guzmán “moralista”; en suma, el antiguo dirigente de la UDI que ahora funda Republicanos. La derecha tiene plan de “modernización”, cuyo pivote es la IA. Las izquierdas no tienen ninguno, más allá de “defender la institucionalidad”. Por eso, la penetración del sionismo resulta crucial para Kast en la medida que éste logra a inscribir a Chile al interior de la carrera armamentista global que desatan las grandes corporaciones cibernéticas.

Solo de esta forma, Chile puede competir por las migajas con Argentina para dirimir acerca de qué país posibilitará mayores condiciones a las oligarquías tecnológicas mientras nuestros gobiernos locales hagan más millonarios a sus grupos económicos gracias a la dualidad de la única máquina que podrán aceitar: economía y seguridad, capital y policía, propiedad privada y control.


[1] Véase, Coordinadora por Palestina.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.

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Una respuesta a “Kast y el sionismo: Reorganización de las derechas, reorganización del capital”

  1. excelente , es la clave de todo, les sugiero consutar al profesor de la UNAM Cristian Nader, experto en el tema, o al menos ver sus intervenciones en el canal chamuco media

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