Junto a Jeannette Jara
Junto a Jeannette Jara | Foto: AGENCIA UNO
Estamos reunidas y reunidos aquí, hoy mismo, ahora, para manifestar nuestro apoyo a la candidata Jeanette Jara. Resulta imperativo relevar que sus características personales, sociales y políticas garantizan un gobierno democrático. Es precisamente la democracia en su sentido más específico lo que hoy mismo está en juego. Eso nos incumbe y nos afecta.
Los candidatos de la oposición están dispuestos a gobernar por decreto, a la manera del Presidente Trump. Ese resquicio nos conduce a una forma de posdemocracia, pues implica naturalizar decisiones sin debate, para instalar, en cambio, un reconocible autoritarismo. Desde la cultura estamos preparadas y preparados para advertir las argucias y los modos que adopta la censura ejercida por una hegemonía ultraconservadora que tan bien fue pensada por Gramsci. La llamada “batalla cultural”, un eje primordial en la agencia que emprende la extrema derecha, es sólo una regresión a un mundo rígido e inhabitable que intenta eliminar las ya históricas emancipaciones de las minorías.
La ultraderecha se refiere interesadamente a la “ideología de género” como un término desbordado con el fin de mantener intacta una amplia dominación masculina. Y en esta regresión habría que señalar que la mujer (imposible) que se busca construir no es nada más que la restauración como objeto de servicio y la eliminación de las mujeres como protagonistas sociales, críticas y pensantes.
Hoy nos reunimos entonces, desde la cultura, para enfatizar que Jeannette Jara es nuestra candidata. Pensar las diversas prácticas culturales implica internarse en la diversidad no sólo de disciplinas artísticas: literatura, música, artes visuales, teatro, danza, ópera, cine, artesanías y más, pero especialmente significa ingresar en campos regidos por poéticas y estéticas basadas en una creatividad que requiere de distintos mecanismos de representación.
Tengo que enfatizar que las disciplinas artísticas se articulan desde diálogos sociales, que requieren de las otras y de los otros para desplegarse. Porque son las comunidades específicas las que internalizan estas prácticas y las resignifican desde sus imaginarios. La cultura es comunitaria, se articula en los cinco sentidos, emociona, escucha, lee, baila.
Las personas que participamos en alguna de múltiples las producciones culturales, sabemos las dificultades económicas que enfrenta cada una de las áreas a las que nos dedicamos y que nos obligan a otros haceres para conseguir la sobrevivencia. Por lo tanto, seguir trabajando en las disciplinas implica que lo que nos moviliza es precisamente su carácter comunitario, acceder a comunicarse, pensar con otras y otros y para otros y otras.
Pero tengo que decirlo: el Ministerio de las Culturas, el Arte y el Patrimonio requiere de modificaciones, pues si bien ha generado considerables apoyos, también habría que señalar que las gestiones extremadamente burocratizadas necesitan de una intervención actualizada que combine permanentes actividades comunitarias y soportes más consistentes y masivos para la creación artística. Considero que a nuestro Ministerio, hay que dotarlo más, direccionarlo, actualizarlo, en suma, repensarlo para generar campos culturales más poderosos, intensos, diversos.
Hoy atravesamos una de las encrucijadas más radicales que hemos experimentado en la medida que asistimos a la paradoja de una oposición que aspira a la presidencia y no obstante admira la dictadura. Una oposición que se funda en el debilitamiento del Estado y promete grandes beneficios empresariales e inversionistas para fortalecer el mercado. Desde luego sabemos que existe una crisis de seguridad, vemos a adolescentes incursionando en la esfera del delito. Pero la solución no descansa sólo en medidas punitivas sino también en disminuir la desigualdad social que es apabullante, penosa y genera resentimiento.
La estructura de la ultraderecha pone a las humanidades y a las artes en riesgo. Quiero recodar aquí, con ustedes, un episodio: los diputados del Partido Republicano, Cristóbal Urruticoechea y Harry Jürgensen, solicitaron información detallada sobre los programas relacionados con feminismo y perspectiva de género en universidades estatales chilenas. Este requerimiento se realizó el 21 de octubre de 2021, cuando enviaron una solicitud formal a la Universidad de Chile. Esta petición buscaba conocer «todos los detalles sobre cursos y planes relacionados con feminismo y diversidad sexual”.
Hoy, en el año 2025, ya sabemos que esta intervención, entonces minoritaria, ha alcanzado consenso entre la ultraderecha impulsada por la fase autoritaria que hoy atraviesa a una parte del mundo, una fase que se autorizó a sí misma por los efectos del Covid y la migración que detonó misoginia y nacionalismos.
Las universidades públicas, los museos y galerías, las bibliotecas, están en peligro de ser controladas y censuradas. La derecha no apunta sólo a reprimir las subjetividades diversas, sino a generar una expansión aún mayor para la acumulación de riqueza, liberar los impuestos, disminuir hasta el paroxismo el Estado.
Lo vemos. Lo sabemos. Atendemos a cómo José Antonio Kast resguarda en el silencio su programa de lo que será su “batalla cultural”, vemos como vocifera su socio Kaiser, ambos jugando para gobernar, unidos en el alarido y el silencio.
Pero no será así. O no debería ser así. O no podría ser así. Las y los trabajadores de la cultura apoyamos a Jeannette Jara. Necesitamos libertad creativa, cuidar la diversidad de los cuerpos y las subjetividades, promover el tránsito prolongado y diverso de las estéticas, generar un lugar seguro para las siguientes generaciones. Queremos leer, cantar, sentarnos a pensar y, como siempre, resguardar el gran patrimonio de las prolongadas luchas emancipatorias.
Un abrazo cariñoso para cada una y cada uno.
Muchas gracias
Diamela Eltit
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



Deja una respuesta