Opinión

Jeannette Jara, la mezcla perfecta entre ideología y pragmatismo

La carrera presidencial en el oficialismo parece haber comenzado con mayor fuerza que en la oposición. Al menos teóricamente, hasta ahora, hay una primaria en la que competirán los precandidatos de esta especie de coalición no definida que nos gobierna hace ya más de tres años. Una prueba de ello es que Carolina Tohá salió hace un par de semanas de La Moneda en medio de un cambio de gabinete nutrido de gestos vistosos y medios forzados, para tratar de encabezar la candidatura de lo que se llama tendenciosamente “socialismo democrático”.

Por otro lado, el diputado del Frente Amplio, Gonzalo Winter, como buen militante, le puso cara a una alternativa electoral de su partido, debido a que el alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, no tiene ninguna intención de arriesgar su capital político en una experiencia fallida.

Pero eso no es todo. En la espera de ciertos medios para que el Partido Socialista decida irse con Tohá o sacar una candidatura propia, otra ministra salió del gabinete para encabezar una aventura presidencial. Se trata de la ahora ex titular del Ministerio del Trabajo, de Jeannette Jara.

A raíz de su modo risueño y su aspecto físico más bien robusto, se ha intentado relacionar a Jara con Michelle Bachelet, lo que habla de que hay periodistas o medios que no salen de ciertos arquetipos para definir escenarios o el futuro de ciertas figuras, por falta de imaginación o simplemente nulo trabajo de análisis. Y también denota cierta superficialidad al tratar de identificar tipos de liderazgos.

Si bien cierto que la ahora exministra tiene algo de los jocosos arranques de Bachelet que, a comienzos del 2000, parecían una cosa rara, sobre todo cuando todos querían ser Ricardo Lagos, además- y que es lo interesante a nivel político- habría que destacar que posee un componente bastante interesante si es que del futuro de la izquierda se trata: estuvo en el centro del debate contingente los últimos meses y, a diferencia de muchos quienes militan en su partido, entendió que el pragmatismo y la ideología no son adversarios.

Jara no es sólo atractiva por su historia de vida y por pertenecer a un estrato popular bajo, lo que ciertamente es llamativo para poner en el centro un antagonismo de clases que parece extraviado para algunos en el discurso progresista, sino también porque le da cierta frescura ejecutiva al partido que la lleva como nombre para encabezar un proyecto país y sobre todo a su partido.

Esto sucede porque, si bien la rigurosidad metódica leninista del PC se ve encarnada en figuras como Lautaro Carmona y sus definiciones procedimentales para desplegar la candidatura, como si no existiese más que una estructura a la que el resto de suma como una parte más del engranaje, Jeannette viene saliendo de La Moneda, lugar donde todos los grandes sueños se derrumban al son de lo concreto, y cualquier tipo de diseño pensando en favor de un relato escatológico se desdibuja en minutos.

Ha sido protagonista de la política en los últimos años por los proyectos que ha debido llevar a cabo, algunos con resultados muy diferentes de los que tal vez pensó antes de ejercer el cargo de ministra, y eso, a diferencia de lo que puede creer un militante acérrimo, la hace más capacitada para enfrentar escenarios adversos, cuestión que otros personajes de la colectividad, como por ejemplo Daniel Jadue, no podrían hacer.

Por esto es interesante que el Partido Comunista en particular haya apostado por ella en vez de otro rostro que diera más placeres identitarios como Jadue. Al referirme negativamente a los placeres identitarios, no hablo ideología, que son dos cosas diferentes. La ideología es siempre necesaria para dejar en claro que hay antagonismos sociales y políticos que están ahí, presentes, aunque muchas veces difuminados. Lo desafiante es que ésta sepa tener un lugar que no entorpezca las acciones, sino que, a la larga, las fortalezca.

Esperemos que Jeannette que logre afianzar aquello que parecen sus virtudes, sin dejarse atrapar por el aroma heroico de los que lo dicen todo para no hacer nada. Y que su experiencia, buena o mala en el gobierno, prevalezca, sin dejar, claro está, de recordar y recordarse que es una mujer de izquierda y que desde ahí habla, sin que eso impida que pueda hablarle a más gente que a su partido, si es que no quiere ser sólo parte de una aventura testimonial.

Lo más probable es que no gane las primarias. Pero eso no puede evitar que insistamos en apreciar que su partido la haya elegido a ella, porque es, explícita o implícitamente, una decisión política más allá de una simple candidatura. Es optar otro tono. Algo que a esa colectividad le hace mucha falta.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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