Jacques Perrin: Adiós al último divo de Cinecittà
Perrin, de origen francés y heredero de una familia ligada a la producción teatral, hizo profesión por siete décadas, participando en filmes y proyectos icónicos para el cine existencialista de Francia e Italia; así como también de la cinematografía de la memoria y de la denuncia contra las dictaduras y los conflictos políticos en Argelia, Grecia, Polonia, la Ex Yugoslavia, Chile, Argentina y Uruguay. Entre sus películas más afamadas están Z y Estado de Sitio con Costa Gavras; La chica de la valija y El Desierto de los Tártaros con Valerio Zurlini; Piel de Asno y las Señoritas de Rochefort con Jacques Demy; Los coristas de Jacques Barretier; y, Remi: una aventura extraordinaria de Antoine Bloisse.
Salvatore di Vita viste ‘alla moda di Milano’, entra en Cinecittà y elige una de las salas de exhibición para ver una cinta que ha esperado por él más de dos décadas. Es un hombre melancólico y solitario; lo propio de ese poder que la política y la cultura aún proveían en la Italia de los años 80. Un director de cine, productor y guionista de renombre internacional que está en la cúspide de su carrera. Sin embargo, su indiferencia se desvanece cuando comienza a ver el breve filme. Su rostro se ilumina y conmueve a quienes le observamos: su mirada y gestos vuelven a ser los de Totó.
Es nuevamente ese niño de 8 años con una inmensa capacidad de sorpresa y felicidad que llora mientras las imágenes se suceden frente a la pantalla. Alfredo, el humilde proyectista del cine de Giancaldo, —su pueblo (ficticio) en Sicilia que ya no resiste contra las redes de la mafia ni a la explosión inmobiliaria—, ha muerto. Y, la única herencia que ha dejado su mentor y amigo de infancia ha sido esta: un montaje de escenas de los filmes más románticos que han pasado por el Nuovo Cinema Paradiso, la cuna de su talento y que da nombre a la más elogiada película de Giuseppe Tornatore.
Esa es la secuencia final de la ganadora del premio Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa de 1989: un homenaje al cine que enamora al cine. Allí estaban reunidos los besos de las estrellas que —en la ficción— habían sido censurados por el sacerdote de la comuna entre las décadas del 30 al 50. Trozos de celuloide atesorados hasta su aparición triunfal y que el buen Totó —ahora devenido en il Cavaliere di Vita— reconocía a la perfección. Escenas en blanco y negro que mostraban en poco más de dos minutos los títulos de los grandes directores de Europa y Hollywood, tanto del cine mudo como de la posguerra. Aparecían —entre varias— divas como Greta Garbo, Silvana Magnano, Ingrid Bergman, Anna Magnani, Dolores del Río, Hedy Lamarr, Vivien Leigh o María Schell; y ellas besaban a los ‘latin lovers‘ del gran écran, como Vittorio Gassman, el maestro de Sica, Amedeo Nazzari, Frank Vallone, (il bel’)Marcello Mastroianni, Errol Flyn, Jean Gabin, Gary Cooper, Laurence Oliver, Clark Gable, el comediante Totò y, por supuesto, el divino y magnánimo Rodolfo Valentino. No había diálogos. Solo se escuchaba el ‘love theme’ de la banda sonora, la única canción compuesta por Andrea Morricone (hijo de Ennio) y que se ha popularizado en decenas de otras obras audiovisuales.

Mas, ese visionado de grandes actores, sumada a la dirección de Giuseppe Tornatore, no podrían estremecernos si no fuera por la humanidad de Jacques Perrin y su refinada nostalgia al interpretar al protagonista en su edad adulta. Personaje que ha marcado la carrera del último divo de Cinecittà y cuya muerte a los 80 años de edad, este jueves 21 de abril, se ha transformado en noticia global. De este modo, el que fuera el mayor instituto de producción cinematográfica de Italia —fundado en 1937 bajo el gobierno de Mussolini y reconvertida en parque temático a partir del 2017—, ha perdido al único cineasta e intérprete de su época dorada que aún creaba.
Perrin, de origen francés y heredero de una familia ligada a la producción teatral, hizo profesión por siete décadas, participando en filmes y proyectos icónicos para el cine existencialista de Francia e Italia; así como también de la cinematografía de la memoria y de la denuncia contra las dictaduras y los conflictos políticos en Argelia, Grecia, Polonia, la Ex Yugoslavia, Chile, Argentina y Uruguay. Entre sus películas más afamadas están Z y Estado de Sitio con Costa Gavras; La chica de la valija y El Desierto de los Tártaros con Valerio Zurlini; Piel de Asno y las Señoritas de Rochefort con Jacques Demy; Los coristas de Jacques Barretier; y, Remi: una aventura extraordinaria de Antoine Bloisse. Esta última, se constituyó en un homenaje simbólico a su carrera, pues era posible ver material y decorados de todas las portadas de revistas y afiches de películas y obras teatrales del actor en la vida real.
Por mi parte, cuando lo vi por primera vez en la navidad de 1989, supe que Salvatore di Vita siempre me acompañaría en todas sus edades —pues yo también tenía 8 años en un mundo marcado por el clasismo y la pobreza rural—; pero especialmente me hablaría en italiano y con el rostro de Jacques Perrin gracias a esa escena final. Con el paso de los años, logré identificar a cada uno de los protagonistas de esos besos y sus películas, agregándose el resto de la filmografía en que la voz parsimoniosa del galo estaba presente.
Y, así, lo que podría haber sido ‘Cinema Paradiso, mon amour’, hoy es adiós a Jacques André Simonet.
Adiós al último divo de Cinecittà.
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