Viernes, Junio 14, 2024

Iván Poduje y el otro octubrismo

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Iván Poduje, urbanista y figura por algún tiempo de ciertos medios de comunicación, donde colaboraba con su mirada de la ciudad, hoy es candidato a alcalde por Viña del Mar, bajo la lista de Chile Vamos. 

Como mucha gente desde el 18 de octubre, Poduje ha dejado su rol técnico para convertirse en un actor político, ya sea en redes sociales como en programas gritones que tratan de apropiarse del “ruido ambiente”. Su transformación de ser alguien que repetía el reiterado dogma de los “acuerdos” noventeros a convertirse en parte de la consigna “antioctubrista”, no es algo personal, sino propio de una generación que ha defendido los llamados “30 años” desde una radicalidad discursiva que no se diferencia mucho de lo que se dice combatir. 

Poduje, al igual que Gabriel Alemparte- un personaje que dice haber hecho por la democracia cosas que ni él sabía- y tantos otros, ha salido a defender cierto ethos posdictatorial, primero desde la retórica de los “consensos” (en la que estaría de acuerdo, si es que en los 90 se hubiera acordado algo realmente), para luego entrar en la pelea de manera violenta, agresiva y hasta divertida.

Sí, porque es divertido que haya quienes pasaron desde la defensa del orden institucional a irse en contra de cualquier acuerdo mínimo de convivencia democrática. Iván, sin ir más lejos, en una entrevista en CNN Chile, relativizó los tratados internacionales en materia de Derechos Humanos por interferir en las políticas internas del país, y se dijo proclive a restaurar la pena de muerte en caso de gente que mate “carabineros y niños”. 

¿Qué pasó con la defensa del estado de Derecho y el debido proceso? Parece no importar. Pareciera que hoy la moderación ya no es una carta interesante para jugar, o a lo mejor nunca lo fue, ya que era un dogma aplicado a algunos momentos de la historia, según ciertos parámetros sobre lo que era o no acordar y ser o no moderado (¿no es es eso la ideología de la “unidad”?).

¿A qué se deberá esto? Tal vez tiene que ver, de nuevo, con que el estallido social fue una crisis más profunda de lo que dimensionamos aún. Y es que por más que algunos interesados hayan definido lo que allí ocurrió y el desate de emociones solamente desde un lado, lo cierto es que la emocionalidad no permeó únicamente a lo que se ha insistido en llamar “octubrismo”, sino también a quienes se dijeron sus más férreos opositores, como si fueran la cordura democrática personificada.

¿Qué quiero decir? Que los dichos altisonantes no son patrimonio de los exponentes de un sector o que decían levantar algunas ideas. Lo ha sido también de quienes no entendieron octubre e intentaron encontrar explicaciones en planes malvados e ideológicos externos, como si no haya sido el resultado de la ideología imperante; los que estaban tan complacidos con cierto relato, que no comprendían qué era lo que se incubaba, y que, en vez de tratar de explicárselo, prefirieron suplir cualquier mínimo raciocinio al respecto por un discurso, una pancarta mental que reducía todas las complejidades a un panfleto que, con los días, se fue convirtiendo en una militancia política y hoy tiene como candidato al personaje en cuestión.

¿Podrá Iván mostrar su experiencia en el urbanismo o simplemente se verá atrapado por esa su nueva militancia política? Todo parece indicar que su apuesta es hacer lo segundo y lucirse como el gran exponente de algo que cierta prensa parece obviar, que es lo que sigue latente ahí, luego de los procesos constitucionales y los errores y extravíos políticos de cierta izquierda (o que se dice que izquierda), y es otra expresión del (mal) llamado “octubrismo”. 

Porque, aunque les duela, según las interpretaciones y reinterpretaciones de ese término (es increíble, pero todos los días sale una nueva), sus formas calzan perfectamente: son rabiosos, repiten ciertos lugares comunes como si fueran la Biblia y la complejidad les fue arrancada del cerebro para así ser reemplazada por un constante enojo que, si miraran su vida y cómo esta los ha tratado, no tendrían por qué tener. 

¿Son lo mismo que los republicanos? No. Porque estos últimos jamás se ofrecieron como garantes de la sensatez.

Francisco Méndez
Francisco Méndez
Analista Político.

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