Irina Karamanos no tiene idea en qué consiste el poder
Irina parece orgullosa de haber usado el poder para, finalmente, no usarlo. En sus palabras se lee la satisfacción de haber desintegrado el rol de la Primera Dama, como si eso significara una gran transformación cultural y política, cuando, si es que somos rigurosos, todas las decisiones tomadas por ella pueden ser modificadas por otro gobierno conservador que desee volver a darle atribuciones al rol que asumió.
Foto: Agencia Uno
La ex Primera Dama del gobierno en curso, Irina Karamanos, volvió a dar una entrevista en la que cuenta su experiencia en La Moneda. En esta ocasión, fue la revista Vein la que acogió sus palabras, las que fueron acompañadas de un set de fotografías semi artísticas, terminando de coronarla como un nuevo personaje de nuestra nutrida fauna política.
En el texto, Karamanos profundiza sobre lo vivido en la casa de gobierno. Como suele pasar desde que comenzó a aparecer en los medios, la expareja del Presidente de la República habló de su misión política al, según ella, “desarmar” la institución que le tocó presidir durante el primer año de esta administración.
Irina parece orgullosa de haber usado el poder para, finalmente, no usarlo. En sus palabras se lee la satisfacción de haber desintegrado el rol de la Primera Dama, como si eso significara una gran transformación cultural y política, cuando, si es que somos rigurosos, todas las decisiones tomadas por ella pueden ser modificadas por otro gobierno conservador que desee volver a darle atribuciones al rol que asumió.
¿No es esta la muestra más clara de quizás el gran problema que tienen los que conforman la generación que nos gobierna con el poder? ¿No es acaso evidente que, al verlo con desprecio, no lo usan para hacer transformaciones, sino más bien para volverlo estéril e inservible? Sí. El poder para todos quienes lo combatieron desde la impugnación, no parece un instrumento de cambio, sino más bien un enemigo al que hay que desarticular para quedar conformes con sus conciencias antes que cualquier cosa.
Me podrán decir que el caso de Giorgio Jackson es diferente. Que si alguien sabe del tema es él. Pero tengo mis serias dudas. Si bien creó y articuló un movimiento que hoy está al mando del país, lo cierto es que siempre lo hizo con tal desdén, que no pudo entender cómo el poder funciona de manera concreta. No fue capaz de hacer algo más con él una vez que lo tuvo en sus manos. No lo visualizó más allá de los pasillos y las conversaciones para derrotar a los adversarios inmediatos, razón por la que hoy sólo es un exministro que salió del gobierno tras una experiencia fallida.
Pero volvamos a Irina. Ella es quizás la demostración empírica de que, salvo honrosas excepciones-como por ejemplo el Presidente-, quienes quisieron cambiar las reglas de lo que imperaba en Chile no tenían claro en qué consistía realizar cambios materiales específicos en la vida de la gente.
El simbolismo que repleta malos textos que teorizan sobre un pueblo imaginario, con virtudes imaginarias, como si caminara en un terreno teleológico, en el que hay un destino final que será alcanzado, tarde o temprano, los ha llevado a suponer que la realidad es una escenificación de discursos que, por arte de magia, los llevará a ese destino, a ese paraíso eterno en el que los conflictos y las controversias sean un mal recuerdo.
He ahí el gran error intelectual del que hoy muchos están aprendiendo al ejecutar políticas públicas. Mientras la nueva cara del feminismo nacional se pasea por revistas estilosas, hablando de lo humano y lo divino, el Frente Amplio está conviviendo con el verdadero ejercicio del poder, ese que consiste en enfrentarlo y dominarlo hasta lograr hacer algo concreto con él. Nunca hacerlo desaparecer. No ha sido fácil. El caso Fundaciones es una prueba de ello.
El poder no debe tomarse para deshacerlo. Al contrario, hay que hacerse de él y luego hacer transformaciones reales en la vida de la gente. Sin eso, lo cierto es que este instrumento seguirá siendo una bella teoría en la boca de quienes, como Irina, nunca supieron en qué consiste.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



Deja una respuesta