Hablar de los cuerpos ajenos también es violencia simbólica
No es casual que en nuestro estudio se evidencie que las mujeres pasamos en promedio 3,5 horas al día pensando en el cuerpo, ni que el 49% tenga pensamientos disruptivos respecto del cuerpo la mayor parte del tiempo, pues el bombardeo de imágenes e ideas respecto del cuerpo ideal es inconmensurable.
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Pasados ya los 30 grados de calor lo que más queremos es quitarnos la ropa y, ojalá, meternos bajo el agua. Suena simple, ¿no? Mas no siempre lo es y puede que algunas personas no lo hagan a pesar de desearlo. Según el último estudio que realizamos en La Rebelión del Cuerpo, el 83% de las personas encuestadas ha dejado de realizar actividades o ha evitado lugares por cómo se siente con su cuerpo y el 82% siente inseguridad o vergüenza al usar traje de baño o bikini en público, sensación que empieza, en promedio, a los 13,7 años de edad.
Tras la identificación de un generalizado malestar en torno al propio cuerpo, sobre todo por parte de las mujeres, en La Rebelión del Cuerpo nos propusimos estudiar el fenómeno y explicar sus causas. Con cinco años en esa misión nos hemos dado cuenta de que el origen de cómo pensamos el cuerpo es la violencia simbólica, y que esta no solo nos hace avergonzarnos o insegurizarnos por cómo es nuestro cuerpo, sino que se trata de la base de todas las violencias de género.
La violencia simbólica es la transmisión de mensajes que suponen e imponen una relación de poder en la sociedad, en que hay grupos o personas dominantes y otras subyugadas o sometidas. Se trata de mensajes discriminatorios, prejuiciosos y que producen estereotipos y roles de género que se masifican e interiorizan a tal nivel que luego se entienden, adoptan y reproducen como normales. Se imponen de manera sutil, disimulada y cautelosa, difundiéndose por medio de las instituciones, el Estado, espacios educativos, la familia y los medios de comunicación.
Una de las tantas expresiones de la violencia simbólica se encuentra en la glorificación de los cuerpos hegemónicos: blancos, altos, delgados y jóvenes; lo que construye un estereotipo de belleza para las mujeres, como una meta muchas veces inalcanzable. Empieza a acercarse el verano y aparece la publicidad que intenta vendernos algún servicio o producto que se supone puede acercarnos al estereotipo, como cirugías, cremas, tratamientos, programas de ejercicio o de alimentación. El mensaje es que debemos prepararnos para el verano y el traje de baño, consiguiendo un “cuerpo de verano”, como si solo algunos cuerpos fuesen dignos de esta época del año.
No es casual que en nuestro estudio se evidencie que las mujeres pasamos en promedio 3,5 horas al día pensando en el cuerpo, ni que el 49% tenga pensamientos disruptivos respecto del cuerpo la mayor parte del tiempo, pues el bombardeo de imágenes e ideas respecto del cuerpo ideal es inconmensurable. Mucho menos que el 74% de las mujeres imaginó modificar partes de su cuerpo durante la semana que respondieron la encuesta o que el 23% lo pensó todos los días de esa semana, pues el mundo entero está empeñado en que esto sea así, manteniéndonos disconformes, avergonzadas, insegurizadas y muy probablemente gastando mucho dinero (en relación a la economía de cada persona o grupo) en intentar ser más como el estereotipo y tener un aclamado “cuerpo de verano”. Esto, sin siquiera tener en consideración que el estereotipo es dinámico, provocando así que cada vez que una mujer sienta que está acercándose a él, la publicidad le indique que hay algo nuevo que modificar.
Todo lo anterior sostiene una forma específica de violencia simbólica: la gordofobia. Es decir, la discriminación contra las personas que se perciben como gordas, con sobrepeso u obesidad. Son comentarios o acciones despectivas dirigidas a las personas por su peso, así como actitudes y políticas sociales que estigmatizan la gordura. A menudo se basa en la creencia de que tener sobrepeso es intrínsecamente poco saludable o indeseable, y puede conducir al maltrato y prejuicio. Al estar normalizada, cualquiera puede reproducirla y una expresión común se da cuando se habla de los cuerpos ajenos. Todo esto tiene efectos: el 65% declaró sentir que su cuerpo es excesivamente gordo y el 77% ha sentido que debería hacer dieta porque su cuerpo no está lo suficientemente tonificado.
Si queremos erradicar la violencia de género debemos prestar atención a todos los discursos y mensajes que la sostienen. Desde La Rebelión del Cuerpo invitamos a vivir un verano consciente en que todos los cuerpos puedan expresarse libres y sin vergüenza, para lo que es fundamental partir por comprender que hablar de los cuerpos ajenos también es violencia simbólica.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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