Opinión

Gracias, Francisco, por humanizar el papado

No fueron pocos los que no pudieron evitar asombrarse ante la noticia de la muerte de Francisco, un Papa que vi pasar, como tantos otros, delante de mí en la Alameda, en el Parque O’Higgins y en el Santuario Nacional de Maipú.

En esos años, yo era estudiante de periodismo en la Universidad Católica y, con mucho entusiasmo, me inscribí como voluntario para ser acreditado en la Comisión Nacional de la Visita del Papa Francisco a Chile, en 2018.

El ambiente en ese entonces estaba tenso. Las noticias se llenaban de denuncias por abusos sexuales cometidos por sacerdotes, mientras que varias parroquias del país sufrían ataques incendiarios.

En medio de ese clima, estábamos también nosotros, los católicos, que esperábamos que esa visita trajera algo de la paz que proclamaba su lema y que sonaba en el himno oficial, interpretado por Américo: Mi paz les doy.

Quienes siguieron la visita por televisión, por radio o por internet se perdieron de esa espera larga para ver al papamóvil cruzar a toda velocidad la Alameda; de la noche en que muchos resistieron el invierno en pleno verano en el Parque O’Higgins; o del sofocante calor que nos acompañó en Maipú.

Pero también se perdieron de algo más valioso: las conversaciones con otros católicos que, como uno, estaban ahí esperando al Papa. Personas con enfermedades, dolores, alegrías, frío, sueño o calor, pero todas dispuestas a compartir un espacio o una conversación, aunque fuera solo para pedir un lugarcito desde donde ver pasar al Santo Padre.

Por otro lado, quienes estuvieron en la calle, en Santiago, Temuco o Iquique, se perdieron de escuchar en vivo sus polémicas declaraciones de apoyo al obispo Barros, acusado de encubrir los abusos sexuales cometidos por Fernando Karadima.

En esa misma visita, el Papa expresó su “dolor y vergüenza” por el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia, pidió perdón y llamó a apoyar a las víctimas. Sin embargo, también pronunció una frase que causó indignación:

Es calumnia. El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar.

El tiempo lo obligó a rectificar. No solo pidió perdón públicamente, sino que solicitó la renuncia de todos los obispos de la Conferencia Episcopal chilena y envió a monseñor Charles Scicluna a investigar los abusos.

La visita fue tan polémica como muchos otros momentos de su pontificado.

En sus 12 años como Papa, Francisco marcó el mundo con gestos de apertura hacia la comunidad LGBT —su ya célebre ¿Quién soy yo para juzgar?—; impulsó la inclusión de mujeres en puestos de liderazgo en el Vaticano, como el reciente nombramiento de la hermana Raffaella Petrini como Vicaria General del Gobernatorato; y abogó incansablemente por la paz en conflictos como la guerra en Gaza y la invasión de Ucrania.

Hoy, dan ganas de decir: Gracias por caminar entre nosotros.

Pero aún más, nacen las palabras: Gracias, Francisco, por humanizar el papado, por volver la mirada hacia los pobres y hacia el cuidado del medioambiente, por ser un papa villero, latinoamericano, profundamente jesuita y, sobre todo, inconfundiblemente argentino.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Favian Pravia
Periodista

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