Opinión

Gobernar para transformar

La alianza entre el FA y el PC es la alianza entre un actor que proviene de las luchas contra el neoliberalismo y otro que siendo un partido tradicional destaca por su histórico compromiso con las demandas del pueblo de Chile.


El Frente Amplio y el Partido Comunista repetirán la fórmula de disputar conjuntamente, en una sola lista, las elecciones parlamentarias. Además, nuestra alianza tendrá como candidato presidencial a Gabriel Boric.

En este nuevo Chile que se está gestando, la izquierda tiene un lugar. Esa izquierda que durante la transición estuvo excluida de los principales espacios de decisión -el Congreso y el Ejecutivo-, puede llegar a ser gobierno y a tener una importante bancada parlamentaria que respalde el proyecto. Esta posibilidad, hoy cierta, nos obliga a encarar la siguiente pregunta: ¿Qué tipo de gobierno construiremos? Nuestro gobierno, ¿será el último de la transición y de la cultura concertacionista o será un gobierno alineado con el nuevo ciclo político abierto por los actores sociales movilizados?

La alianza entre el FA y el PC es la alianza entre un actor que proviene de las luchas contra el neoliberalismo y otro que siendo un partido tradicional destaca por su histórico compromiso con las demandas del pueblo de Chile. Es evidente que esta es una alianza forjada al calor de las  movilizaciones de las últimas décadas y que tiene en común con los movimientos sociales y las nuevas referencias en proceso de construcción, como la Lista del Pueblo, la proveniencia de la lucha callejera.

Esa pertenencia nos compromete a construir un gobierno para la transformación y no para la administración. Un gobierno y un proyecto que articule una salida a estas casi cinco décadas de neoliberalismo extremo. Solo si el próximo gobierno es de transformación podrá enfrentar los problemas del presente: derechos sociales y cuidados, matriz productiva, emergencia climática, plurinacionalidad y justicia para las primeras naciones. Estos grandes dilemas no pueden enfrentarse desde la racionalidad tecnocrática que primó en el proyecto concertacionista, porque dicha fórmula no sólo no les dio solución sino que en muchos casos provocó efectos contrarios a los anhelados. La falta de claridad e imaginación política pueden transformarse en administración; la inercia y el vacío, pueden incluso profundizar este modelo.

Algo así requiere de un importante cambio de timón, porque ninguna transformación será fácil ni podrá alcanzarse únicamente con iniciativa institucional. El protagonismo popular y la ampliación de la política a vastos sectores sociales son elementos absolutamente necesarios. Lo contrario, la exclusión y la tecnocracia, solo nos aleja de nuestros objetivos. En tal sentido, las fuerzas de cambio no podemos sino apoyar las nuevas expresiones de emergencia popular. La rivalidad estética, la mofa o cualquiera de esas desviaciones no hacen más que contribuir al cierre elitario de la política. Nuestros esfuerzos, en cambio, deben apuntar en otra dirección: politizar lo social y socializar lo político. Un proceso de apertura constante de la política institucional.

Nuestra fortaleza, en definitiva, estará dada en la medida en que colaboremos decididamente a que el “octubrismo” tenga una expresión política con la cual dialogar; y nuestro deber, como actores provenientes de la luchas sociales, es contribuir a que la potencia popular expresada en la revuelta de octubre sea la protagonista del nuevo ciclo político.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Claudia Mix y Camila Rojas
Claudia Mix Jiménez, Diputada y Camila Rojas Valderrama, Diputada y secretaria general Partido Comunes.

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