Gira internacional de Boric: la oportunidad para mostrar una nueva izquierda y recuperar lo que Piñera destruyó

El Presidente Gabriel Boric no llama la atención únicamente por su juventud y por su compromiso con las nuevas causas que el posmodernismo ha puesto sobre la mesa. También destaca porque supone una nueva forma de progresismo que combina las certezas de derechos sociales y materiales, con el ciudadano construido durante estas últimas décadas, entendiendo que el mercado debe cumplir un rol importante, pero no poniéndolo en el centro de toda acción, como lo hizo la Concertación, ni renegando de él, como se espera que se haga.
Foto: Agencia Uno

La gira de Gabriel Boric a América del Norte es importante no solo por los lazos que pueda establecer o consolidar con Estados Unidos o Canadá; también lo es porque es la primera salida en la que diversos medios del mundo pondrán su mirada sobre él y sobre el proceso político que encarna en el país. Si bien es cierto que en nuestras tierras aún vivimos una crisis con varias y diversas complejidades -y que el Gobierno ha debido enfrentarlas con no mucha suerte y con un aprendizaje que debería ser menos evidente en ciertos aspectos-, la figura del Presidente Boric despierta expectativas e interrogantes sobre la nueva izquierda que representa o debería representar.

El mandatario no llama la atención únicamente por su juventud y por su compromiso con las nuevas causas que el posmodernismo ha puesto sobre la mesa. También destaca porque supone una nueva forma de progresismo que combina las certezas de derechos sociales y materiales, con el ciudadano construido durante estas últimas décadas, entendiendo que el mercado debe cumplir un rol importante, pero no poniéndolo en el centro de toda acción, como lo hizo la Concertación, ni renegando de él, como se espera que se haga.

Boric debería representar la continuidad y el cambio. No la continuidad del sistema económico -es decir, la privatización de todo lo que cruza la vida del ciudadano/cliente-, pero comprender que el habitante nacional se mueve bajo nuevos estímulos debido a los resultados de las mismas condiciones materiales que fueron creadas por los llamados “30 años”. Es decir: comenzar un proceso en el que se pueda contrapesar mediante lo público las falencias de la crudeza de la extremada desregulación neoliberal, sin menospreciar al sujeto construido, sino crearle nuevas condiciones. Reconociendo el trayecto vital de un país en materia internacional, pero poniendo énfasis que en nuestra región se necesita transitar una nueva socialdemocracia, una que sea capaz de combinar las luchas del presente con las garantías democráticas republicanas simbólicas y, sobre todo, incluyendo nuevas de carácter material.

Todo esto ojalá con prudencia y responsabilidad, alejándose de los gustitos personales que su antecesor, en sus dos mandatos, se dio no solo mancillando la dignidad del cargo presidencial en sus visitas a Estados Unidos -basta recordar cuando Sebastián Piñera corrió a sentarse al sillón de Barack Obama en la Oficina Oval, dejando en estado de estupefacción al entonces jefe de Estado norteamericano, como también la ocasión en que se reunió con Donald Trump y mostró una foto en la que la bandera chilena formaba una parte de la del “gigante del norte”-, sino además interviniendo en conflictos ajenos y aumentando una crisis migratoria.

No es tan difícil, digámoslo. Solo basta con entender que se está a cargo de un Estado y no de un trampolín internacional. Y eso conlleva conocer la dimensión del cargo que se está ejerciendo, con sus complejidades y sus ventajas; pero no usar estas últimas en exceso.

Es una oportunidad importante para sacar a relucir la tradición democrática de la izquierda chilena. Aquella que, salvo excepciones, entendió que las libertades “burguesas” de las que habla el viejo marxismo son esenciales para garantizar el anhelo de cierta igualdad de certezas materiales; entiéndase acceso a la salud y a la educación.

¿Esto soluciona el problema de la seguridad, de la inmediatez de lo que sucede en el ahora con todos los conflictos que se han agravado en territorio patrio? Claro que no. Pero sirve para complementar una hoja de ruta sobre cuáles deberían ser las prioridades del progresismo del futuro o el que está en construcción.

Y no solo eso. También sirve para poder recuperar en todas sus facetas -externas e internas- la idea de la autoridad política. Aquella que fue destruida por Piñera y la derecha al no querer reconocer que la vieja lógica bajo la que se sustentaba su mandato y el régimen institucional, ya no funcionaba. Ya no tenía poder.

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