Opinión

George Harris ¿un show no politico?

¿Cuál habrá sido la idea detrás de traer al comediante venezolano George Harris a Viña del Mar?

¿Cuál habrá sido la idea detrás de traer al comediante venezolano George Harris a Viña del Mar? ¿Su éxito llenando varios Movistar Arena, lo atractivo que resulta al público venezolano y generar por tanto una proyección en Chile? ¿O simplemente generar un momento televisivo a expensas del contexto social que se vive en Chile?

Si se trató de hacer lo primero, lo cierto es que fallaron. Pero si intentaron hacer lo segundo, que es en lo que este tipo de programas a veces hacen, la verdad es que lo lograron, fueron capaces de aprovecharse del ambiente social y político que vive Chile y la región para sacar réditos en rating.

En materia de espectáculo televisivo el Festival de Viña comenzó no sólo con alta sintonía, sino también agudizando el conflicto nacional con relación a los micro nacionalismos que se encuentran en disputa cuando un país no es capaz de procesar inteligentemente una situación migratoria y sus lógicas repercusiones culturales.

George Harris no era solamente un comediante que venía a contar chistes. Debido a lo que sucede en Venezuela y el “vecindario”, para algunos, Harris era un representante de la oposición al régimen de Maduro y quien, además, había hecho comentarios sobre expresidentes chilenos y el mandatario en ejercicio (cuestión perfectamente normal, debido a que el humor es una instancia, un lugar imaginario en el que se rompen ciertas normativas de buena crianza social). Por lo tanto, tenía un componente político importante que nadie podría soslayar.  

Era naturalmente un personaje polémico del que no se podría esperar más que una participación polémica.

Dudo que eso no haya estado en las antenas bien aceitadas de ciertos organizadores. Incluso creo que es un atentado a la inteligencia decir que nada de esto estuvo en la mirada de la productora y el canal que este año hacen las veces de dueños del certamen, salvo, claro, que estas personas hayan estado viviendo en otro país y en otro continente los últimos años.

Por más que se siga recurriendo a los veinte años de trayectoria del comediante y los recintos que ha llenado en el país, lo cierto es que su atractivo para quienes viven fuera de Venezuela es, tal vez a pesar de ellos mismos, un asunto estrictamente contingente. Sus dichos, sus declaraciones contra todo lo que ellos consideran cercano o parecido al régimen que los tiene viviendo fuera de su patria, los hace sentir seguros, dueños de un relato común.

Esto es más evidente cuando vemos su rutina. Si bien puede tener ciertos chistes que por un asunto cultural nosotros no entendemos, también es verdad que estos no son desopilantes ni dignos de admiración por su genialidad. Son más bien afirmaciones y sentencias que pueden resultar divertidas para quienes andan buscando algo propio, en días en que la situación política los ha dispersado y separado entre sí. Pero nada más.

Me parece imposible que las consecuencias del show de Harris no se hayan previsto. Me parecería de una pelotudez inmensa no haberlo hecho. Tal vez, si es que nos ponemos buenas personas, podríamos decir que se buscó una “unidad chileno-venezolana” por medio de este personaje. Pero siquiera insinuarlo ya sería vergonzoso.

Los programas televisivos como este no buscan ningún tipo de unidad, principalmente porque esta no vende. Este acontecimiento cultural llamado Festival de Viña necesita nutrirse de conflictos, de personajes que sean comida para “El Monstruo”. Y, en esta ocasión, hay que decirlo, esto se escapó de las manos porque profundiza algo que ya amenaza nuestra convivencia diaria.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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