Gala del Pueblo: siúticos versus desfachatados
Eso quiso hacer Naya: participar de algo para ser parte de ese algo, no para querer cambiar ni demostrar nada.
Como siempre sucede, el Festival de Viña del Mar trae consigo y a su alrededor un sinfín de conflictos, dimes y diretes e interpretaciones y reinterpretaciones de la realidad que lo convierten en tal vez un acontecimiento en el que todo lo que gira en torno a él es más interesante que el espectáculo mismo.
En esta ocasión, algo llamado La Gala del Pueblo, encabezado por un personaje de internet que se hace llamar Naya Fácil y que no fue invitada a la Gala del Festival mismo- aunque fuera la “embajadora” del certamen pasado (lo que antes se llamaba ser reina)- creó una polémica que para algunos transciende la anécdota e incluso podría ser leída como una expresión del clásico antagonismo de clases.
Si uno hace una lectura simple y basada en un marxismo mal leído e incluso mezclado con el populismo que ha redibujado hoy la lucha de clases, claramente podría ver ahí un enfrentamiento entre una burguesía y un pueblo. Para ser más claro, si uno se cuelga de toda frase fácil se podría decir a boca de jarro que lo que vemos acá es el enfrentamiento entre un poder y un pueblo empoderado que molesta a ese poder. Pero la cosa parece más compleja.
¿Es la Gala de Viña del Mar algo donde el poder está escenificado? ¿Podríamos decir que se mueve realmente el poder nacional o sólo es una expresión de cierto mundillo que quiere parecer ese poder?
Personalmente, lo que veo en ese lugar es una supuesta elite televisiva venida a menos, que quiere siempre pertenecer a un lugar al que no pertenece, confundiendo la elegancia con la siutiquería y mezclando colores y brillos para intentar ser excéntrica y distinguida a la vez, lo que, sin embargo, da como resultado solamente una prestancia ficticia y una danza en la que el falso recato es espectacularmente vulgar. Por lo tanto, la tesis del poder versus el pueblo, al menos, ahí se cae.
Ahora, ¿es Naya Fácil “el pueblo”? Como todo exponente de este, claramente no es su totalidad, porque existen distintos y diferentes representantes de un sector social; pero sí, es claramente una expresión popular de estos años como tantas otras. Aunque no es una que sienta “conciencia” de tal, como algún marxista esperaría que sucediera.
Es más bien un pueblo que quiere ocupar los espacios de esa “elite televisiva”; un pueblo al que la experiencia casera de la televisión en el pasado y de las redes sociales hoy lo hace existir, ser, tener cierta energía para mostrarse y enfrentarse a todo quien ose decir que no puede hacer tal o cual cosa. Y eso no se debe a la politización ni a los manuales partidarios, sino el acceso a la tecnología y al mercado, a la desfachatez, para bien o para mal, de sentirse con derecho a participar de lo que otros participan, y a formar parte de ese espectáculo en el que se ha sido desplazado por no quiere aparentar nada.
Esto último parece la razón por la que Naya Fácil fue apartada de un evento del que, al parecer, debía participar: no haber disimulado sus formas, su desfachatez, sus maneras bruscas y no sometidas al protocolo de cierto mundillo que cree verse más refinado de lo que es.
La señorita Fácil incomodó a algunos no por querer representar al “pueblo” clásico, sino por querer pertenecer a aquel mundo de los que no pertenecen a ningún lugar concreto y sin embargo se autodenominan “elite”. Su figura ancha, desgarbada y sin pretensión de ser lo opuesto, es una nueva forma de pueblo, sin un horizonte más allá que sus demandas personales, las que, en este caso, consistían en lucirse ahí donde todo el resto se lucía.
Finalmente, no resultó nada de eso. La Gala del Pueblo quedó sólo en un nombre vistoso y atractivo que pudo haber sido un acontecimiento mediático que muchos habrían comentado al punto de llegar a sacar conclusiones sociológicas que, como fuera, se ajustaran a sus ideas (como, a lo mejor, este columnista lo está haciendo sin querer queriendo).
Pero lo cierto es que el antagonismo social hoy, aunque claramente existe, está difuminado, atomizado, formado por personas que no aspiran a defender más que sus individualidades, sus metas de corto plazo y sacar ventajas. Eso quiso hacer Naya: participar de algo para ser parte de ese algo, no para querer cambiar ni demostrar nada.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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