Opinión

Escuchando radio con Jorge y Johanna (intento de crítica de Escuchando radio, canciones que inspiraron a Jorge González)

Esa mirada se ve en este libro conciso y abundante al mismo tiempo para quien quiera conocer otra faceta del padre del rock contemporáneo chileno.

Esto es un intento de crítica basado principalmente en el afecto y la admiración. Afecto y admiración por la música de Jorge González y por Johanna Watson. O más que una crítica, es una opinión acerca de lo que me evocó un libro en el que la autora entrevista al estandarte nacional. O a lo mejor ni siquiera eso y sea solamente una excusa para expresar algunas emociones.

 A Jorge lo conozco por sus melodías, sus ritmos, sus letras, sus opiniones políticas, algunas más certeras que otras, y por esa exquisita manía por no darle el gusto ni siquiera a sus más cercanos. En cambio, con Johanna tuve una linda relación de amistad, cariño y risas, fomentada por mi fascinación por sus carcajadas grandes y su carácter determinado a hacer lo que estimaba necesario. Y vaya que lo ha hecho.

Verlos juntos en Escuchando radio, canciones que inspiraron a Jorge González (editorial Pehuén, 2025), conversando de música, de experiencias tanto sensoriales como concretas, no me pareció nada de extraño. Ambos, González y Watson, viven la música, aunque ellos mismos no lo crean, de manera similar, como si ésta atravesara sus vidas, y como si las canciones fueran más que un asunto temporal y estuvieran incrustadas en su pasado, en su presente y en lo que podría ser un futuro.

Esa mirada se ve en este libro conciso y abundante al mismo tiempo para quien quiera conocer otra faceta del padre del rock contemporáneo chileno. Ambos comparten un terreno en el que sólo caben ellos. Un terreno no identificable geográficamente, sino más bien espiritual o emocional. Como usted prefiera.

Tal vez por eso las preguntas de Johanna a Jorge sobre los temas que le influyeron no son una entrevista, ni un interrogatorio, sino una conversación divertida, apasionada y a veces hasta sarcástica. Ella logra, de a poco, que González vaya contando pedazos de la historia cultural de Chile. Porque eso es principalmente este texto: un libro de historia dinámico, disfrazado de texto musical (creo habérselo dicho alguna vez a la autora: de una manera lo que haces es historia. No recuerdo lo que me respondió, pero a lo mejor le pareció extraño).

Sé que esto al lector no tendría por qué importarle, pero, para quien escribe, González y Johanna son parte de un mismo universo. Los relaciono de inmediato porque, como cuenta la autora en el capítulo Pobrecito Mortal, en el que Jorge habla de su relación musical con Florcita Motuda, nosotros fuimos a ver al exlíder de Los Prisioneros el 2011 al Teatro Caupolicán. Fue la primera vez que fuimos a un concierto.

Embobado por la potencia y desplante de Johanna, lo único que quería era pasarlo bien con ella. O pasarlo bien como ella. Al menos gozar como ella gozaba. Disfrutar tanto como lo hacía con los acontecimientos musicales, tuvieran la envergadura que tuvieran. A su lado lo cierto es que no se pasaba mal. Al contrario, uno terminaba una jornada musical recolectando historias, bromas y recuerdos cómicos, para la posteridad.

Esa hambre por espacios, anécdotas, bromas y frases divertidas de Johanna se respira en el texto. Y es que encuentra en González alguien que está configurado para contestar lo inesperado, sorprendiendo con el conocimiento sobre algunas bandas. Pero también cumpliendo con el rol que la sociedad le ha dado-o que se tomó, mejor dicho- repasando, una vez más, a Iván Valenzuela (le dice Iván no sé qué, en un arranque muy González) y a Alberto Fuguet.

Lo que me resulta más interesante, como devoto Charly García que soy, es su opinión crítica sobre la estrella argentina, mirándola siempre con sospecha. Tengo la idea de que se lo puso como objetivo para crear, ya que, estoy seguro, el arte es un ejercicio que se desarrolla mediante antagonismos. Hay que antagonizar ante alguien o algo para logar formar un discurso, un sonido, un ideario.

Sólo me queda celebrar este libro, de quien creo es de las escritoras más originales de la nueva escena literaria/musical chilena. ¿Por qué? Debido a que, como dije en un comienzo, Johanna, al igual que Jorge, se desenvuelve en un terreno musical, que no es lo mismo que escribir de música. Su mirada no es positivista ni procedimental, sino afectiva.

En su conversación con González no intenta sacarle frases vistosas, sino seguir descubriendo a quien todos quieren seguir descubriendo desde su faceta política y no cariñosa, ni personal, desde otro ángulo. Por eso mismo es que he decidido alejarme de hacer una crítica literaria- género que desconozco completamente- para intentar hacer algo cercano al cariño impreso en este texto.

Ciertamente no lo logré. Pero el cariño está.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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