Opinión

Es momento de sacar a Jackson del gabinete

No hay que olvidar que de los políticos de izquierda o centroizquierda que enfrentaron a Pinochet, la mayoría había comenzado una carrera antes del golpe de Estado que dio inicio al horror, y vieron interrumpida su vida pública por la dictadura. Por lo tanto, el regreso de la democracia, en muchos casos, fue una extensión impensada por varios de su participación en el debate político. Y esto hizo que sus hijos crecieran acomodados, temerosos y acostumbrados a seguir los designios de sus padres.

La acusación constitucional contra el ministro Giorgio Jackson fracasó como muchos esperaban que lo hiciera, y es porque más que una acción que contuviera un fundamento político sustancial era un acto declarativo de parte de un Partido Republicano que aún no entiende muy bien la diferencia entre jugar a hacer política y hacer política realmente.

Jackson tuvo suerte de enfrentarse con tamaño espectáculo. Los anticuerpos que genera en algunos de quienes fueran sus colegas no fueron suficientes para articular algo grande contra él, porque, aunque se diga lo contrario, el resentimiento no es siempre un motor infalible para fabricar una venganza.

¿Por qué él genera este odio? Se dice que es por las declaraciones que dio y por la superioridad moral con la que él y sus cercanos miraron a sus padres políticos; y es lógico que así sea cuando, luego de décadas, una generación llega al poder, más aún en un país como Chile, donde el intercambio generacional estaba suspendido en el tiempo.

No hay que olvidar que de los políticos de izquierda o centroizquierda que enfrentaron a Pinochet, la mayoría había comenzado una carrera antes del golpe de Estado que dio inicio al horror, y vieron interrumpida su vida pública por la dictadura. Por lo tanto, el regreso de la democracia, en muchos casos, fue una extensión impensada por varios de su participación en el debate político. Y esto hizo que sus hijos crecieran acomodados, temerosos y acostumbrados a seguir los designios de sus padres.

Sería injusto generalizar en este caso; hay ejemplos como Carolina Tohá, que es la gran excepción a esa regla y salió de la comodidad de su generación desde muy joven, principalmente porque ella fue quien tuvo que ponerse en el rol de su padre, José Tohá, ministro de Allende asesinado por el régimen cívico militar.

También podríamos hablar del bacheletismo, el que representa muy bien Ana Lya Uriarte hoy, y que fue menos sumiso, al menos en el segundo gobierno de la Presidenta, al relato transicional que ya no se sostenía por sí solo. Sin embargo, el recambio en la coalición política que más tiempo ha gobernado Chile, fue pobre, con niños acostumbrados a la bonanza de los cargos, del buen puesto en alguna subsecretaría o asesoría, lo que no generó hambre ni mucho menos conflicto.

Tal vez el pionero en comenzar a resquebrajar el fuerte edificio concertacionista fue Marco Enríquez al comienzo de la década pasada, pero nada más. Por eso es que hoy vemos el antagonismo entre el Frente Amplio y los hijos cómodos de los próceres concertacionismo con sorpresa, como si no hubiese habido jamás en la historia del país algo así, cuando un gran partido como la Democracia Cristiana, hacia fines de los años 50, se erigió como la gran alternativa al capitalismo y al socialismo, con un líder, como Eduardo Frei Montalva, que de humildad no tenía nada. Es cuestión de leer los textos que lo hicieron conocido antes de fundar la colectividad.

Dicho lo anterior, es clarísimo que todo esto debe ser medido con una vara epocal a cada sujeto y sus circunstancias. Es evidente que Jackson y compañía vienen impregnados de otro tipo de mañas relacionadas al lugar en el que crecieron, la educación que tuvieron y la mirada que hoy en día, en medio del capitalismo tardío o la posmodernidad, se tiene de los procesos sociales.

No obstante, no hay que olvidar que el hoy atacado ministro debió hacer algo que toda persona que pretende construir algo aunque sea a mediano plazo debe hacer: meterse en el barro, traicionar, vigilar, crear lazos de poder y pegar. Si no fuera por eso, a lo mejor el frenteamplismo estaría peor de lo que está en la actualidad y habría sido una mala anécdota, como las hay varias, de la historia política del país.

La pregunta es si el ministro está pensando hoy de manera tan estratégica, porque la política tiene tiempos y tiempos, oportunidades que hay que tomar y momentos en los que parece de suma urgencia dar un paso al costado. Y eso pareciera que es lo que le falta a Jackson: darse cuenta de que hoy ya no es necesario, que el edificio que construyó se está cayendo debido a él, y que ya habrá un futuro en el que podrá volver. Porque ser político no solo consiste en tomar decisiones para tomar una oportunidad; también hay que leer la oportunidad precisa para dar un paso al costado por un rato.

¿Lo digo más claro? Es momento de sacar a Jackson del gabinete.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.