El problema es el jaduismo, no el PC
Foto: Agencia Uno
Mientras el PC tiene una mirada política un poco más pragmática, aunque últimamente ha sido acechada por la inmovilidad y pataleta, el jaduismo es una pataleta constante; es alegar por alegar, creerse dueños de lo que no son, atribuirse triunfos que no tienen y exigir cosas ante los medios.
El recurso de la derecha mediática y política fue llamar a Gabriel Boric el “candidato del Partido Comunista”, suponiendo que el partido de Luis Emilio Recabarren es algo así como una extensión de la Unión Soviética en nuestras tierras. Ante la ignorancia de muchos, personeros del oficialismo y de la campaña de José Antonio Kast, insistían en que el peligro estaba en el PC, en su poder, en su influencia en Apruebo Dignidad.
Como sabemos, esto no resultó. Chile, a pesar de la incredulidad de algunos al respecto, todavía sigue dividiéndose entre quienes se opusieron a Pinochet y quienes no. Aún hay recuerdos del terror, del discurso iletrado y hosco. Y Kast, por mucho que hubiera tocado un par de teclas que le hacían sentido al ciudadano que vive del presente, no podía luchar contra eso. La gran mayoría no quiso la posibilidad de sacrificar ciertas condiciones democráticas en beneficio de las cosas que supuestamente el candidato de la derecha ofrecía aquí y ahora. Y con esto me refiero a la parte de la población que vivió o alcanzó a vivir los resabios de la dictadura, porque en el caso de la juventud, las certezas y el futuro está en otras cosas, en otras visiones de la sociedad que, al parecer, Boric logró encarnar, en contraposición al mediocre discurso de al frente.
Pero creer que el discurso del anticomunismo se acabó luego de terminadas las elecciones, es una ilusión. Lo que se viene es más complejo que lo que pudo vivir un gobierno de la Concertación, independientemente de si hay o no miembros de ésta en el gabinete. Lo más probable es que los editoriales, los titulares y toda jugada apunte a temas como la inexperiencia del presidente electo y su incapacidad para tratar con los comunistas y ese supuesto aparato maligno que, ante los ojos de la ignorancia, mueven.
Si se quiere abordar ello y estar preparados ante lo que venga, hoy hay más libertad política para no caer preso de los miedos de la transición. Los enclaves autoritarios no existen y la lógica institucional que le dio el peso político a cierto sector por sobre otro, sin mayorías reales, está desapareciendo. El terreno, desde marzo en adelante, es otro. Existe por primera vez una representación casi igual de los sectores, por lo que la política deberá ejercerse sin ataduras, pero con la responsabilidad real de la “medida de lo posible”, en donde, a diferencia de lo que se vivió a comienzo de 1990, lo posible no será determinado por el adversario político, sino por los contextos y la capacidad que se tenga para convencer al otro. Y para lograr tal desafío, hay que diferenciar entre qué es lo que sirve y qué es lo que obstruye el avance de lo que el gobierno se proponga.
Un primer acto político debiera ser mostrar autoridad y poner a las filas tras lo que venga. Y para tamaña misión, primero habría que saber distinguir al Partido Comunista del “jaduismo”, que es aquella masa de gente, no sé qué tan grande a estas alturas, que gira en torno a las declaraciones torpes y altisonantes de Daniel Jadue. Mientras el PC tiene una mirada política un poco más pragmática, aunque últimamente ha sido acechada por la inmovilidad y pataleta, el jaduismo es una pataleta constante; es alegar por alegar, creerse dueños de lo que no son, atribuirse triunfos que no tienen y exigir cosas ante los medios. Eso hay que detenerlo. Hay que quitarle peso a quienes se sienten propietarios de la historia sin haber hecho nada para convertirla en algo propio.
Por mucho que el alcalde de Recoleta diga un par de cosas que a algunos los envalentona, lo concreto es que todo lo opuesto a él y su manera de ver la política contingente, no así la municipal, es lo que ganó el domingo. Todo el relato que convirtió a Boric en un traidor espantoso y casi malvado, es creado por quienes aplauden a Jadue como si fuera un salvador, un mesías que aún no ha sido escuchado ni comprendido. Y si se quiere gobernar seriamente y no quedarse en el eterno testimonio de lo que se pudo hacer y no se hizo, hay que tomar decisiones drásticas.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



Deja una respuesta