Opinión

Una loca revolución (O el polémico bautismo del Che de los gays)

En este nuevo 28 de junio, marchando, contramarchando, luchando y creando, abogo por el  sentido más profundo de las urgencias políticas en nuestras comunidades y la necesaria e imprescindible unidad de las fuerzas revolucionarias LGBTIQ+ para enfrentar unidas al gobierno neofascista de la ultra derecha en Chile que está desmantelando años y décadas de conquistas de justos derechos por un espacio propio bajo el sol y las estrellas

“La única lucha que se pierde

es la que se abandona”

Ernesto Guevara

«Provocar al provocador». Ese fue el sentido político de mi loca, controvertida e intrépida performance acontecida el 4 de septiembre de 1997 en un acto en contra de la censura organizado por el director Vicente Ruiz y la actriz de televisión Patricia Rivadeneira.


Un poco de historia

Todo partió en un llamativo mural en homenaje al Che Guevara aparecido los patios de la combativa U. ARCIS, el “Arcis de Noé”, como decía Pedro Lemebel. Se trataba de una pintura colorida, hermosa, así como lo fue el mismo Che. Bello, tan bello como esos labios que le pinté con lápiz labial rojo furioso al coqueto guerrillero de mil batallas. Yo pensé que se armaría tremenda polémica por el Che amariconado, pero nada, nadie dijo nada, a nadie le importó, ni afectó, solo a mí. Por eso, siguiendo ese impuso creativo, me compré una boina con estrella tipo Che. Y así, junto a un bidón de plástico pintado con letras que decían AZT, la primera droga contra el VIH, el jueves 4 de septiembre de 1997, arribé a la fiesta en contra de la censura de Vicente y Patricia.

El escándalo en el Bellas Artes

La fiesta prometía porque la comunidad LGBTIQ era la convocada. Y los convocantes, dos excéntricos artistas que hicieron historia al protagonizar una bullada performance en el Museo Nacional de Bella Artes a principios de los años 90. En ese acto, realizado a beneficio de la Corporación Chilena de Prevención del SIDA, la actriz Patricia Rivadeneira apareció desnuda cubierta con una bandera de Chile que poco y nada tapaban sus zonas íntimas. El escándalo fue total e inmediato.

“La derecha y la izquierda unidas, jamás serán vencidas”, pensó Nicanor Parra. Todos sin excepción pusieron el grito en el cielo e incluso, el mismo director del Museo, el pintor Nemesio Antúnez, artista progresista en la medida de lo posible, se declaró indignado y traicionado por los organizadores de un evento que hizo correr mucha tinta en portadas de los diarios.

El acto en el Bellas Artes se constituyó en la noticia político – cultural más destacada del retorno a la democracia y transformó a Vicente Ruiz y Patricia Rivadeneira en celebridades del underground nacional. Fue tanta la repercusión e impacto de la performance en el más importante espacio cultural e institucional del país que a mediados de los 90, los artistas decidieron realizar fiestas temáticas para reunir dinero y volver a marcar pauta, tal vez buscando el mismo efecto del Bellas Artes. Hubo fiestas dedicadas al pueblo mapuche, a jóvenes, a mujeres y una dedicada a la comunidad LGBTIQ+. Fue esta última la que generó noticias, efectos y desafectos. 

  
Mi amiga Mitchell

La fiesta en contra de censura de septiembre del 97, realizada en la desparecida discoteca Planet de calle San Diego, fue caótica y desatada. Yo llegué temprano y voladito desde Universidad ARCIS. En el festejo me encontré con mi querida amiga Mitchelle Clementi, travesti anarquista de Valparaíso, que se preparaba para actuar. No sabía que Mitchelle estaría presente, mucho menos que haría show. Me sentí confundido porque la loca traidora no me avisó, se quería lucir sola, pero no le resultó porque la descubrí con los tacos altos, las plumas y las manos en la masa. Y en la locura, cómplices, finalmente, acordamos con Mitchelle volver a nuestras andanzas de atrevidas activistas rupturistas y tirarle agua al público desde el escenario del evento con el bidón de AZT. Entonces, llené el bidón de agua y esperé el espectáculo de doña Mitchelle bajo el escenario. Ahí, iniciando el espectáculo, apareció la actriz Patricia Rivadeneira masculinizada, vestida de dragking. Y se armó el escándalo.

“Me gusta el pico”

En un acto de locura, desenfreno e impulsividad creativa, mientras Patricia reclamaba por la escasa convocatoria, poseído por la performance, tiré agua a la actriz, generando desconcierto en la musa de Ruiz, quien solo atinó a entregarme un pene de greda que tenía en sus manos. Lo interpreté como una especie de posta cultural. Eufórico, levantando el deseable objeto, declaré: «Soy el Che de los Gays y me gusta el pico», una afirmación nada de poética pero política y concreta. Periodistas presentes registraban todo. ¿Y la Mitchelle? No la vi porque después de mi acción fui expulsado del lugar.

La censura

Después del “baño de mar de media noche”, tipo Cecilia, entré al baño para ir por más agua, esperando a la Mitchelle, pero aparecieron guardias de seguridad para decirme que debía abandonar la sala de espectáculos. Ya con la emoción se me había pasado la voladita y comprendí la dimensión de mi audaz e inesperada intervención. Entonces les dije a los guardias que estaba bien pero debía regresar al escenario para retirar mi mochila. Los engañé, regresé al lugar donde estaba la prensa y desde ahí me expulsaron mientras yo gritaba: «Esto es censura, esto es censura».

El público aplaudía a rabiar celebrando la loca performance de un furioso Vicente Ruiz y una mojada Patricia Rivadeneira. “Oye, pero que buena performance”, decía el público, pensando que todo era parte del show armado por los organizadores. Pero no, no era una performance con aroma al escándalo del Bellas Artes, sino el parto de una nueva generación de luchadores políticos, éticos, estéticos y culturales. Era el parto y bautismo del “Che de los gays”. Polémico, atrevido y censurado en una fiesta en contra de la censura.

Vicente Ruiz nunca me perdonó, hizo desaparecer los registros de esa noche, mientras Patricia Rivadeneira dice no conocerme, ni acordarse. Mala memoria. Yo sí lo recuerdo, tanto así que agradezco al fallecido Vicente Ruiz ese tan furioso y desvergonzado bautismo guerrillero.

El cuerpo del Che

La historia cuenta que, antes de su muerte en Bolivia, el Che Guevara fue ministro en el gobierno de Cuba después del triunfo de la revolución de 1959. Fue ministro de Industrias y presidente del Banco Nacional de Cuba. Ya con el tiempo, la burocracia del Estado terminó por asfixiar al Che, dejando el gobierno revolucionario en octubre de 1965, dedicándose por completo a la lucha revolucionaria en otras latitudes. Su vocación internacionalista lo llevó al Congo, Argel y Bolivia. En octubre de 1967, el Che enfrentó a la muerte en la selva boliviana.

Ernesto Guevara murió fusilado el 9 de octubre de 1967 en la localidad de La Higuera. Fue ejecutado por el Ejército boliviano con la asistencia y complicidad de la CIA. Fue herido en la pierna izquierda y capturado junto a otros guerrilleros mientras comandaba el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia. Fue mantenido como prisionero en una escuela abandonada en La Higuera. El alto mando militar boliviano dio la orden de ultimarlo para evitar un juicio público que pudiera generar presión política internacional. Para disipar dudas sobre su muerte, su cuerpo fue trasladado a Valle Grande, donde fue exhibido públicamente entes de ser enterrado en una fosa clandestina.

El mito

El cuerpo del Che desapareció, nadie sabía dónde estaba, incluso los campesinos especulaban diciendo que lo habían visto en la selva, que el Che estaba vivo. Así se transformó en un mito, una leyendo. Su cuerpo fue intensamente buscando durante 30 años. Eso hasta el 28 de junio de 1997, cuando después de un dato de un militar arrepentido, se encontró al Che, junto a otros guerrilleros, bajo la pista de aterrizaje del antiguo aeropuerto de Valle Grande. Su cuerpo fue traslado a Cuba y ahora descansan en el Mausoleo del Che Guevara en la localidad de Santa Clara.  Por eso el grafitis del Che en la Universidad ARCIS, debido a la aparición de los restos del combatiente.

La emergencia terrenal del Che, acontecida un 28 de junio, el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+, inspiró metafóricamente el nacimiento del Che de los gays. Yo no lo supe inicialmente pero tiempos después comprendí mis delirios con el Che y el entusiasta afán por su figura rebelde. Hoy, sospecho, que el Che, rescatado del olvido, el mismo día del orgullo, buscó alguna mariquita latinoamericana y se reencarnó en ella, creo que esa mariquita fui yo.

Mariela Castro, la hija de Raúl, sobrina de Fidel

La figura del Che homosexual ha generado diversas opiniones y controversias varias. Mientras algunos no entienden la puesta en escena creyendo que se trata de un homenaje biográfico acrítico, otros leen acción política, acto de provocación, que es precisamente el sentido del personaje, entrecruzar las luchas de las izquierdas con las batallas de las diversidades. Ha sido tanta la disputa que la controversia llegó hasta la misma isla de Cuba. Recuerdo que cuando viajé a La Habana en 2015 a presentar el documental “El Che de los Gays” los cubamos no entendieron el sentido del film de Arturo Álvarez y Pamela Sierra, asegurando que “el Che no era maricón”. Por lo menos eso fue lo que me dijo un taxista. Yo le respondí: “No se preocupe, compañero, si el maricón soy yo”. Otro momento aconteció en mayo de 2026 durante las Jornadas Cubanas Contra la Homofobia organizadas por el Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba, institución liderada por Mariela Castro Espín. En esa oportunidad, Mariela, cariñosa, presentó el documental “Las Locas del 73” y defendió el sentido político del personaje del Che homosexual, relatando que conversó con la viuda del guerrillero para explicarle que “el Che de los gays” no era una ofensa sino un aporte a la revolución.

Hoy, 28 de junio de 2026, a 57 años de los emblemáticos disturbios del bar Stonewall de Nueva York, el origen del Mes del Orgullo, a 53 años de la primera protesta homosexual en Chile acontecida el 22 de abril de 1973, a 35 años de la fundación del Movilh Histórico ocurrida el 28 de junio de 1991 y al cumplirse 29 años de la aparición del cuerpo Che en Bolivia, reivindico la luchas sociales de los pueblos, incluido el pueblo pobre LGBTIQ+, levantando las banderas antimperialistas de la revolución cubana acosada criminalmente por el homofóbico Donald Trump.

En este nuevo 28 de junio, marchando, contramarchando, luchando y creando, abogo por el  sentido más profundo de las urgencias políticas en nuestras comunidades y la necesaria e imprescindible unidad de las fuerzas revolucionarias LGBTIQ+ para enfrentar unidas al gobierno neofascista de la ultra derecha en Chile que está desmantelando años y décadas de conquistas de justos derechos por un espacio propio bajo el sol y las estrellas.

Foto: Alexandre Plaza

El Cortijo de Conchalí, 28 de junio de 2026

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Víctor Hugo Robles
Víctor Hugo Robles, “El Che de los Gays”, periodista y activista comunitario en VIH/SIDA, conductor de “Siempre Viva en Vivo”.

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