El palco de Ximena Rincón: Una reflexión sobre su cómoda y fracasada generación

En las palabras de Ximena Rincón no sólo podemos leer cierto regocijo con lo incierto que será el futuro inmediato de quienes nos gobernarán; también podemos ver la frustración de los que esperaron que les entregaran el bastón de mando, mientras éste ya había sido arrancado de las manos de sus superiores por una generación menor.
Foto: Agencia Uno

Esta semana, debido a un descuido con un micrófono, se conoció públicamente una opinión de la presidenta del Senado, Ximena Rincón, respecto al escenario que legislativo que le tocará al gobierno entrante. Con tono burlesco, la senadora señaló que lo que le viene a la nueva administración no es nada fácil, y ella tomará palco.

Una vez que este comentario comenzó a ser desmenuzado en las redes sociales, Rincón le bajó el perfil a lo dicho y le dio otro tono al original. Luego, al día siguiente, al lado del presidente electo en Enade, hizo como si nada hubiera pasado, y dio un discurso en el que trataba de abordar el tema con cierta gracia.

Pero más allá de lo que esto pudo causar en los pasillos del centro de operaciones de quienes entrarán a La Moneda el próximo 11 de marzo, sería bueno detenerse en la generación que representa la militante DC y sus intentos de ser parte importante de la historia reciente de Chile.

Ella, como muchos, es parte de quienes crecieron al alero concertacionista y se enamoraron de las oportunidades que sus padres políticos les dieron para usar uno que otro cargo de importancia, sin nunca ser realmente importantes ni tomar grandes decisiones sobre la democracia o el modelo económico. Ellos eran los hijos, los que esperaban que los viejos y fatigados héroes dieran su brazo a torcer y entregaran el poder.

No importa cuán al interior estés de la máquina, o cuánto camino hayas recorrido, porque el poder no se cede, no se hereda; en cambio, se le arrebata a quienes no quieren soltarlo. Y esa es una dura enseñanza que tanto ella como sus pares han aprendido con la llegada del Frente Amplio al Ejecutivo.

Admitámoslo, no ha sido un tiempo fácil para Rincón, quien, a diferencia de lo que cree, nunca ha dejado ese palco del que habla burlescamente. Ha estado sentada en él durante décadas, mirando la historia pasar, esperando ese minuto en que su partido entienda que ella es una líder. Esto, claramente no ha ocurrido; sus intentos de experiencias presidenciales no han tenido éxito. Siempre sucede algo. Y lo más reciente fue cuando la reemplazaron por una, entonces, popular Yasna Provoste, quien, a pesar de tener una edad parecida, no pertenecía a la misma generación política.

En lo expuesto podemos encontrar razones para entender las diferencias entre sus acciones públicas y sus pensamientos privados, cuestión que, aunque muchos se escandalicen, pasa bastante en la política y entre los políticos; y, si extremamos el argumento, también en las relaciones cotidianas del ciudadano con su entorno, con el otro.

En las palabras de Ximena Rincón no sólo podemos leer cierto regocijo con lo incierto que será el futuro inmediato de quienes nos gobernarán; también podemos ver la frustración de los que esperaron que les entregaran el bastón de mando, mientras éste ya había sido arrancado de las manos de sus superiores por una generación menor.

Por lo tanto, ese palco no es nada para enorgullecerse, mientras haya otros que hagan la historia que ellos no pudieron hacer por comodidad y miedo.

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