lunes, julio 15, 2024

El nulo entendimiento de Beatriz Hevia del Chile de hoy

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Este miércoles, comenzó finalmente la segunda parte del nuevo proceso constitucional. Luego de la entrega del borrador de las bases de lo que debería ser la nueva Constitución de la República, por parte de un grupo de supuestos “expertos”, esa mañana entraban al ex Congreso Nacional quienes están llamados a llenar lo que, para algunos, es una camisa de fuerza, mientras que, para otros, son límites, certezas en medio de la incerteza constante en la que vivimos.

Una vez que terminaron los discursos de Miguel Littin, el presidente provisorio de la instancia, y el jefe de Estado Gabriel Boric, comenzó la votación de la mesa. Como vicepresidente quedó un independiente cercano al PS, el ex rector de la Universidad de Valparaíso, Aldo Valle, y para ocupar el sillón de la presidencia de la instancia fue elegida Beatriz Hevia, una joven abogada republicana, que fue asesora de José Antonio Kast.

Extrañarse con que el sector con mayor representación en el Consejo lo encabece es una torpeza. Sin embargo, lo que sí es digno de analizar es cómo ella desplegó una identidad, una visión de nuestra nación bastante parcial, señalando que el gran problema de Chile hoy es una crisis moral que pasa por la descomposición de la familia y, por ende, de la autoridad.

No es curioso que piense así, claro está. Pero sí es interesante la escenificación de su diagnóstico luego de una Convención Constitucional a la que se le criticaba precisamente lo mismo: una idea sectaria e individualista de Chile, de su pasado y su presente.

Porque eso es finalmente lo que escuchamos ayer, solapado entre llamados tibios de unidad y encuentro. Encontramos a una mujer de 30 años con una mirada demasiado clara en medio de la poca claridad de la crisis que vivimos hace años. Ya no era el discurso de la injusticia histórica y ancestral en contra de los pueblos que constituyen el territorio nacional, ni menos la crítica al poder omnipresente del patriarcado en contra de las mujeres. Hoy estábamos, en cambio,  ante otra catástrofe, en ojos de Hevia, que es lo diluida que se encontraría aquella solidez que añora sin haberla vivido nunca del todo (nació en los 90).

¿No es esa también una visión antojadiza de la historia? ¿Puede esa mirada sintonizar con  el ciudadano de pie? ¿Pueden los republicanos, con ese nulo entendimiento de esta nueva ciudadanía, hacer algo más de lo que están haciendo en este momento? ¿Basta con la idea de la seguridad y la reestructuración de lo sólido para comprender lo que estamos viviendo?

Hevia también defiende una idea propia y está bien que así sea, porque en eso consiste el debate ideológico. No obstante, esa idea no abarca las complejidades del presente, sino que es una ingenua conclusión de lo que ataca a la sociedad chilena. Una conclusión moralista y moralizante no desde el progresismo, sino desde un catolicismo conservador que cree que lo ganó todo en las últimas elecciones.

Y lo cierto es que se equivoca, porque si bien la mayoría de los chilenos no estuvo de acuerdo con el proceso anterior, con su relato sobre los pueblos originarios y muchos aspectos que le parecían innecesarios, eso no quiere decir que una sociedad creada por el aumento del consumo y la mercantilización más grande de nuestra historia, quiera someterse de manera constante al orden que necesita en momentos álgidos como este. Y menos a que haya quienes quieran establecer qué es o no la familia.

Hevia demostró el mismo ensimismamiento de otros en el pasado que creyeron, desde otra vereda, tener demasiadas certidumbres sobre lo que nos aquejaba. ¿Quiere decir que no logren escribir la Constitución que quieren o que no ganen ya sea aprobando un texto o rechazándolo? No. Lo que quiere decir, creo yo, es que Republicanos no tendrá tan largo aliento como sus integrantes creen.

Francisco Méndez
Francisco Méndez
Analista Político.

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