El matinal como facultad universitaria
El escándalo de la Universidad de Chile -referido a la tesis pro/pedófilia- ha sido el momento glorificante de los matinales que estuvieron a punto de empujar a la rectora y sus decan@s, a explicar la pedófilia únicamente desde la persecución digitada por la “ultraderecha” y las tesis de la contrainteligencia.
Imagen solo de referencia / Agencia Uno
El Chile Actual está compuesto por estructuras mediatizadas que han expulsado las ideologías. El campo político se articula mediante la distancia –on line- y el «consumo de memes» pacífica -cual somnífero- los antagonismos. Y así, hemos transitado desde “Dostoyevski, espíritu del drama ruso, al best seller de Paulo Coelho». El neoliberalismo es una «economía mediática» que prefigura una realidad nómade; a saber, imágenes, liderazgos, beligerancias, violencias normativas, audiencias infieles, goces perversos y coaching lingüístico. Los gerentes del sistema de medios, en su afán de fomentar la “intimidad pública”, saben que la comunicación instantánea es la tarea del momento. Hoy la pedofilia, mañana una huelga, luego una amenaza, después un descalfo. Un complejo entramado informativo, empapado de espectáculos sin límites.
De allí que el escándalo de la Universidad de Chile -referido a la tesis pro/pedófilia- ha sido el momento glorificante de los matinales que estuvieron a punto de empujar a la rectora y sus decan@s, a explicar la pedófilia únicamente desde la persecución digitada por la “ultraderecha” y las tesis de la contrainteligencia. Y ello ante el Senado periodístico de Neme, Julito César, la Cony Santa María y los publicistas del Congreso. Esto sería no solo una regresión, sino un incentivo en favor del corporativismo mediatizado y un revés de las tradiciones críticas (en materias de derechos, géneros y feminismos, etcétera).
Luego de la cobertura viral de la revuelta de 2019, verdadero tráiler para la obtención de los retiros (10%), el Partido Matinal, en sus más variados diseños, no termina de capitalizar buena parte de su oferta para vulnerar temporalmente fronteras impensables y pulverizar la complejidad universitaria en un estado de absoluta “ruina argumental”. De un lado, la contingencia ha dejado atónito a los teólogos de la indexación y sus métricas del cientificismo, supuestamente inmunes al esquema mediático-informativo, y de otro, ha develado los usos corporativos del pensamiento crítico. En suma, el ethos crítico capturado en la disputa por la contingencia. Con todo, la autonomía universitaria que tiene varios andamios, debería hacer del “principio hermenéutico-crítico” un recurso reflexivo para emplazar el capitalismo académico en su fase de intensificación. Y todo ello en la Universidad que lidera los procesos de democratización (Senado universitario) en nuestra parroquia.
En suma, nada más funcional que Faride Zerán (CNTV) suscribiendo una condena moral, necesaria y frustrante, a las amenazas contra las académicas a cargo del caso pedofilia. Todo el argot académico se encuentra bajo un estado reactivo que, con argumentos aggiornados, esgrime teorías del complot y no insinúa una cándida evaluación de las oligarquías académicas. El Matinal, en su dimensión ampliada, como archivo de lo fragmentario, en sus heterogéneos formatos mediales/institucionales, se rige por los rectorados de consumos e inmediatez, y estuvo ad portas de pervertir episódicamente -como telenovela del verano- la máxima de Andrés Bello en el discurso fundacional de la Universidad de Chile: “Aquí donde todas las verdades se tocan” (1843).
Ante el futuro turbulento de los mercados, más que abundar en la dimensión kantiana de las universidades, los asedios de la ultraderecha y Republicanos, persecuciones y amenazas, cabría avanzar en un nuevo horizonte critico-normativo que pueda mitigar los vicios del mercado mediante la soberanía de las ciudadanías universitarias, a la cual se debe cada institución, preservando su dimensión experimental, ofertando mecanismos preventivos (no exenciones) y ampliando los marcos cognitivos de las tribus Universitarias. En una economía digital, lo sucedido puede ser la punta de lanza para otros procesos de mediatización contra el mundo del conocimiento, donde los mercados no discriminan el objeto a reciclar.
En suma, la cultura universitaria -si aún es posible invocarla- se ha convertido temporalmente en un navegador de símbolos, signos, señaléticas, imágenes e intimidad pública absorbida por los formatos del espectáculo informacional, sin proyectar una comunicación ciudadana. Estamos ante un flujo de simulacros que buscan diagramar, canalizar y expresar los goces perversos de la chilenidad. Luego del octubrismo -y sus desbordes erotizantes- el territorio se ha diluido, las movilizaciones fueron declaradas sacrilegios, la paralización espectacularizante ha destruido la esfera deliberativa. En suma, la política pierde toda densidad reflexiva. Y así, las ideologías se esfumaron el primer año del “gobierno transformador”.
Un presente tumultuoso donde el flujo de noticias, enunciados, promesas, figuración y las percepciones de audiencias incrédulas, abundan en consuelos visuales. El escándalo de la academia crítica, cual pandemia moral, forma parte de este nuevo ciclo social y político de la democracia audiovisual que administra el espectáculo como arte de la trivialización para críticos mediales y teólogos del orden. Y así, terminan provocando una degradación de la ínfima esfera pública e inhibiendo el debate crítico en materia de derechos y universalidad. Sin perjuicio que ello no amerita la exención aristotélica de una «exterioridad» donde el pensamiento crítico no puede ser una «mano moro». El escándalo y su función social, cual rito de reafirmación del orden social, es un doloroso proceso a lo largo del cual la sociedad transforma las debilidades o perversiones privadas en una celebración de virtudes públicas a las cuales anhela desde el consenso ético de la sociedad como su meta ideal.
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