El grave problema intelectual de Revolución Democrática
Cuando escuchamos a estos jóvenes y no tan jóvenes desilusionados o descolocados, sin saber qué hacer, y acusándose entre ellos, entonces pensamos que lo suyo no era este rubro y debieron quedarse en los espacios universitarios, esos que los escudaban de su propia humanidad y les salía más barato jugar a la ingenuidad.
Otra semana más ha pasado sumergida en el escándalo de la fundación Democracia Viva y algunos medios de comunicación interesados se han hecho un festín con esta situación, día a día, transformando toda relación entre el Estado y cualquier fundación en algo espurio, sospechoso, presuntamente delictual.
Frente a esta bomba en su interior, el gobierno ha actuado desesperadamente intentando dar respuestas rápidas a problemas complejos. Boric ha condenado desde el día uno lo sucedido, mientras el ministro de Vivienda, Carlos Montes -Ministerio que ha estado en el centro de la noticia debido a este escándalo mediático-,ha tratado de contestar a periodistas que parecen insaciables bajo la excusa de lo que ellos llaman “el derecho a la información de los ciudadanos”.
Sin embargo, el problema más visible y dramático está en la coalición de gobierno, particularmente en Revolución Democrática, el partido en el que se centra todo el conflicto, ya que se ha ido desmoronando voluntariamente. Su presidente, Juan Ignacio Latorre, decidió de un momento a otro quitarle piso a Catalina Pérez, la primera diputada supuestamente involucrada en el caso, a lo que Pérez le respondió por redes cuestionando su capacidad política.
Si lo pensamos, la diputada tiene razón: Latorre no es un buen político, no sabe medir los tiempos, las formas ni tampoco las consecuencias de lo que pueda ocurrir. Sus declaraciones son por lo general torpes, brutas, y dejan entrever lo poco meticuloso que es para pensarlas, razonarlas y luego expresarlas.
¿Pero es este sólo un problema de Latorre? ¿Se concentran en él todas las deficiencias de un partido que dijo presentarse como la nueva savia de la política y su actual desmoronamiento? No lo creo. A mi entender el problema es algo más profundo y radica en la mirada de la política que tienen todos quienes creyeron que todo proceso, organización o lo que sea, no requiere de la comprensión y regulación del ser humano.
¿A qué me refiero con esto? A que, al parecer, en Revolución Democrática no imaginaron ni en sus peores pesadillas que estarían en esta situación. Y eso habla peor de sus integrantes de lo que creen, porque supusieron que había una verdad revelada que ellos conocían y, por ende, los protegería de todos los males, o simplemente creyeron que entre los suyos no podría haber jamás alguien que osara hacer algo malo, lo que muestra que en vez de un asunto moral, como se ha repetido hasta el cansancio, lo que los consume es principalmente un problema intelectual gravísimo.
Es cuestión de ver las declaraciones de militantes de la colectividad críticos como Noam Titelman, a quien El Mercurio y La Tercera han levantado como una especie de pensador de la “nueva izquierda”. En una entrevista hace unos días en el diario de los Edwards, Titelman se decía desilusionado por lo que estaba pasando en su partido. Es decir, no está muy distante de quienes critica. Al igual que ellos se sorprendía de que hubiera gente entre sus filas que haya querido aprovechar la oportunidad, sacar provecho de un órgano colectivo para fines individuales.
Esa idea peregrina del ejercicio de lo público es lo que lleva a que no haya plan para enfrentar situaciones como estas, y a que los miembros de un partido peleen por la prensa intentando calmar el desangramiento. Querer cambiar algo sin siquiera saber en qué consiste ese algo, trae estas consecuencias, e imaginar la política sin advertir los claroscuros que trae consigo no solo en el adversario, sino también en uno mismo, es una de las tantas formas de matarla lentamente.
La política debe ser entendida como toda actividad que trae inmersa las contradicciones humanas. Tras la luz, a veces hay sombra, tras la lucidez de los discursos, casi siempre existe la mediocridad bajo la que fueron construidos, y en un grupo de personas por lo general esto se expresará tarde o temprano. Por lo mismo, cuando escuchamos a estos jóvenes y no tan jóvenes desilusionados o descolocados, sin saber qué hacer, y acusándose entre ellos, entonces pensamos que lo suyo no era este rubro y debieron quedarse en los espacios universitarios, esos que los escudaban de su propia humanidad y les salía más barato jugar a la ingenuidad.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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