El Golpe del 11 de septiembre de 1973

La primera cuestión que hay que señalar es la preparación del Golpe. Ello tiene lugar durante el periodo de la Unidad Popular, cuando suceden los siguientes acontecimientos preparatorios.

El primero fue el paro de octubre de 1972. En esa ocasión tiene lugar una larga huelga de transportistas, de comerciantes, de médicos de la salud pública y de estudiantes. Tiene una duración de un poco más de un mes.

Finalmente, Allende nombra ministro del Interior al comandante en jefe del Ejército, general Carlos Prats. Quizás actúa impresionado por los militares peruanos, presididos por el general Juan Velasco Alvarado.

El segundo acontecimiento preparatorio fue el “tanquetazo”. Se trató de la insurrección del principal regimiento de tanques de la capital. Esos elementos rodearon La Moneda. En la tarde, el general Prats y el jefe de la guarnición de Santiago, Augusto Pinochet, los rodearon e hicieron retornar a sus unidades.

Por esa operación el general en cuestión fue considerado un oficial constitucionalista. Quizás aún lo era, pues no había tomado contacto con los generales golpistas.

Después de esta breve descripción de los incidentes preparatorios, hay que recordar el día del Golpe.

En la mañana tienen lugar varios discursos de Allende. El último se produce por Radio Magallanes, y en él habla de las “grandes alamedas donde volvería a caminar el hombre nuevo”, y anuncia que no saldrá vivo del palacio presidencial.

Ese anuncio da lugar a las burlas de los conspiradores.

Antes se ha producido el insólito bombardeo de La Moneda. Un hecho realizado para mostrar que los militares eran capaces de todo, incluso de esa decisión inverosímil, sin ningún objetivo militar, pues el palacio podía ser fácilmente ocupado, como ocurrió.

Después de este acontecimiento, el Presidente Allende continuó combatiendo. Luego se despide de los asistentes, especialmente de sus hijas Isabel y Beatriz. También de su asesor español Joan Garcés, al cual le pide que dé a conocer lo que ha sido su gobierno.

Cerca de las dos de la tarde, Allende se quita la vida. Con ello se convierte en un símbolo; es más que un Presidente, es un héroe.

El novelista Hernán Valdés le hace decir al protagonista de “A partir del fin”: “Allende, por qué nos has abandonado si eras nuestro padre”.

Y, en efecto, era el inventor de la revolución con empanadas y vino tinto, como la llamaba; el gran impulsor de la vía pacífica e institucional al socialismo.

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