Danza humedal
La pérdida del sentido del cuerpo conlleva a entender los humedales y sus hibridaciones de otra manera y optamos culturalmente al desarrollo y al progreso inmobiliario frente a la atención y cuidado de éstos, cuestión que también y, por supuesto, conlleva a descuidar nuestras vidas cotidianas colectivas en beneficio del placer personal y el enriquecimiento individual.
El autor del texto, Rodrigo Browne es el Director del Doctorado en Comunicación (UACh-UFRO).
“Importa más vender que vivir”
La danza y los humedales son híbridos.
El carácter arterioso de los humedales los hace presentir desde una tremenda inestabilidad e incertidumbre siempre desproporcionada, atiborrada y plena de vericuetos que hacen imposible el asimilarlos y reducirlos a una simple percepción. La fotografía en el contexto de un humedal no será nunca la misma, dependerá, persistentemente, del momento vital por el que esté pasando:

El permanente o intermitente sentido de inundación, las salobres aguas que van y vienen, le permiten dar vida a un vibrante cuerpo ecosistémico híbrido, que oscila -sin tregua- entre lo acuático y lo terrestre, como si se tratase de una perenne transición sensible, sin tapujos ni límites que bloqueen el encuentro dialógico, inesperado, entre las más diversas especies pertenecientes a las partes o a la mixtura entre cada una de ellas.
En el tránsito -también incesantemente mixto- entre la naturaleza y la cultura explayada a lo largo de las reflexiones en torno a estas materias, cuesta no dejar de recordar cuando Gilles Deleuze y Félix Guattari sacaron de una de sus tantas mesetas la irreverente idea de rizoma. El botánico Philippe Danton -alguna vez y desde la Isla Robinson Crusoe del Archipiélago de Juan Fernández- contó que un rizoma es una suerte de tallo subterráneo que crece, a través de sus yemas, sin limitaciones y que tiene un sentido de la extensión desmedido, ya que posee un sistema indefinido de crecimiento activado por sus partes que, en ocasiones y actuando como especies invasivas, pueden desbordar los territorios.
Con los desbordes propios de este tránsito entre naturaleza y cultura, Deleuze y Guattari acarrean desde la botánica la noción de rizoma -en un ámbito de “capitalismo y esquizofrenia”- a nuestras lecturas de las vidas cotidianas e invitan a ver el mundo desde esta perspectiva y como una “imagen del pensamiento”: “Un rizoma no empieza ni acaba, siempre está en el medio, entre las cosas, inter-se, intermezzo (…) Véase si no el método del cut-up de Burroughs” (Deleuze y Guattari, 2002: 29 y 11).
El jengibre y los helechos, en su mayoría, son rizomas. Los humedales, desde esta postura, contienen cuerpos y especies bajo esta condición y estos son parte de sus cruces y contaminaciones, por supuesto, híbridas y rizomáticas.
El movimiento transversal de las danzas estimula también una forma de pensar desde la pendulación que implica llegar de un extremo a otro, de una punta a otra, sin principio, sin fin, carcomiendo esos opuestos, desorillando las tierras continentales para hacerlas humedal, inestabilizándolas y dándoles el valor y prestancia en el medio, en el entremedio. Dicha fuga permite la confluencia de las danzas en su mezcla de estilos, de formas, de tradiciones que la hacen muchas y diversas, desbandadas y dinámicas.
Esta danza híbrida, esta danza humedal, está consciente de su carácter que arranca de las reglas de la tradición y busca, en el escape del estado de comodidad/confort, el comodín para salir de la coreografía lineal y asimilar que las manos, los brazos, los pies y todos los miembros del cuerpo tienen sentido gracias al sexto sentido de la propiocepción.
Para Baitello Jr. (2008: en línea), la propiocepción es sentido del cuerpo, es el sexto sentido del ser humano que no se debe, bajo ningún concepto, desperdiciar. Cuando se pierde el cuerpo se comienza a desvanecer y a desaparecer. Ese sentido muere: “Cuando perdemos este sentido del cuerpo sabemos que tenemos un cuerpo, vemos el cuerpo, tocamos el cuerpo, pero no lo sentimos”. Hay un cuerpo presente, pero no existe la imagen que corresponde a ese cuerpo y esa descorporeización nos expone a las más altas enfermedades de todo tipo, principalmente y en tiempos de comunicaciones en crisis, neurológicas.
La pérdida del sentido del cuerpo conlleva a entender los humedales y sus hibridaciones de otra manera y optamos culturalmente al desarrollo y al progreso inmobiliario frente a la atención y cuidado de éstos, cuestión que también y, por supuesto, conlleva a descuidar nuestras vidas cotidianas colectivas en beneficio del placer personal y el enriquecimiento individual.
Más allá de lo expuesto, el momento de tensión se produce cuando la propiocepción simboliza a la cultura, la misma que, por años, se contrapuso y trató de aprovecharse de las naturalezas. Vale decir, perdemos el sentido de lo cultural para el bien de otras cosas, para el bien del capitalismo que nos deviene en esquizofrénicos, cuando se cree más en las imágenes inventadas que en la propias “imágenes del pensamiento”: “Pero al vivir en un mundo de excesivas imágenes que insiste en que nuestro cuerpo no está adecuado, no es correcto, entonces podemos perder la propiocepción cultural” (Baitello, 2008: en línea).
Todas estas reflexiones derivan, en una primera instancia, de la puesta en marcha del proyecto “Cuerpos, trayectorias y temporalidades del Sur. Residencias Artísticas-Valdivia 2022”, dirigido por la académica Marcela Hurtado y compuesto por las coreógrafas Francisca Sazié y Lorena Hurtado, y por la creadora multimedia, estudiante del Doctorado en Comunicación de la Universidad de La Frontera y la Universidad Austral de Chile, Katherine Barriga.
En términos generales, el objeto de esta residencia pretende crear cruces dialógicos de reflexión, intercambio de ideas y estrategias para proyectar una investigación artística colectiva e híbrida que permita, en esa interacción, cuestionar y pensar críticamente los cuerpos y las danzas en territorios característicos de la Región de Los Ríos, como son los humedales y el bosque nativo sur-austral, haciendo un guiño, desde este emplazamiento, a los mundos en crisis que estamos viviendo: crisis climática planetaria, crisis sanitaria, crisis del modelo social y de las formas de gobernanza.
En los primeros pasos del proyecto, la concentración del trabajo se ubicó en los ejercicios y las estrategias provenientes desde lo que se llamó danza humedal, bajo una logística clave que permitió auscultarla a partir de tránsitos heterogéneos, no duales y de intermediaciones entre las encrucijadas: danzas, cuerpos, movimientos y humedales.
Tratando de bajar el discurso que apaña dicha iniciativa a una versión más práctica, en el marco de las primeras sesiones de trabajo -en y desde Valdivia- y con el propósito de aterrizar, no sólo teorías, sino que mundologías, experiencias, emociones, sensaciones a un nivel más vivencial, se lograron presentar interesantes resultados que avalan lo anteriormente dicho y ayudan a estimular estos sentidos que -pensamos desde las bases de esta formulación- propioceptivamente pueden ir deslavándose.
Uno de ellos fue el siguiente resultado que logra percibir, desde un ejercicio barrial, las sinuosidades, revueltas y recovecos del humedal del cual se obtiene la materia prima para este reflexionar “barroso”:

Por otra parte, y gracias a las respuestas que dieron -un grupo de estudiantes de cuarto año de la carrera de periodismo de la Universidad Austral de Chile (UACh)- tras esta pregunta: “¿En qué influye/afecta en los cuerpos vivos de un humedal la industria cultural (léase desarrollo o progreso)?” se asimilaron libremente reflexiones que hicieron humedecer y mixturar los pensamientos y las formas que, desde un proyecto sobre la vida cotidiana y su relación con el arte, perpetuaron estos futuros y anónimos profesionales de las comunicaciones.
A saber:
– “En la concepción y lo que la industria entiende versus lo que quiere de los espacios del humedal. Se puede comercializar la imagen de los cuerpos vivos y hacerle creer a la comunidad que están conscientes del daño que la intervención genera al medio”.
– “Importa más vender que vivir. El ‘progreso’ se mide en números, dinero y no en calidad desde una mirada más allá de lo que se nos hace más cómodo”.
Referencias
Baitello Jr., Norval (2008): La era de la iconofagia. Ensayos de comunicación y cultura. Sevilla: ArCiBel.
Deleuze, Gilles y Guattari, Félix (2002): Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-textos.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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