Cooper hizo política
El fiscal Patricio Cooper ha sido conocido por dos causas mediáticas de los últimos meses; una es la del presunto fraude al fisco por la fallida compra de la clínica Sierra Bella, relacionada la administración pasada de la Municipalidad de Santiago, y la otra es la del traspaso de fondos públicos a la Fundación Procultura. En los dos casos, Cooper desplegó la maquinaria comunicacional con efectos grandilocuentes que mostraban y daban comidillo más que otra cosa.
En Sierra Bella, el fiscal allanó la casa de la diputada Karol Cariola sin que hubiera prueba alguna de su relación con la compra, basándose solamente en unos chats con la entonces alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, que tenían más componentes políticos que judiciales.
Si es que él filtró las conversaciones, gracias a su acción nos enteramos de la fractura de la generación que nos gobierna. Supimos que Cariola y Hassler tenían problemas personales con Boric y que encontraban que este gobierno era un fracaso en materia ideológica y política. Se sentían traicionadas por el proyecto.
También supimos, por el caso Procultura, que Alberto Larraín, mandamás de esa fundación, estaba separado y había comenzado una relación con otro hombre, y que Josefina Huneeus, su exmujer, habló con el presidente Boric para compartirle su diagnóstico clínico de lo que ella creía que sufría su exmarido.
Además, claro está, nos dimos cuenta de la fragilidad de la figura presidencial en algunos casos, tal vez dependiendo del signo político de quien la encarna, al punto de saber los detalles de sus conversaciones telefónicas.
¿Qué supimos en materia judicial? Nada. Y es que las filtraciones nos sirven a muchos, no sólo en este caso, para ver lo que se esconde tras el poder, pero nada más. Mentiría quien dijera que no las disfruta, porque no hay nada más interesante, sobre todo en los días que corren, ya sea en este tema o en el que sea, que descubrir en tupido velo y ver lo que hay tras los pasillos de la política, aunque lo que encontremos a veces no es más que un lenguaje pedestre y cercano al que uno usaría con un amigo o amiga.
Además, también tienen otro efecto que es suponer que, tras cada palabra, cada dicho y cada conversación hay algo más tras lo revelado; algo por revelarse, lo que lleva a que usemos nuestra imaginación y queramos más.
Eso, en este caso en particular, Cooper lo manejó muy bien, porque entendió que en estos días lo importante es dar alimento para las suposiciones y las notas rápidas y rimbombantes más que datos importantes. La Fiscalía casi en su totalidad, digámoslo, lo ha hecho así, pero Cooper es una figura, un rostro visible que comenzó a aparecer en ciertos medios como el luchador en contra de la supuesta sinvergüenzura y el poder de un grupo que, en este caso, sería quienes gobiernan el país.
Es por esto por lo que de manera algo soterrada y a veces explícita ciertos medios han visto la salida de Cooper de sus casos- al ser removido del caso Procultura y dar por cerrado el de Sierra Bella por no encontrar indicios de delito- como un ataque personal y han dado ha entender que esto fue una operación en contra de quizás el personero público que más los alimentó con planas y planas de noticias efectistas y sin mayor contenido judicial.
¿Se podría decir que lo que hizo Cooper fue política? Al menos hasta ahora queda clarísimo que lo que más logró son efectos políticos y sembrar una duda interminable sobre todo lo que un sector hace o dice. Al contrario de lo que pueda creerse, al haberse cerrado un caso y al haber salido Cooper de otro, lo cierto es que el efecto mediático queda ahí. La duda estará instalada por quienes querrán que esta esté siempre se mantenga viva, aunque no haya una resolución judicial que la acredite. Es decir, sí, claramente hizo política.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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