Opinión

“Constituyente 156” y la Elección Presidencial

Quien conduzca al país tiene que ser una persona que tenga la experiencia y densidad política para entender y compartir los significados más profundamente democratizadores y desestructurantes del proceso constituyente y que ayude, desde el gobierno, a que el pueblo chileno, el “constituyente 156 ”, tenga también una activa participación, poniendo los recursos del Estado al servicio de facilitar y posibilitar tal participación de manera organizada y amplia, y respetando la soberanía de las organizaciones.


Chile ha sido noticia mundial por el impactante vuelco político en la situación nacional como consecuencia de las elecciones del fin de semana pasado, especialmente en lo que se refiere a quienes serán miembros de la Convención Constituyente y alcaldías emblemáticas. El desfonde de los partidos políticos, desde la derecha hasta aquellos que fueron parte de la Nueva Mayoría, ha quedado en evidencia, con la notable excepción del Partido Comunista que, por sí mismo o con sus aliados del Frente Amplio, obtuvo grandes triunfos.

El panorama político ha girado hacia la izquierda y hacia las fuerzas que quieren cambios profundos en nuestra sociedad, para poner fin al ciclo histórico iniciado con el Plebiscito de octubre de 1988 y al modelo económico-social neoliberal e institucional estatuido por la Constitución pinochetista de 1980, que pese a todas las reformas que se le hizo en las décadas siguientes siguió siendo en esencia el mismo. Hasta que la gente dijo basta un 18 de octubre de 2019.

Se abre ahora un período extraordinariamente desafiante. Desde luego respecto a la elaboración de la Nueva Constitución del país, tarea en la cual participarán sin duda no sólo las y los 155 constituyentes elegidos y elegidas el fin de semana, sino también “el constituyente 156”, es decir, un pueblo que seguirá atento y movilizado los debates constitucionales que tendrán lugar en esa Convención, haciendo también sus aportes a ello y a las definiciones a que se llegue. La Nueva Constitución será democrática no sólo por la forma en que se ha elegido a quienes la elaboren sino porque el proceso debe ser ampliamente participativo, para lo cual habrá que establecer los mecanismos de ida y vuelta entre los y las constituyentes que estén dentro y el “constituyente 156”.

Este proceso se inicia en el contexto de una elección presidencial, que ocurrirá precisamente cuando la Constituyente ya se encuentre plenamente funcionando. De hecho, al menos la mitad del mandato del nuevo gobierno estará fuertemente marcada por los trabajos de la Constituyente y el plebiscito de salida. Su rol, entonces, será no sólo gobernar el país sino mantener condiciones políticas de habilitación y facilitación permanente del diálogo entre los y las constituyentes y el amplio mundo de las organizaciones sociales que estará pendiente y activo en el proceso.

De allí que sea de la mayor relevancia que quien asuma la Presidencia de la República sea alguien que sepa sintonizar con esta tarea única e históricamente especial que se dará en el curso de su mandato. Desde luego, no puede ser nadie de derecha, por muy “social” o “socialdemócrata” que se pinte, porque ha sido precisamente la derecha -en todas sus variantes- la que nos ha tenido en esta camisa de fuerza institucional desde 1980 y que consistentemente se opuso a ir removiendo los elementos más democráticamente agraviantes de la institucionalidad impuesta por esta Constitución, que muere por la voluntad del pueblo chileno.

Por lo que quien conduzca al país tiene que ser una persona que tenga la experiencia y densidad política para entender y compartir los significados más profundamente democratizadores  y desestructurantes del proceso constituyente y que ayude, desde el gobierno, a que el pueblo chileno, el “constituyente 156 ”, tenga también una activa participación, poniendo los recursos del Estado al servicio de facilitar y posibilitar tal participación de manera organizada y amplia, y respetando la soberanía de las organizaciones.

Creo que esa persona es Daniel Jadue, y los socialistas, la izquierda y los sectores progresistas y transformadores del país en su conjunto debieran alinearse tras su postulación presidencial, a fin de tener la posibilidad de cerrar un ciclo histórico que un golpe militar truncó hace 50 años.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Germán Correa
Sobre la autora / el autor
Germán Correa
Sociólogo, académico y ex Presidente del Partido Socialista. Actualmente es integrante de "Plataforma Socialista".
Ver sus publicaciones →

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.