Columna de Gaspar León: Una crítica para una policía que necesitamos
El gobierno parece atrapado en una reducción permanentemente simplista en el que se encuentra el parlamento, toda vez que si queremos tener la policía que esperamos merecer como sociedad, no es coherente que la pauta con la que es evaluada su importancia sea simplemente si “puede disparar o no” en su labor.
En los últimos días, el frenesí culposo provocado por la muerte de carabineros en ejercicio de sus funciones a manos de delincuentes comunes, deja tras de sí, la penosa muestra de que el objetivo de la oposición no es otro que el revanchismo político, pero así mismo, que la coalición de gobierno cada vez despliega menos recursos políticos a su quehacer.
Al sopesar estos dos fenómenos socio políticos, uno cae en la cuenta del estado desastroso de la política nacional. Por un lado la derecha, esa que otrora realizó gestos de sumarse a una posición política que valide la democracia, en sus aspectos deliberativos y respetuosos de las condiciones mínimas de respeto cívico, por ejemplo dejando de identificarse con la dictadura como eje de sus objetivo políticos, y asumiendo el diálogo y el bien común como aspectos generales a respetar más allá de las diferencias políticas, ahora se ve enfrascada en una deriva autoritaria en la que priman aspectos solo revanchistas e infantilizados, queriendo “explicar” los aún irresueltos problemas del país, a partir de la influencia de un símbolo de lucha callejera, como es el folkloricamente llamado “perro matapacos”.
En la actual ilusión de la derecha, en el mal llamado estallido social del 2019, se persiguió la muerte real de carabineros, los que después eran “ofrecidos” al nuevo becerro de oro en sacrificio para las masas. Esta ilusión que busca instalar la derecha sin embargo puede ser rápidamente desmentida, no solo por lo absurdo del relato, si no que toda vez que el perro simboliza la defensa y protección frente a la represión policial, que dejó un saldo de más de cuatrocientos de casos de trauma ocular, y decenas de miles de denuncias de violaciones a los derechos humanos vividos por los chilenos.
Pero nuestra derecha parece cada vez más a gusto dentro de visiones populistas, con su “buena prensa” para aspiraciones electorales de personajes locales, pero sin considerar que esto puede llevarnos nuevamente al autoritarismo como forma política.
Sin embargo, por otro lado, a pesar de ese riesgo evidente en el actuar de la derecha, la izquierda, sobre todo la que actualmente gobierna, no parece poder establecer una hegemonía que se haga cargo de las demandas de la población que no se reducen a una u otra situación específica, como la muerte lamentable de carabineros, más allá de que ahora el contexto excepcional de delincuencia en nuestro país haga necesario su urgente actuar. Y no lo hace porque la izquierda gobernante se atribuye cierta culpa de haber sido “irrespetuosa” con la institución policial, como si sus críticas de la época del estallido del 2019, fueran producto de la ingenuidad juvenil y no del contexto brutal experimentado.
La conclusión respecto de la labor policial tanto antes como ahora es la misma, la policía uniformada, en tanto institución, no está en condiciones de poder dar una respuesta satisfactoria a las necesidades de la sociedad en su conjunto. En el análisis facilista, la actual crisis de carabineros depende de que la institución estaba siendo objeto de críticas, y no que a pesar de las circunstancias dolorosas de hoy, los hechos que motivaron esas críticas, no han desaparecido, y no se explican de manera mágica.
Así, el gobierno parece atrapado en una reducción permanentemente simplista en el que se encuentra el parlamento, toda vez que si queremos tener la policía que esperamos merecer como sociedad, no es coherente que la pauta con la que es evaluada su importancia sea simplemente si “puede disparar o no” en su labor. En el parlamento lo que falta es un diálogo que permita dar cuenta de las razones de fondo, de las causas de la situación actual de carabineros, ya que la policía que queremos no es un mero gatillo impersonal, si no que es dable esperar que su papel sea el ser parte y garante de la protección de la sociedad, y en ese objetivo, las demandas de “seguridad” de la población en su conjunto parecen no ser escuchadas, porque no pueden ser reducidas a sólo el uso de armas de fuego, fuera de todo contexto de sentido.
La demanda social actual es de protección en múltiples escenarios y situaciones, lo que incluye hasta hoy, también las acciones que ponen en riesgo la vida de las personas por parte del personal de carabineros, que es precisamente lo que simboliza el perro matapacos. En nuestra sociedad se pueden realizar muchas acciones en contra de la delincuencia, pero ninguna será suficiente, si aquellas no aportan a que la población se sienta protegida por el actuar policial, es decir, lo importante es que aquel a quien se le encarga el uso de la fuerza, sepa también y sobre todo cuando no usarla, y no que pueda disparar sin proteger.
Con el actuar revanchista ciego de la derecha cargado de populismo, que pavimenta además la llegada de posturas autoritarias, y con la izquierda atrapada en el congreso -no dialogante y mezquino en sus sentidos-, y al parecer sin interés, ni capacidad, de escuchar las demandas de la población en tanto interes general, la política nacional sostiene una penosa resistencia a la necesaria crítica que no solo carabineros debe hacer de su participación en los hechos que son de su responsabilidad, ya que de no realizarse, puede llevar a eternizar su crisis de legitimidad, desprestigio, y desprotección, toda vez que no será capaz de revertir lo que en su seno encuentra la razón de su mal proceder en una serie de hechos que tristemente se han acumulado en los últimos años.
Si realmente se quiere “proteger” a carabineros, se debe buscar la protección de toda la sociedad, comprendiendo que el papel de la policía uniformada es necesario para el estado de derechos que nuestra sociedad persigue y desea para todos en su conjunto, sin reducirlos a ser la “moneda de cambio” para un sector político que, idealizando sus errores o sus aciertos, divide a la institución, según la agenda de turno.
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