Cien años de Soledad: Pancho Vidal, el sepulturero de la Televisión pública
Vidal también nos ofrece “Doscientos años de soledad” y un solo lema: ¡Chile será la élite o no será! A la sazón, cómo obviar los “gerentes salvajes” que, a punta de cuñas, opúsculos, y manoseos nos ofertan la trama visual de un “capitalismo alegre” que carece de futuro. Es el totémico realismo que sustenta la actual “Concertación junior”.
Foto: Agencia Uno
El año del incesto termina con imágenes impunes y complicidades espamosas. Francisco Vidal ha sido designado -nuevamente- presidente del Consejo de Televisión Nacional y con ello restituye la capacidad de escándalo de nuestra “democracia con Viagra”.
Benjamin tenía un aforismo, “Convencer es infructuoso”. Y sí, Vidal solo promete una política de medios institucionalista, jurídica e intensamente elitario-hacendal. En suma, la comunicación de TVN no es para convencer a los no convencidos, no es hora de pedagogizar, ni generar contenidos públicos. El aforismo, “sobre-engendrar”, encierra la paradoja de algo “que no da frutos”. Y si convencer es infructuoso, el dispositivo Vidal solo quiere convencer al Presidente, a la primeras autoridades de ambas cámaras, al jefe de la corte suprema. Al fiscal y al Contralor. Le faltó agregar algo fundamental; “al empresariado”.
Ello es así porque lo público se reduce a un contrato oligarquizante con la facticidad neoliberal. No habrá contrato, ni rendimiento semántico del convenio, salvo algo fundamental: política de matinales como el somnífero para las audiencias infieles. Ni siquiera Sabatini con la emoción de construir audiencias públicas es necesario, porque nos debemos a la renta infinita del capital.
Sabatini es modernismo, retórica y ruina argumental. Hoy lo político en plena devastación solo será suplemento o figura remedial del tiempo administrativo y chascarriento que nos ofrece Vidal. Ciertamente, chisporrotea, y lanza una cuña a sus viejos camaradas de El Mercurio y compromete el consenso de las imágenes. Ya no es necesario que TVN deba manufacturar percepciones, movilizar sensibilidades, administrar reconocimientos ciudadanos y manejar el relato visual. Quizá el mandato es pulverizar los relatos, diluir todo en la promiscuidad de la contingencia y administrar la vigilancia chistosa.
Y al margen de una socialdemocracia laxa y un PC de realismos sesgados ¿qué nos ofrece Don Pancho? La risa -último residuo de la época- como espasmos del diafragma y solidaridad plebeya, la sátira y no el contenido. De un lado, administrar el futuro con relatos de gobernanza bufonesca, aceleración nihilista, furia cómica y, de otro, correlación de fuerzas, narrativas de la mesura alegre y ofertas fragmentadas del malestar. Todo se juega en el desencuentro entre hegemonía y vida cotidiana.
Vidal también nos ofrece “Doscientos años de soledad” y un solo lema: ¡Chile será la élite o no será! A la sazón, cómo obviar los “gerentes salvajes” que, a punta de cuñas, opúsculos, y manoseos nos ofertan la trama visual de un “capitalismo alegre” que carece de futuro. Es el totémico realismo que sustenta la actual “Concertación junior”.
Los personajes de la comedia con sus disparates encarnan la desigualdad cognitiva que ya está inscrita en toda práctica discursiva y social. Vidal es la póliza que requiere la velocidad financiera del capital para reubicar el dinero en la vida cotidiana. Por fin, es el clima que reclama la nueva creatividad mercantil para reencantar a los cuerpos pobres.
Hojarascas.
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