Opinión

Carta abierta: El mundo de la revuelta

Una respuesta a los discursos reaccionarios sobre la revuelta de octubre y las ciudades.

     

Sra. Directora:

Un arquitecto que escribe pésimas columnas se queja por twitter acerca de cómo la revuelta de octubre habría destruido edificios que antes exhibían sus luces para hacernos creer que estábamos en la más alta cumbre del desarrollo; el escritor Merino se lamenta que Santiago se volvió un sitio «eriazo» después de todo este proceso y así, para cierto imaginario, la ciudad ha devenido más fea, decadente, mala. Llena de polvo, rayados por todos los muros, árboles secos y viviendas improvisadas instaladas en plena Alameda. Para estos señores, la vitalidad, luces y limpieza, en suma, el orden se habría quebrado con la revuelta. Esta mirada no habría que subestimarla. Por el contrario, ¿que verdad podemos inteligir de estas impresiones propiamente “reaccionarias”?

Ante todo, qué fue la revuelta: un momento de total claridad, la irrupción de un conocimiento fulgurante que se resumió en la frase “Chile despertó”. Ni más ni menos. No fue la “causa” de la destrucción urbana sino el revelador de una urbanización destructiva. No fue la revuelta la que convirtió el paisaje de lindo a feo, de bueno a malo, sino el hecho de que jamás hubo algo así como “paisaje” pues con ella pudimos experimentar algo mucho más sutil y decisivo: las «ruinas sobre ruinas» que atestiguan el paso catastrófico del capitalismo simplemente se mostraron como tal. Sin luces, fiestas ni optimismos.

Tal como ha devenido, tal como se impuso el feroz capitalismo chileno. En los hoteles arruinados, en los muros rayados, en las calles sin nombres ni monumentos limpios que hubieron sobrevivido al “crepúsculo de los ídolos”, se instaló el «trabajo muerto» sin estetización, arreglo floral o, lo que la teología denominó por mucho tiempo «gloria». Capitalismo sin gloria. Después de la revuelta las ciudades no se volvieron más «desordenadas», «feas» o «malas» sino que se expuso a la luz del día lo que ya eran, lo que siempre fueron: destituida la «sugestión» sobre la que se consolaban las conciencias, irrumpió el mundo como verdaderamente ha sido. Feo, rudo, rayado, eriazo. Herido, en suma. El mundo de la revuelta.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.

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