lunes, julio 15, 2024

Cachagua, el lugar donde nada importa

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¿Es esa playa un lugar en el que todo se olvida? ¿Es ese lugar algo así como un paraíso, una isla de la fantasía donde el presidente cumple sus deseos de ser querido y requerido como no lo es en la “vida normal”? Al parecer, allá, donde la felicidad y la tranquilidad son relacionadas directamente no solo con lo material, sino también con el roce social, nada es tan relevante ni tan tremendo. Si se es de izquierda o derecha, no pareciera ser un conflicto, porque hay un manto de privilegios y relaciones familiares que lo cubre todo, volviendo invisible al verdadero país hasta que se llegue nuevamente a Santiago y se asuman las respectivas posiciones políticas e ideológicas.           


Sebastián Piñera se siente más libre en algunos lugares que en otros. Esta semana aparecieron fotos del presidente paseando por Cachagua como si nada pasara, como si el tiempo se hubiera detenido ahí, donde todo parece estar bien, tranquilo, lejos de una explosión social que sigue latente bajo una pandemia mundial.

Si uno ve las fotos sin conocer al personaje, no podría imaginarse que él es el presidente más rechazado de la historia reciente republicana de su país, ni menos que su gobierno es la demostración misma de la política corta, de la oportunidad pequeña, sin otra razón de ser que obtener puntos de poco alcance.

Es extraño lo que pasa ahí, en ese microclima social llamado Cachagua. Pareciera que todos sus pecados, errores y atrocidades, al mando de La Moneda en este último año, no existieran; como si todo lo que lo hace ser uno de los personajes más detestados de la contingencia nacional, no solo para la izquierda, quedara impune, fuera parte de otro mundo donde las cosas importan, son preocupantes y marcan el día a día de la ciudadanía.

Esta acción de Piñera en la playa cachagüina es diferente a las fotos que se sacó hace unos meses frente la controversial estatua del general Baquedano. En aquel lugar debía esperar una situación excepcional, como una cuarentena, para aparecer. En el mencionado balneario, en cambio, podía pasearse con gente a su alrededor que lo miraba y no lo molestaba; con personas que incluso llegaban a la conclusión de que sacarse fotos con él, sin mascarilla, no podía significar nada peligroso ni anormal en tiempos como los que vivimos.

¿Es esa playa un lugar en el que todo se olvida? ¿Es ese lugar algo así como un paraíso, una isla de la fantasía donde el presidente cumple sus deseos de ser querido y requerido como no lo es en la “vida normal”? Al parecer, allá, donde la felicidad y la tranquilidad son relacionadas directamente no solo con lo material, sino también con el roce social, nada es tan relevante ni tan tremendo. Si se es de izquierda o derecha, no pareciera ser un conflicto, porque hay un manto de privilegios y relaciones familiares que lo cubre todo, volviendo invisible al verdadero país hasta que se llegue nuevamente a Santiago y se asuman las respectivas posiciones políticas e ideológicas.

Y es que en Cachagua son todos amigos, son todos vecinos, gente que comparte algo más importante que las controversias contingentes. Son parte de un mundo en el que nada es grave. Algunos me dirán que a lo mejor no es más que una mentalidad propia de las vacaciones, pero me parece poco probable que en otro lugar de Chile sea tan fácil dejar de lado lo que se es en la crudeza santiaguina como en ese lugar.

En Cachagua, Piñera y muchos otros son más que autoridades o empresarios. Son personas que se atienen a sus propias reglas, esas que están marcadas por el tiempo que llevas visitando ese lugar. Si bien el apellido, debido a las nuevas familias de nuevos ricos que se han tomado los viejos templos de la antigua “oligarquía aristocrizante”, tiene nuevos significados, lo concreto es que todo ahí es leve, al lado del pesado presente de nuestro país.

Francisco Méndez
Francisco Méndez
Analista Político.

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