Blasfemias presidenciales. “El paraíso de los Memes”
El meme gozaría de un estatuto intensamente político y sería un estado de la contingencia que ha devenido en una forma estructural de la comunicación. El estado de la contingencia ha transfigurado los límites entre el “fake news”, su piratería visual, y los significantes del debate político abriendo una pregunta por el “estatuto de lo real”, so pena de los intereses de todo candidato.
El régimen de la comunicación neoliberal comprende una obsolescencia infinita de los discursos dislocados (significantes o fake news) ante cualquier relato ilustrado, documental o moderno. Ni que hablar de economías argumentales. El Chile Actual con sus semáforos Millennials , luces breves y lenguas vulgares, ha liberado un régimen discursivo donde muchos invocan a nombre de moralinas y éticas exóticas sobre el comercio sexual de la comunicación política.
En los últimos días, el candidato Sichel introdujo un efecto turbante en la discusión que excede lo satírico y ha puesto en circulación los símbolos de la prostitución mediática, cuya raíz se veía venir en los años 90’. Todo transcurre en medio de un verdadero manicomio lingüístico cuyo dispositivo fundamental fue la “hegemonía del matinal”. Aquí se pone en práctica una maniobra audaz, aguda, oportunista, pero profundamente experimental en espera que la adolescencia cultural del candidato Boric arroje errores y omisiones. Sichel intenta administrar la “ira social” del campo popular para domiciliar al Diputado de Magallanes como un dirigente estudiantil “cahorril” cuya biografía política se agotaría en los “patios de Pío Nono” esgrimiendo que no ha sido Padre, y que padece la ausencia de “experiencias vitales” o situaciones límites para manejar la sordidez del poder. En el fondo la arremetida mediática intenta develar a un Diputado travieso –no titulado- que se ha sostenido en el tiempo en virtud de sus “certezas de cuna”.
Pero también hay otras codicias a la hora de masificar por la vía de un “fake new” la tesis de un “Boric lame culo”, cuestión donde el candidato oficialista representa un travestismo mediático en desarrollo. Y sí, al igual que muchos otros abanderados, el ex DC activa un tráfico de necesidades y contubernios; la tarjeta BIP, las manos enllagadas por el sistema crediticio, la dominación pederasta, el villancico frustrado, las interminables filas en las instituciones públicas, la deuda hipotecaria que obliga al somnífero y la mentira obligada en la ficha de protección social –entre tanta gangrena del Chile emplazado por la revuelta (2019). Y sí, son recursos que ciertamente se agudizan en los usos y abusos de la ficha de “protección social”. En suma, irrumpe un estado de tumultos, o bien, una moral de la sífilis para la época enlutada dada la desmesura de la acumulación ciega de capital.
Más allá de sus intereses, del lenguaje boxeril o soez, a lo Tyson, el modelo de comunicación implica dinamismo, complejidad y vértigo para diagramar un Chile maldito (una “plebe de los parias”) y golpear aquel texto prevalente -épica de la marginalidad- donde cierta izquierda se arroga algunas ventajas para establecer más relatoría, y no representación, sobre los entramados calle (2019).
En un contexto donde todos hemos devenido “matinal” vuelve a ser relevante el “Meme”. Él mismo “Meme” que tuvo entre las cuerdas al Clinic luego de la salida de Pato Fernández. El “Meme” que inaugura una práctica comunicacional que ha tomado un rumbo estructural, disruptivo e invariablemente contingencial en las economías de la actualidad terciaria. El meme gozaría de un estatuto intensamente político y sería un estado de la contingencia que ha devenido en una forma estructural de la comunicación. El estado de la contingencia ha transfigurado los límites entre el “fake news”, su piratería visual, y los significantes del debate político abriendo una pregunta por el “estatuto de lo real”, so pena de los intereses de todo candidato.
En medio de aluvionales cambios generacionales, las tecnologías de la comunicación buscan uniformizar el discurso mediante la velocidad y la acumulación. El shock visual de las imágenes y los significantes espurios capturan el debate mediático invocando una nueva estetización tecnológica y, quizá, un condición propia de las autopistas del deseo y los narcisismos mesiánicos que acompañan la candidatura del Diputado Boric. Ciertamente, la sala de parto de todo esto fue el Matinal –cuyo epitafio es Julito Cesar ofertando sueños de oportunismo al mundo de la revuelta (2019)-. Todo ello ha dado lugar al relato de la contingencia como estructura permanente, emergente e inestable.
Pero ya lo sabemos, el uso de la tecnología terciaria implica cambios generacionales que fueron explícitos bajo la revuelta (2019) como una especie de “insubordinación digital” de las nuevas percepciones urbanas. El “Meme” ha devenido en la tecnología expresiva del presente. Amigo del WatsApp, gemelo del twitter y primo hermano de instagram y el oceánico tragamoneda de las redes sociales –incluyendo el inaferrable e imparable “fake news”. Todo esto fue posible por algo que las izquierdas por muchos años se negaron a socializar. El dispositivo “matinal” fue la institución discursiva que generó el lenguaje del presentismo viscoso y en ningún caso la apuesta periférica, ni menos una estricta “racionalidad cínica”. El agotamiento de los formatos televisivos abrió el espacio a los matinales donde el travestismo visual fue la consumación de la transición chilena. La modernización, con sus indicadores galácticos, convirtió el tiempo de lo permanente en una actualidad tediosa y vigilante de la vida cotidiana. Y así, seguirá Sichel, entre la irá, la mundanidad, y la necesidad de esperar el ansiado “error de Boric” por su eventual déficit de “experiencias vitales” (“bicameralismo psicológico”). La trama que se persigue es una posibilidad atmosférica, “Boric y el ansiado desatino” como la apuesta del momento. En cualquier escenario la perpetuación del presente solo augura un futuro abstracto: la consolidación de la desmemoria fugitiva. Quizá ello resulta más alevoso en el candidato Sichel por cuanto el simulacro supone transitar sobre los pactos elitarios para recuperar un texto en redes sociales y el campo popular administrando la fugacidad de los momentos y la destrucción del tiempo.
Toda vez que el “fake news” se ha naturalizado cabría preguntar al candidato Sichel –el acusador reactivo- cuánto “culo cabe lamer” si los “periodistas de Vitacura” hacen una sola pregunta, ¿Ante los muertos y tuertos de la revuelta Piñera merece ser procesado? Veamos qué ocurre allí. Pero más allá del gesto profanador de Sichel, y el despiadado e irrefrenable “fake news”, aquí se termina de consolidar una actualidad vaporosa y gonorreica que es el paradero de una época que no puede pensar su futuro. Ciertamente el problema excede con creces al propio Sichel. Aquí el fake es la tendencia de un orden semiótico que no puede ser interrogado con una moral de salón o el texto de los letrados, ni que hablar de las oligarquías académicas y sus pulsiones asperger. Ni siquiera alcanza con invocar que “La batalla de Chile” -exhibida por La Red- respondería a un retorno de los concertacionismos múltiples, o bien, a un mea culpa de los “gerentes salvajes” luego del llamado estallido social. Ahí Sichel es más atmosférico para entender que los problemas del capital se resuelven con más capital: El quid consiste en capturar nuevas audiencias y reciclar nuevos menos mestizajes, climáticos o invadidos por urgencias contingenciales. Todo ello tras un torbellino de profanaciones que hemos vivido en los últimos años. Hojarascas…
Temuco, 16 de septiembre.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



Deja una respuesta