¡Basta de Violencia Gineco Obstétrica!: Los Derechos Sexuales y Reproductivos son Derechos Humanos
Hay quienes hablan del derecho a la vida, del derecho a ser concebido. Pero que con tal de forzar gestaciones no sólo se pasa por alto el derecho de la mujer a decidir, sino que también se ignoran las condiciones en que se materna y las violencias que se viven día a día. A esto agregar que casi no se toca el necesario respeto al plan de vida que puede tener una mujer. Su vida y deseos quedan fuera de la ecuación para ellos.
Andrea es una amiga. Vive en una comuna periférica de Santiago y está embarazada y controlándose es su Cesfam y en el hospital que le corresponde. Vive de allegada con su pareja. A sus 37 semanas de embarazo los echaron a la calle. Mientras lidia con sus problemas familiares y de vivienda, sigue asistiendo a los controles que le corresponden. En uno de ellos, su médico tratante le dice que no debe estresarse, porque si no, no tendrá leche cuando nazca su hijo; además aprovecha de informarle que le harán una inducción la próxima semana. No entiende muy bien por qué, sólo le dieron la indicación y unos papeles para los trámites que debe hacer.
No es una niña, en una mujer de 30 años. No está interdicta ni tiene problemas cognitivos ni psiquiátricos. Una mujer adulta autovalente embarazada. Justamente es esa última palabra la que anula al resto, la transforma en lo más hermoso y frágil, tan femenina, llena de hormonas y como tal, sólo debe acatar. Ni hablar de conversar sobre parto o cesárea “respetados” (cuando de ninguna forma esto debiera ser una opción, siempre debe existir respeto y dignidad en la atención de salud). Va a estar sola en su trabajo de parto, parto y puerperio hasta el alta, no tendrá acompañante ni visitas. Es parte del protocolo, le dicen que es porque “nadie puede asegurar que el padre de su hijo no se ande paseando por el hospital”. Tampoco lo entiende, si pasaron viviendo juntos todo el embarazo, no le va a contagiar nada, ¿por qué se iría a pasear? No le encuentra la lógica. Ante esta violencia, se calla, asume y finalmente decide que tratará de olvidar, para no ensuciar el recuerdo de un momento que es importante para ella.
Hay tantas historias, abundan las vivencias de gritos, malos tratos y prácticas médicas que se realizan fuera de las indicaciones aceptadas por la Organización Mundial de la Salud. Pero pareciera que nada cambia, que el respeto se puede comprar. Pero ni siquiera está garantizado porque esto se presenta tanto en la atención en los sistemas público y privado, aunque con un nivel de desigualdad que se inclina a lo público. Como en todo, existen hospitales, profesionales y funcionaries que se esfuerzan y mantienen espacios amorosos para recibir al que llega y para su familia. Pero los relatos de maltrato abundan.
Hay quienes hablan del derecho a la vida, del derecho a ser concebido. Pero que con tal de forzar gestaciones no sólo se pasa por alto el derecho de la mujer a decidir, sino que también se ignoran las condiciones en que se materna y las violencias que se viven día a día. A esto agregar que casi no se toca el necesario respeto al plan de vida que puede tener una mujer. Su vida y deseos quedan fuera de la ecuación para ellos.
Y todas estas vivencias pasan y se mezclan porque aún nuestros cuerpos no importan. Se siguen sumando feminicidios, se siguen escuchando los gritos a las parturientas, se sigue queriendo desconocer que aún en el mejor de los casos todos los anticonceptivos tienen tasa de falla y se sigue negando el acceso a educación sexual integral desde la primera infancia.
No se puede seguir ignorando lo que cada día pasa, donde los derechos de las mujeres son persistentemente pasados a llevar por una estructura jerárquica y patriarcal como lo es la atención en salud. Por eso queremos que esto cambie, con una salud que nos proteja y no nos vulnere, donde podamos recibir partos con amor, con gestaciones deseadas, viviendo espacios libres de violencia, decidiendo sobre nuestros cuerpos. Pero para esto no basta con escribirlo ni decretarlo, hoy más que nunca, tenemos la responsabilidad de seguir denunciando y luchando como lo hacen muchas por mejorar estas condiciones. También tenemos la oportunidad de escribirlo en una nueva carta magna como un nuevo primer paso, uno más de un camino largo de lucha de organizaciones por la defensa de nuestros derechos. Somos más y seguiremos en las calles porque sabemos que no basta con votar, y no pararemos hasta que no tengamos que llorar a ninguna más. Hasta que la dignidad se haga costumbre.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



[…] https://lavozdelosquesobran.cl/basta-de-violencia-gineco-obstetrica-los-derechos-sexuales-y-reproduc… […]