Opinión

Basta de símbolos, ahora a lo material

El nuevo Presidente maneja muy bien la simbología que rodea al poder: sus suspiros, sus caras de asombro e incluso sus errores de protocolo formaban parte de un nuevo ethos, de una nueva forma de relacionarse con la historia, con los ritos republicanos y toda la maquinaria que incluye.

                     

Para quienes creemos en la política y sus símbolos, el cambio de mando del viernes 11 de marzo recién pasado fue tal vez uno de los eventos nacionales más importantes de los últimos 30 años. No sólo veíamos en escena una renovación generacional de enormes dimensiones, también éramos testigos del fin de los reflujos de la transición, los que tuvieron como protagonistas a Sebastián Piñera y Michelle Bachelet durante los últimos 16 años.

El nuevo Presidente maneja muy bien la simbología que rodea al poder: sus suspiros, sus caras de asombro e incluso sus errores de protocolo formaban parte de un nuevo ethos, de una nueva forma de relacionarse con la historia, con los ritos republicanos y toda la maquinaria que incluye.

El primer discurso fue un ejemplo claro de que había terminado algo . La forma en que el mandatario se dirigió a la ciudadanía, combinaba los dos terrenos por los que camina: el de las luchas identitarias y el de la larga historia de la izquierda chilena. Todo esto en un relato que pretendía darle perspectiva a lo que quiere que sea su gobierno.

Pero si bien aferrarse a los símbolos es una manera de relacionarse con la gente, tratando de explicar con gestos cuál es la impronta que se le quiere dar a una administración, cuando estos se convierten en el centro de un relato, lo cierto es que van perdiendo contenido; se van transformando en todo y nada a la vez. Por lo que parece importante ir entendiendo la diferencia entre la escenificación de ciertas ideas y su aplicación.

¿A qué me refiero? A que sería bueno irse distanciando un poco del constante “festival de los símbolos” como acertadamente dijo un conductor de matinal. ¿Por qué? Porque parece necesario ir a lo material. Trabajar en las condiciones materiales para que los paradigmas cambien de manera contundente, para ser más exacto.

Por más que haya una emocionalidad de la que muchos participamos y posiblemente seguiremos participando, si es que no se trabaja también en fortificar la tradición progresista chilena mediante acciones concretas de futuro, este gobierno desaprovechará la oportunidad única que tiene de comenzar un nuevo proceso político, con todo lo que ello implica.

Con esto no digo que se dejen de lado los gestos, ya que son esenciales para conducir una mirada del país, sino que estos vayan de la mano de otras cosas, de otros componentes que hagan de este comienzo de ciclo un camino con legados concretos más allá de las novedades protocolares.

Es una tarea ardua porque hay mares turbulentos e indomables que navegar; hay un país que en lo concreto es muy diferente de lo que ser; hay discursos, pretensiones y aspiraciones que no son todo lo que dicen ser. Hay un ciudadano que creció y se desarrolló, tal vez muchas veces a pesar suyo, en lo que critica. Y conducir todo esto, requiere más que el buen comienzo de este fin de semana.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.