Baradit y Lorenzini, el ejemplo de lo que la izquierda no debe hacer
La inmovilidad romantizada y la victimización autocomplaciente no deben ser un camino para seguir en un sector que quiere cambiar ciertas cosas. La política y las relaciones humanas son complejas, son eternas controversias en disputa. Si no se extiende eso, seguiremos a la deriva. Si se sigue pensando en la izquierda como los Baradit o las Lorenzini, entonces las derrotas serán muchas más de las que ya fueron.
Foto: Agencia Uno
Algo fundamental para la acción política es poder analizar lo que se realiza, cómo se realiza y bajo qué parámetros. Si pensamos el ejercicio de lo público sólo sobre la base de lo que se espera hacer y no sobre cómo se hace, entonces nos perdemos en discursos, en lindas ensoñaciones que lo único que logran es satisfacernos, llenarnos de orgullo por sentir lo que sentimos y tratar de lograr lo que queremos, sin que medie una mínima autocrítica.
Y es que en la política como en la vida cotidiana, si no hay un constante reformulamiento de lo que se hizo mal, entonces no hay un trabajo real que logre cambiar realidades o al menos conducir conflictos realmente.
En el caso de la CC, pocos han logrado hacer un análisis medianamente inteligente de lo que sucedió y de sus errores. Hay quienes con razón han apuntado al momento político (momento que, aunque no se crea, aún continúa), a la dispersión de las fuerzas, a la despolitización de quienes quisieron creer que podrían cambiar algo desde el individualismo corporativista de las causas particulares y las identidades. Sin embargo, pareciera no haber una crítica aguda sobre lo que se prefirió hacer en vez de tomar decisiones fundamentales que hicieran el proyecto constitucional algo viable y que perdurara.
Un ejemplo es Jorge Baradit, exconvencional y pseudo historiador que ha mirado la trayectoria vital del Chile con un sesgo ni siquiera ideológico, sino más bien intelectual. Según su mirada, como lo expresó en redes sociales, la derrota del 4 de septiembre tuvo como conclusión que hay una masa muy segura de lo que quiere, y que es la que representa al 38% del Apruebo, y otra difusa en sus objetivos y sus necesidades. Él, como lo señaló en su cuenta de Twitter, se siente muy orgulloso de ser de esa minoría uniforme (la que, agreguemos, no es tal; yo voté Apruebo y no creo pensar exactamente igual al escritor).
Los consecuentes, los amantes de sus causas y sus objetivos, aunque estos no se materialicen, podrían estar de acuerdo con esto y hasta aplaudirlo; sin embargo, la pregunta de quienes vemos a la política como la llave maestra para intentar abrir ciertos candados ideológicos, es ¿no sería mejor tratar de ir hacia esa masa con distintos intereses y lograr crear una alternativa que la represente? ¿Hacer lo opuesto no es acaso quedarse en la fascinación por lo que se cree que se es, un camino directo a la irrelevancia? No parece haber ningún tipo de raciocinio interesante al respecto.
Pero esto no es todo. En materia personal, también hay una izquierda que no es capaz de percibirse como sujeto. En una entrevista a El Mercurio, la fotógrafa y activista feminista Kena Lorenzini, a propósito de las acusaciones en su contra por acoso a una persona que trabajaba con ella en la Municipalidad de Ñuñoa, habló de lo complejo que era ser cancelada.
Si somos estrictamente cuidadosos, podríamos decir que las bromas que Lorenzini le hacía a la persona con la que trabajaba, no eran lo mismo que un acto de violación u otro tipo de abuso sexual o laboral. Pero, como lo hace en la entrevista, ¿es suficiente eso para acusar únicamente al sistema patriarcal en el que se habría educado de sus acciones? ¿Basta con responsabilizar únicamente a un imaginario muchas veces existente de lo que hizo? Esa es la gran pregunta que debería atravesar a todo el mundo de la izquierda en momentos como los que estamos viviendo.
La inmovilidad romantizada y la victimización autocomplaciente no deben ser un camino para seguir en un sector que quiere cambiar ciertas cosas. La política y las relaciones humanas son complejas, son eternas controversias en disputa. Si no se extiende eso, seguiremos a la deriva. Si se sigue pensando en la izquierda como los Baradit o las Lorenzini, entonces las derrotas serán muchas más de las que ya fueron.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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