Opinión

Bachelet: Entre la ONU y la mezquindad del Gobierno de Chile

Las declaraciones de Kast, de hace un par de semanas en ARCHI no solo resultan desafortunadas, sino derechamente vergonzosas en el contexto de lo que está en juego: la posición de Chile en el concierto internacional y el reconocimiento de liderazgos que, guste o no, han contribuido a construirla.

El día martes 21 de abril la ex presidenta Michelle Bachelet enfrentó en Nueva York un gran desafío de camino a la Secretaría General de la ONU. En esta instancia, los cuatro candidatos exponen su visión de las Naciones Unidas y responden las preguntas de los Estados Miembros en materias como la paz y la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos.

Esta instancia de evaluación se da en un contexto altamente polémico, el Gobierno de José Kast, ratificó que no apoyará a Bachelet en su candidatura, mientras Gabriel Boric desde Barcelona en el encuentro “En Defensa de la Democracia” en conjunto con líderes de la izquierda hispanoamericana, llamó a impulsar la candidatura Bachelet, quien podría ser la primera mujer Secretaria General en la historia de las Naciones Unidas.

En ese contexto de campaña, hace unas semanas, en la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, la ex presidenta Michelle Bachelet participó en una conversación que conmemoraba los 20 años del primer gobierno paritario en Chile, hito producido en el 2006 que marca un punto de inflexión en la incorporación de las mujeres en espacios de poder en nuestro país. La instancia no solo sirvió para revisar avances en materia de igualdad de género, sino también para poner en perspectiva una trayectoria política que, con matices y críticas, sigue siendo excepcional.

La carrera de Michelle Bachelet es, sin exagerar, superlativa. Fue la primera y hasta ahora única mujer presidenta de Chile, fue la primera mujer Ministra de Defensa en Iberoamérica. Fue la primera presidenta pro tempore de Unasur y la primera encargada de ONU Mujeres.

Entre 2018 y 2022 se desempeñó como alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. En su trayectoria es posible observar cómo abrió camino a espacios históricamente masculinizados y cómo fue capaz de proyectar su liderazgos más allá de nuestras fronteras, convirtiéndose en una figura reconocida en el escenario internacional. Cualquier persona de mediana inteligencia reconocerá que el paso de la ex presidenta por organismos internacionales no es casualidad, sino la consecuencia lógica de una ruta marcada por una amplísima legitimidad política y de un reconocimiento transversal a nivel global. 

En ese contexto, resultó particularmente llamativa una revelación realizada por Bachelet durante el foro: fue Sebastián Piñera quien la instó a ser la próxima Secretaria General de la ONU. Habría dicho Piñera: “Si tú quieres ser secretaria general, yo te apoyo y te propongo”  Más allá de las diferencias políticas evidentes entre ambos, la confesión abre una lectura interesante sobre cómo ciertos liderazgos, incluso desde veredas opuestas, pueden reconocer el valor estratégico que una figura como Bachelet representa para el país.

Piñera es, sin duda, un personaje profundamente polémico. Y no es posible, ni responsable, obviar que durante su gobierno se produjeron las violaciones a los derechos humanos más graves desde el retorno a la democracia, caracterizadas por una violencia policial inusitada y por el dramático resultado de centenares de mutilaciones oculares, sin embargo, aún así, nos muestra un estilo de liderazgo muy diferente al del Presidente en ejercicio.

La diferencia sustantiva entre Sebastián Piñera y José Kast no radica únicamente en sus matrices ideológicas, sino también en el modo de conducción política que proponen: de radical pragmatismo en el caso de Piñera, de radical dogmatismo en el caso de Kast.

Esta diferencia se visualiza con claridad en la comprensión del rol que Chile juega en el escenario internacional para cada uno. Piñera, pareció haber comprendido que la proyección global de figuras como Bachelet fortalecen la imagen y el peso del país en el mundo. Hay, en ese gesto, una comprensión de Estado que trasciende la disputa política contingente.

Kast, en cambio, se muestra atrapado en una lógica estrecha, lejana a las visiones que piensan el país de forma estratégica. Su quehacer en esta temática, pero también en materias como medio ambiente, educación, movilidad, están en el registro del denominado “gustito ideológico” propio de la batalla cultural que emprendió.

Las declaraciones de Kast, de hace un par de semanas en ARCHI no solo resultan desafortunadas, sino derechamente vergonzosas en el contexto de lo que está en juego: la posición de Chile en el concierto internacional y el reconocimiento de liderazgos que, guste o no, han contribuido a construirla.

Invitar a la ex presidenta a colaborar con instalar la “marcha Chile” a nivel global, en vez de ayudarla a conseguir un cargo estratégico a nivel mundial es francamente escandaloso, situación que se agrava al observar el leal apoyo de los Estados de Brasil y México.

Ha pasado apenas un mes desde el inicio del gobierno y ya resulta evidente que el Presidente Kast ha optado por abandonar el camino del diálogo que prometió, inclinándose en cambio por una lógica de confrontación intestina y de trincheras, inclusive en temas que conciertan amplios y transversales consensos. 

Su postura frente a la eventual elección de Bachelet como Secretaria General de la ONU deja al descubierto algo más profundo: el gobierno entrante parece mirar las situaciones con una lógica de corto plazo, incapaz de proyectar más allá del escenario nacional y actuando con una preocupante mezquindad. Así, no solo pierde una oportunidad de liderazgo internacional, sino que también empobrece la imagen y el rol que el país podría desempeñar en el mundo.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

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