Acabemos con la Constitución de la Desigualdad
Pienso en Gabriela Mistral y en las grandes mujeres artistas, pero pienso en todas esas mujeres que ganan menos en sus trabajos solo por ser mujeres. Pienso en el acoso y el abuso sexual, en todas las que hemos caminado por la calle rápido y con las llaves en la mano cuando es de noche y en todas las niñas que quisieron ser científicas y les dijeron que eran menos capaces que sus compañeros. Recuerdo a todas las mujeres que trabajaron siempre en sus hogares y a las que les decían que “no hacían nada” porque se quedaban en la casa.
¿Qué es lo primero que se les viene a la cabeza cuando piensan en Chile? A mí, se me vienen a la mente dos tipos de Chile. Veo nuestra hermosa cordillera nevada, y también veo a personas mayores recogiendo sobras de la feria, porque la mísera pensión que reciben se va casi completamente en remedios. Los veo llegando aún oscuro, casi de madrugada, a los consultorios para recibir atención médica.
Veo a la selección ganando la Copa América, pero también veo niñas y niños intentando seguir una clase por internet desde el techo de su casa. Siento la falta de calefacción en los liceos en invierno y veo con tristeza a niños y niñas terminando de jugar más temprano, porque sus calles no son seguras.
Pienso en Gabriela Mistral y en las grandes mujeres artistas, pero pienso en todas esas mujeres que ganan menos en sus trabajos solo por ser mujeres. Pienso en el acoso y el abuso sexual, en todas las que hemos caminado por la calle rápido y con las llaves en la mano cuando es de noche y en todas las niñas que quisieron ser científicas y les dijeron que eran menos capaces que sus compañeros. Recuerdo a todas las mujeres que trabajaron siempre en sus hogares y a las que les decían que “no hacían nada” porque se quedaban en la casa.
Pienso en proyectos de vivienda dignos como los que construyó Fernando Castillo Velasco, pero también en todas las familias que aún viven en campamentos. Pienso en todas esas madres y padres que vieron crecer a sus hijos sin una mesita y una luz para estudiar, mientras juntaban el ahorro para una vivienda que se demoró demasiado en llegar. Recuerdo a las dirigentas con las que trabajé y que se murieron esperando la casa propia y a sus compañeras, que siguen dando la pelea por sus comunidades.
Se me vienen a la cabeza nuestras universidades en rankings internacionales, y recuerdo la rifa que organizamos en una toma en Santiago para poder pagar la matrícula de la primera joven que lograba ingresar a la universidad. Me acuerdo de cuando fue a pedir ayuda a su municipio y le dieron un set de seis vasos. Aún siento nuestra impotencia y la humillación que sintió su familia.
Pienso en nuestras maravillosas playas, e inevitablemente recuerdo a Quintero y Puchuncaví y sus costas llenas de carbón. Me acuerdo de los niños y niñas intoxicados por un desarrollo económico que ha sido a costa de vidas humanas. Pienso en nuestra Petorca seca y las personas viendo a sus animales morirse por falta de agua mientras, un poquito más arriba, frondosos paltos están listos para su exportación.
Por estas reflexiones, experiencias y recuerdos, quiero ser constituyente. Llegó el momento de terminar con la Constitución de la Desigualdad.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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