Opinión

A propósito de la oposición, la unidad y la gente

La conclusión tramposa, plantea que un pacto desde la DC hasta el FA, a pesar de todas las contradicciones que existen, es la lógica idónea que permitirá derrotar a la derecha, pero esto no convenció el 2017 y por cierto que no convencerá ahora, pero que sobre todo esconde en su premisa una directa limitación a la democracia y sus amplios horizontes. Les invito a que hagan el intento de realmente comprender el 18 de Octubre con todas sus subjetividades y no solamente arrogarse su representación para ustedes, hoy la gente no necesita sus mea culpas, que por cierto valoramos, pero eso no los convierte en los llamados a liderar este nuevo Chile.

La noche del domingo, en el programa Estado Nacional, se insistía con el debate presidencial y el futuro articulado del poder tradicional del siglo XX. Por un lado se mostraba el desastroso y violento debate de José Antonio Kast, quien rápidamente buscaba posicionarse como el antagonista principal del ex gobierno de Michelle Bachelet, una estrategia gastada y principalmente  utilizada en las elecciones presidenciales del año 2017 donde JAK apoyó con su vida a su líder Sebastian Piñera, de este debate sólo se desprende el odio y la carencia absoluta de propuestas para el futuro.

Por otro lado, en el panel siguiente se graficaba una articulación inusual y no menos llamativa, entre quienes durante gran parte de la década pasada se empeñaron en apuntar con el dedo los casos de corrupción que había detrás de cada uno. Los protagonistas: Marco Enriquez-Ominani (PRO), Ana Lya Uriarte (ex jefa de gabinete de la presidencia de Michelle Bachelet) y Francisco Vidal (ex ministro de la Concertación). Nos llamaban con tono algo amenazante a la “unidad” -de siglas- para derrotar a la derecha y como nunca antes en la historia el díscolo y la Concertación volvían a la mejor de las amistades, nunca se los vió tan de acuerdo, como en ese programa.

Mientras esto sucedía, los llamativos eslóganes de las campañas del terror aparecían y la derecha del rechazo presentaba su brillantes menciones sobre Venezuela, la crisis, el miedo etc. (el guión de memoria), el niño símbolo de la Concertación (que de niño no tiene nada, pero de sí símbolo de la Concertación tiene mucho) nos decía que cualquier posición que no implique armar un pacto con ellos sería “hacerle el juego a la derecha”, ¿Se imaginan un ministro de la casta de Lagos, que no le haga el juego a la derecha?. La verdad es que después de tanta patria vendida, yo no.

La conclusión tramposa, plantea que un pacto desde la DC hasta el FA, a pesar de todas las contradicciones que existen, es la lógica idónea que permitirá derrotar a la derecha, pero esto no convenció el 2017 y por cierto que no convencerá ahora, pero que sobre todo esconde en su premisa una directa limitación a la democracia y sus amplios horizontes. Les invito a que hagan el intento de realmente comprender el 18 de Octubre con todas sus subjetividades y no solamente arrogarse su representación para ustedes, hoy la gente no necesita sus mea culpas, que por cierto valoramos, pero eso no los convierte en los llamados a liderar este nuevo Chile.

Para terminar, debo evidenciar que la falta de ideas y proyecto en el debate presentado ayer, daba vergüenza ajena, quiero ser optimista y creer que ninguno de los que estaba sentado ayer en esa mesa va a volver a gobernar el país y mucho menos llevarse la nueva Constitución para la casa, aún queda mucho que decir sobre el futuro de Chile y cada día me convenzo más de que la verdadera unidad es con la gente y las mayorías populares.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

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