Izquierda sorprende y lleva dos candidaturas a la segunda vuelta en Guatemala
Al igual que en 2019, Sandra Torres fue la más votada en la primera vuelta, pero esta vez enfrentará al ambientalista Bernardo Arévalo, hijo de un exmandatario progresista.
En una jornada llena de sorpresas este domingo (25/6), dos partidos de izquierda lograron llevar sus candidaturas a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Guatemala.
La primera vuelta de la carrera presidencial terminó con un resultado muy inesperado, pese a que el primer lugar fue para la misma ganadora de esa instancia en las últimas elecciones, en 2019.
Según información del Tribunal Supremo Electoral de Guatemala (TSE), luego de que se contara más del 95% de las urnas, la empresaria Sandra Torres, del partido de centroizquierda UNE (Unión Nacional de la Esperanza), obtuvo el 15,3% de los votos, con los que llega nuevamente al ballotage.
Esta es la tercera vez que Torres se postula a la Presidencia de Guatemala. En las otras dos veces ella también ha llegado a la ronda decisiva, perdiendo en 2015 contra el expresidente liberal Jimmy Morales (2016-2020) y en 2019 ante el actual presidente, el conservador Alejandro Giammattei.
Sin embargo, esta es la primera vez que se enfrentará a otra candidatura progresista en la segunda vuelta, prevista para el próximo 20 de agosto.
El segundo más votado este domingo fue la gran sorpresa de la jornada: Bernardo Arévalo, del Movimiento Semilla, que reunió el 12,1%, superando a todos los candidatos de la derecha.
La votación de Arévalo fue bastante inesperada ya que sus porcentajes en todas las encuestas publicadas durante la campaña oscilaron entre un 4% y un 6% de las intenciones de voto.
Además, Arévalo no fue la única sorpresa de la jornada. En tercer lugar quedó el candidato oficialista Manuel Conde, del partido Vamos, con el 7,8%.
También sorprendió el cuarto lugar del nacionalista Armando Castillo, del partido Viva, quien obtuvo el 7,4% de los votos.
Dos de los candidatos mejor posicionados en las encuestas fueron las grandes decepciones. El diplomático Edmond Mulet, exfuncionario de Naciones Unidas y líder del partido Cabal, de centroderecha, fue quinto con solo el 6,9%.
Sin embargo, la mayor frustración fue la candidatura de la extrema derecha, encabezada por Zury Ríos Sosa, hija del ex dictador Efraín Ríos Montt (1981-1983). Todas las encuestas la situaban entre los tres primeros lugares, y en muchas ella aparecía liderando, siempre con porcentajes superiores al 15%, a veces incluso por encima del 20% de las intenciones. Este domingo, sin embargo, obtuvo solo el 6,7% de los votos.
Sandra Torres
A menudo, el título de ex primera dama sirve para etiquetar a una mujer con la idea de que en el pasado ella era solo un apéndice de su esposo expresidente. Pero, en este caso, vale resaltar una particularidad: Sandra Torres se divorció de Álvaro Colom, quien gobernó Guatemala entre 2008 y 2012, antes de que este terminara su mandato.
Torres, empresaria textil de 67 años, se separó de Colom en 2011. Su trayectoria como realizadora de programas sociales durante el mandato de su exmarido la convirtió en la principal dirigente del partido de centroizquierda UNE, en el periodo en que el entonces presidente lideraba un gobierno con altos niveles de desaprobación.
Como primera dama, Torres creó y gestionó proyectos como Bono Solidario (transferencia de ingresos), Bono de Alimentos (adicional a la canasta básica), Escuelas Abiertas (educación para población de bajos ingresos) y Comunidad Produce (apoyo a pequeños productores rurales), además de ser una de las creadoras del Programa Nacional de Música para Niños y Jóvenes (apoyo a menores para estudiar música).
Cuatro años después, en 2015, la empresaria se presentó por primera vez a las elecciones presidenciales, liderando la candidatura de UNE. En la primera vuelta obtuvo el 19,8%, con una desventaja de apenas cuatro puntos porcentuales frente al más votado, el liberal Jimmy Morales, que obtuvo el 23,9%, lo que le permitió disputar la segunda vuelta.
Sin embargo, el resultado de la segunda votación fue categórico: 65,4% contra 34,6% a favor del candidato liberal, que resultó electo presidente.
En 2019, Torres volvió a postularse, obteniendo mejores cifras, pero el mismo resultado final: la empresaria ganó incluso la primera vuelta con un 25,5% a su favor, frente al 13,9% de Giammattei. Sin embargo, la unión de los candidatos de derecha en la segunda vuelta permitió la remontada del conservador, que alcanzó el 57,9%, mientras que ella obtuvo el 42,1%.
Por tanto, este es el tercer intento de Torres por llegar a la Presidencia de Guatemala, nuevamente por UNE, y nuevamente ganando la primera vuelta, instancia en la que fue la única que obtuvo porcentaje similar al que le atribuyeron las encuestas. Habrá que ver si logra en este ballotage imponer la máxima de que la tercera es la vencida.
Bernardo Arévalo
El sorprendente Bernardo Arévalo llegó a la segunda vuelta y ganó otros 40 días de campaña para intentar repetir la hazaña de su padre, el expresidente Juan José Arévalo (1945-1951), cuya historia contamos dirá en los párrafos siguientes.
Sociólogo de 64 años, nacido en Montevideo (durante el exilio de sus padres), Arévalo es líder del Movimiento Semilla, que se autodefine como un partido “ecológico, progresista y liberal”, aunque algunos analistas locales prefieren catalogarlo como “social liberal”.
Las posiciones políticas de la agrupación en el Congreso muestran similitudes con el estilo del presidente chileno Gabriel Boric: por ejemplo, considera a los gobiernos de Nicaragua y Venezuela como dictaduras y exige al presidente Giammattei una postura oficial de condena a Rusia y apoyo a Ucrania, con respecto al conflicto entre esos países.
Sin embargo, el vínculo más polémico del partido es con el presidente de El Salvador, el polémico empresario e influencer Nayib Bukele.
En estas elecciones guatemaltecas, el presidente salvadoreño no manifestó abiertamente su apoyo a ningún postulante, pero en el 2019, cuando la candidata del Movimiento Semilla era la exfiscal Thelma Aldana, el principal activo de la campaña fueron las declaraciones de Bukele, en las que pedía a la juventud votos y la que llamaba “futura presidenta”.
Otra situación que quizás también explique el fenómeno de Arévalo este año y por qué no fue captado por las encuestas es que, al igual que Bukele durante su candidatura en El Salvador (en el 2019), Arévalo y el Movimiento Semilla concentraron los esfuerzos de esta campaña en las redes sociales, sin hacer tantos actos públicos y mítines.
Familia Arévalo
Pese a su inesperado desempeño electoral, el apellido Arévalo no los círculos de poder en Guatemala. Su padre fue el escritor y expresidente Juan José Arévalo, quien gobernó el país entre 1945 y 1951, conocido por un estilo que se denominó “socialismo espiritual”, cuyo objetivo era “liberar psicológicamente al individuo”.
Durante ese gobierno, Guatemala llevó a cabo importantes reformas en salud y educación. También se creó el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), un referente en el país hasta los días de hoy.
Sin embargo, Arévalo tuvo que superar varios intentos de golpe de Estado para completar su mandato. La mayoría de estos ataques perpetrados por la derecha local fueron patrocinados por la empresa estadounidense United Fruit y la embajada de Estados Unidos en el país, como se recoge en el famoso libro “Las Venas Abiertas de América Latina”, del escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano.
En 1950, Arévalo padre eligió a su sucesor, el militar Jacobo Árbenz, quien mantuvo el programa de gobierno progresista pero no resistió los embates con la derecha y terminó víctima de un golpe de estado, en 1954.
Con el inicio de la dictadura del general Carlos Alberto Castillo, la familia Arévalo se vio obligada a huir del país y encontró asilo político en Uruguay, donde nació Bernardo Arévalo.
El clan volvería al país centroamericano recién a mediados de los Años 70, aunque todavía estaba vigente el régimen dictatorial en ese momento, bajo las órdenes del general Eugenio Laugerud. Juan José Arévalo murió en Ciudad de Guatemala en 1990, cuando el país ya había recuperado la democracia.



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