Hoy

El historial de inacción de Prosur en los conflictos regionales desde su fundación

Instancia promovida por Sebastián Piñera para tratar se lucirse como estadista se mantuvo silente ante el golpe de Estado en Bolivia, las crisis migratorias, estallidos sociales y los 600 mil muertos por la política negacionista de Jair Bolsonaro.


Se desató la polémica en Chile luego de que Sebastián Piñera hiciera una invitación por la prensa a Gabriel Boric para que lo acompañara en la cumbre de Prosur, opción que fue rechazada por el presidente electo.

La justificación para esa respuesta la dio Giorgio Jackson, quien expresó que “Prosur es una instancia que se creó con una motivación política”. Aunque esa declaración no está alejada de la realidad, hay un argumento aún más sólido para sostener la negativa a ese acercamiento: la completa inacción de Prosur ante casi todos los grandes temas vividos por la región desde su creación.

El Foro para el Progreso de América del Sur, más conocido como Prosur, fue inaugurado en marzo de 2019, en una ceremonia realizada en el Palacio de La Moneda, que contó con la presencia de mandatarios de derecha como Jair Bolsonaro (Brasil), Iván Duque (Colombia), Mauricio Macri (entonces presidente de Argentina), entre otros. El anfitrión Sebastián Piñera trató de lucir su liderazgo a nivel internacional, declarando que el nuevo organismo sería “un mecanismo de coordinación suramericana de políticas públicas, en defensa de la democracia, la independencia de poderes, la economía de mercado y la agenda social con sostenibilidad”.

Pero pasados casi tres años de aquella primera ceremonia, nada de lo pronosticado por Piñera se hizo realidad. Prosur se ha lucido por su omisión ante los más importantes retos que la región ha enfrentado en ese periodo, incluyendo muchos problemas justamente en los países gobernados por esos presidentes que participaron de aquella reunión inaugural – es decir, los países gobernados por la derecha.

En aquel mismo año de 2019, en el segundo semestre, América del Sur enfrentó tres episodios donde se comprobó la irrelevancia de Prosur. El primero fue la ola de protestas en Ecuador, a fines de septiembre y comienzo de octubre, promovida especialmente por las comunidades indígenas y organizaciones sindicales en contra de las medidas de ajuste económico anunciadas por el entonces presidente Lenín Moreno – que después retrocedió en sus decisiones.

Prosur no publicó siquiera una línea sobre lo ocurrido el Ecuador, y la misma postura se mantuvo días después, cuando el escenario de las protestas fue justamente el Chile de Sebastián Piñera.

El estallido social chileno se inició el 18 de octubre y fue mucho más profundo que el ecuatoriano, no solo porque las protestas se mantuvieron en la agenda nacional por mucho más tiempo, pero sobre todo porque la respuesta del gobierno de turno – reiterando, justamente el Chile del creador de Prosur, Sebastián Piñera – fue más violenta y antidemocrática: el mandatario chileno declaró la guerra a los manifestantes a los dos días del estallido y la consecuencia de eso fue que las fuerzas de seguridad pasaron a atropellar a los derechos humanos de quienes protestaban de forma sistemática, hechos destacados en la prensa internacional, específicamente los casos de violaciones a los derechos humanos y lesiones oculares, además de detenciones arbitrarias y condenas cuestionables basadas en la aplicación de la Ley de Seguridad del Estado.

Ante ese escenario Prosur repitió su postura ante lo sucedido en Ecuador: calló sobre lo ocurrido en Chile desde octubre de 2019, tanto respecto a las demandas sociales como sobre las violaciones a los derechos humanos.

Al mes siguiente, mientras los estallidos en Chile y Ecuador todavía no terminaban, surgió una nueva crisis institucional en Bolivia, donde sectores de la derecha aliados a las Fuerzas Armadas realizaban un nuevo golpe de Estado en el continente, derrocando a Evo Morales e imponiendo a la senadora Jeanine Áñez como presidenta de facto.

Aunque el principal actor internacional del episodio fue la OEA (Organización de los Estados Americanos), cuyo informe sobre las elecciones de octubre de 2019 sirvió de base argumentativa para la convocatoria de las protestas que desembocaron en el golpe, Prosur tuvo su cuota de participación, justamente al ser uno de los pocos organismos que respaldó el informe de la OEA – que fue cuestionado por distintos centros de estudios meses después –, y también por ser uno de los primeros en reconocer a Áñez como presidenta de Bolivia.

En 2020, la pandemia de Covid presentó una oportunidad para que Prosur mostrara su capacidad de coordinar grandes tareas de integración para resolver problemas complejos. Pero se lo desperdició en un par de reuniones virtuales que no agregaron nada a los esfuerzos de los países para adquirir vacunas o establecer protocolos en común para toda la región.

Uno de los mayores responsables por ese fracaso fue Jair Bolsonaro. El presidente brasileño se hizo conocido en el mundo por su postura negacionista con relación a la gravedad de la pandemia, lo que produjo una verdadera tragedia sanitaria en su país, que ya contabiliza más de 600 mil muertes por Covid. Tal situación tampoco generó cualquier reacción por parte de Prosur.

El abandono del foro por parte de los mandatarios que lo impulsaron quedó tan nítido que incluso el traspaso de la presidencia pro tempore dejó de seguir un periodo específico: Piñera mantuvo el cargo durante 21 meses y se lo entregó al colombiano Iván Duque en diciembre de 2020, y desde entonces nadie más se atrevió a tomar la posta.

Quizás por cábala, porque los reveses políticos son una de las coincidencias que han afectado a los presidentes pro tempore de Prosur. Piñera encaró un estallido social siete meses después de convertirse en el primer ocupante del cargo. En el caso de Duque, cinco meses después de iniciado su periodo, Colombia también se convirtió en escenario de protestas masivas de una sociedad exigiendo cambios profundos en el modelo económico.

El estallido social colombiano repitió casi todo el guion del chileno: ola de protestas masivas, violaciones sistemáticas a los derechos humanos cometidas por las fuerzas de orden del Estado, y sobre todo un llamativo silencio por parte de Prosur – al igual que otros órganos de integración del continente, como la OEA.

Por todo eso, Giorgio Jackson tiene razón en las declaraciones que dio a Radio ADN, cuando señaló que Prosur es “una iniciativa de un conjunto de gobiernos que tenían una misma sensibilidad y decidieron formar esta alianza, que no ha tenido mayor continuidad por parte de otros gobiernos, como el gobierno argentino, que no ha participado en esta instancia, y que perdió fuerza”. Cabe agregar que el alejamiento de Argentina se dio justamente después que el derechista Mauricio Macri entregó el poder al progresista Alberto Fernández, lo que refuerza el argumento del vocero frenteamplista.

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.