El ajedrez de la nueva Guerra Fría entre EEUU, China y Rusia

La provocadora visita de Nancy Pelosi a Taiwán agudizó un conflicto que todavía no explotó, pero deberá desencadenar situaciones que obligará a todos los países a tomar una posición ante un nuevo escenario en este mundo multipolar, y también lo tendrá que hacer Chile.

Cuando la congresista estadounidense Nancy Pelosi arribó a Taipéi, pese a todos los avisos de que su presencia en la capital taiwanesa sería tomada como una provocación hacia China –y efectivamente esa fue la intención de la Casa Blanca–, se diseminaron por las redes sociales los mensajes advirtiendo del posible comienzo de una Tercera Guerra Mundial, en el caso de que se iniciara un conflicto armado que involucrara a China y Estados Unidos, las dos grandes potencias económicas, militares y tecnológicas de los tiempos actuales.

La misma alarma se generó cuando empezó la invasión rusa a Ucrania y en otros momentos de la historia reciente en que chocaron las grandes potencias actuales. Esas reacciones son síntomas de un mundo en que la sociedad tiene que readaptarse al escenario en que Estados Unidos, la potencia que fue hegemónica por un par de décadas tras la disolución de la Unión Soviética, pasaron a tener que compartir su influencia con una Rusia que trata de volver a ser poderosa en el tablero geopolítico y una China que le grita a los cuatro vientos su proyecto de afirmarse como la mayor potencia económica del mundo en diez años más, o incluso antes.

Claro que de esa vez las preocupaciones son más justificadas ahora que el mundo ya convive con una guerra, la de Ucrania, que involucra a dos de esos países; aunque no solo a Rusia directamente, ya que nadie que sepa lo que realmente está por detrás de esa crisis puede negar que los intereses de Washington han influido en todas las decisiones de Kiev tomadas antes y después del inicio de la invasión.

Si se abriera un nuevo frente en Taiwán, forzando aún más la conformación de un bloque chino-ruso en contra del llamado Occidente –que solo contempla a los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, y no a los occidentales pobres de Sudamérica–, podríamos estar hablando del inicio de una guerra de mayores proporciones, quizás una Tercera Guerra Mundial, pero todavía no es así.

Todo parece indicar que China seguirá su estrategia sin caer en la provocación estadounidense. Pekín ha entregado declaraciones fuertes en los últimos días, señalando que habrá consecuencias por el gesto de Pelosi. Pero los tiempos para las milenarias culturas orientales no son los mismos que para el angustiado Occidente. Si alguien celebró en la Casa Blanca pensando que habrá una reacción bélica china en las próximas semanas –más allá de los ejercicios militares de esta semana, que equivalen a un presentar de armas, no una agresión– terminará frustrado.

Entrar en un conflicto armado en este momento no es una buena opción para el país asiático: lo obligaría a recalcular su plan para alzarse como primera economía mundial, además de poner en riesgo el cronograma de muchos otros proyectos militares, tecnológicos, incluso espaciales.

La única consecuencia más concreta que produjo la visita de Pelosi es la de quemar completamente cualquier puente de diálogo entre Washington y Pekín. Indirectamente, contribuye a un mayor acercamiento entre China y Rusia por razones estratégicas, al verse ambos países necesitados de una alianza que pueda confrontar a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

Aunque en una cosa Xi Jinping y Vladimir Putin tienen razón cuando coinciden en sus declaraciones recientes: este no es más el mundo unipolar y, por lo tanto, es muy relevante lo que tienen que decir otros países que no son parte del eje occidental, como Turquía, Irán y la India, entre otros.

Presidente chino, Xi Jinping

Por esa razón, el fortalecido presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, tiene mucha razón cuando dice que los países de América Latina tienen que estar unidos para ser un actor más en ese tablero. También lo ha dicho el mandatario argentino Alberto Fernández y el caudillo brasileño ‘Lula’ da Silva, ex Presidente y favorito en las encuestas para ganar las elecciones en su país este año.

Si hasta los mismos Estados Unidos están sufriendo en su propia economía las consecuencias por los errores estratégicos de la guerra de Ucrania; peor aún les está pasando a sus aliados europeos, por los indicios de inflación y otros problemas que algunos analistas prevén que podrán resultar en una recesión peor que la de 2008.

Todo eso agravado por la crisis energética que podrá generarse en el próximo invierno en el Hemisferio Norte en aquellos países que antes dependían del gas ruso y que ahora tendrán que comprarlo más caro a través de intermediarios; o comprar aún más caro a otros proveedores, o simplemente tener menos recursos energéticos que en otros inviernos y estar obligados a racionar en el período más rudo del año.

Un escenario que, además, ya tiene como consecuencia real el hecho de que muchos países empiezan a buscar alternativas para hacer negocios sin utilizar el dólar o el sistema de pagos Swift, lo que sería otro golpe fuerte a la hegemonía de Estados Unidos y de Occidente.

Al igual que México y Argentina, también Chile debería estar buscando su propio camino, o al menos un camino en conjunto con un bloque latinoamericano que busque defender los intereses comunes de la región en ese escenario, como proponen Obrador y ‘Lula’. El alinearse automáticamente a Washington ya no es la solución más razonable como fue en el pasado reciente.

Similar a lo que pasa en las negociaciones sindicales colectivas, América Latina tendría mucha más fuerza si pudiera estar unida para defender a sus intereses, ya sea para mantenerse al lado de Estados Unidos y de Occidente, pero ante condiciones más favorables al desarrollo de sus países –lo que permitiría, por ejemplo, exigir el fin de esa nefasta y antidemocrática política de sancionar económica y comercialmente a los países por discordar ideológicamente de sus gobiernos–, o para estrechar su relación con el bloque chino-ruso, su Nueva Ruta de la Seda y sus otros proyectos. Incluso, puede mantener una buena relación con ambas alianzas y buscar las ventajas ofrecidas de un lado y de otro, si sus diplomáticos tienen el talento para eso.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público.

Related Posts
¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.