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Discurso de Jaime Naranjo reivindica tradición de grandes oradores de la izquierda

Cuando no había TikTok ni Twitter, líderes progresistas como Salvador Allende, Fidel Castro, Nelson Mandela, Eva Perón, Lula da Silva y otros emocionaron multitudes durante largas horas de memorables discursos que hicieron historia.


Entre las cosas más interesantes de las más de diez horas de discurso de Jaime Naranjo, diputado del partido socialista (70 años) este lunes (8/11) en el Congreso es pensar que en otros tiempos, cuando no había los límites que las redes sociales imponen a la cantidad de tiempo o de caracteres, lo que entretenía a las multitudes en política, y sobre todo al público más joven, eran los grandes y elocuentes discursos.

Y en ese punto la izquierda, al igual que Naranjo, tiene mucho que decir, o sea, tiene muchos ejemplos que contar. En el Siglo XX no fueron pocos los ejemplos de líderes progresistas de gran relevancia política e histórica, y que además se destacaron por sus largos y elocuentes discursos.

De hecho, Chile tiene a uno de los grandes nombres de esa tradición. Salvador Allende es conocido en todo el mundo por el mensaje que transmitió desde el Palacio de La Moneda bajo ataque golpista, pero los chilenos recordamos muchos otros de sus grandes discursos, como el que entregó en el Estadio Nacional el día 5 de noviembre de 1970, cuando dijo que “están aquí reunidos con nosotros representantes de organizaciones obreras, venidos de todas partes del mundo; intelectuales y artistas de proyección universal, que han querido solidarizar con el pueblo de Chile y celebrar con él una victoria que, siendo nuestra, es sentida coma propia por todos los hombres que luchan por la libertad y la dignidad”.

El ejemplo de Allende seguramente inspiró a Jaime Naranjo, que era un veinteañero cuando escuchaba al entonces presidente de Chile. Una razón más para ingresar al Partido Socialista, partido por el cual ha sido elegido diputado cuatro veces e incluso senador entre 2002 y 2010, siempre como representante de la región del Maule.

Otro importante líder de izquierda que hizo fama por su capacidad oratoria es el cubano Fidel Castro. En esa época en que los largos discursos eran una marca de los grandes políticos, él se destacaba por prender a las masas con sus palabras durante horas, llegando incluso a ingresar al libro de los récords con uno de los cuatro discursos más largos de todos los tiempos – el que pronunció en abril de 1998, en la Asamblea General del Partido Comunista de Cuba.

Quizás sea más difícil encontrar nombres de mujeres para citar, visto que en aquellos tiempos las mujeres tenían muchos menos espacios, aunque eso no significa que no hubo voces femeninas importantes. En América Latina, la que se hizo más famosa por su elocuencia fue la argentina Eva Perón, incluso superando en ese aspecto – que no era cualquiera, sino que a Juan Domingo Perón, el caudillo que dejó un legado que sigue vigente en la política argentina. Su mensaje más famoso fue el de Día del Trabajador, en 1952, cuando además de inflamar a la clase obrera de su país, también reveló a la multitud sobre su cáncer, situación que fue retratada en el musical que lleva su nombre y en la canción “Don´t cry for me Argentina”.

También en los tiempos de Evita había otro líder progresista en Sudáfrica conocido por sus discursos. Se llamaba Nelson Mandela y era tildado por el establishment como un “terrorista”, razón por la cual su famoso discurso de 1964, el último antes de su encarcelamiento, no tuvo tanta trascendencia en su momento. Lo tiene en la actualidad, después de que salió de prisión, llegó a la presidencia de su país y puso fin al régimen del apartheid.

Uno de los últimos ejemplos de esa tradición de grandes oradores de la izquierda fue el brasileño Lula da Silva, pero más por sus años como líder sindical, cuando llenaba estadios en plena dictadura militar, a fines de los Años 70. El Lula presidente hizo su último grande discurso en 2002, cuando ganó su primera elección y habló durante más de una hora en el centro de São Paulo. Desde entonces, sus mensajes han sido menos largos, aunque sigue superando por mucho los políticos más jóvenes y su tendencia a la brevedad.

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