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Bolsonaro adopta estrategia fallida de Trump y pone en duda elecciones de 2022 en Brasil

Según la prensa local, Lula y Cardoso temen postergación de los próximos comicios presidenciales y que los militares apoyen a esta posible decisión debido a su participación en el Ejecutivo: ocupan siete ministerios y cientos de altos cargos en casi todas las carteras.


Hace un año, cuando faltaban pocos meses para las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, uno de los principales temas de la cobertura electoral no era el debate de ideas entre los postulantes sino que la teoría de Donald Trump, entonces mandatario y candidato a reelección, que denunciaba un fraude en los comicios incluso antes de que se votara, alegando problemas en el sistema de voto por el correo – modalidad de sufragio que siempre existió en el país pero que fue mucho utilizada más en 2020 debido a la pandemia del coronavirus.

Algo similar se está repitiendo en Sudamérica, pero con bastante más antelación. Es que el presidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, lanzó una campaña en contra del sistema electrónico de votación en Brasil, alegando que las máquinas que registran los votos no son confiables y el sistema estaría sujeto a fraudes realizados por hackers y otros.

Por lo mismo, lanzó un discurso de que el Ejecutivo podría intentar impedir la realización de las próximas elecciones presidenciales en el país – marcadas para noviembre de 2022 – si las autoridades electorales no adopten lo que llama de “voto impreso”.

Básicamente, la idea es que las máquinas que registran los votos impriman un comprobante de cada sufragio, que el votante depositaría en la urna convencional para que se realicen después dos escrutinios, uno electrónico y otro desde el conteo de todos los comprobantes impresos. De esa forma, el resultado de solo sería aceptado y oficializado caso coincidieran los números de ambos cómputos.

“Los votantes desean que para el año que viene el país tenga elecciones limpias, democráticas y con conteo público de los votos. No podemos aceptar que el resultado este bajo sospecha”, aseveró el mandatario brasileño.

Actualmente, y desde el año 2002, Brasil utiliza el sistema de urnas electrónicas que contabilizan el voto más rápidamente, arrojando un resultado oficial en cuestión de horas. Hasta entonces, el país tardaba días, casi una semana en concluir el escrutinio, cuando el país tenía cerca de 100 millones de votantes – en los días actuales, son más de 150 mil inscritos para sufragar, y el voto es obligatorio.

Además, las autoridades electorales brasileñas aseguran que el sistema es seguro e imposible de ser hackeado, debido a que las urnas electrónicas no están conectadas a internet, y que poseen un sistema que permite su auditoría de forma también electrónica, sin la necesidad de imprimir comprobantes de los votos.

Estrategia trumpista

El fraude electoral siempre fue un elemento del discurso de Bolsonaro, y un elemento raro, visto que él alega que hubo fraude en los comicios de 2018, pese a que él ganó las elecciones – asegura que habría vencido en primera vuelta, pero no explica porque el supuesto fraude no se realizó en la segunda vuelta.

Sin embargo, desde abril de este año, esa postura pasó a apuntar a los próximos comicios, en los cuales tratará de conquistar su segundo mandato. Lo curioso es que ese cambio de postura se dio pocas semanas después de que la Justicia de Brasil consideró inválidas las sentencias en contra del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva debido a que el magistrado que las dictó fue considerado sospechoso – hablamos de Sérgio Moro, quien después de condenar a Lula aceptó el cargo de ministro de Justicia de Bolsonaro.

Esa coincidencia refuerza la idea de que ese cambio de discurso del oficialismo tenga algo que ver con la estrategia de Donald Trump en Estados Unidos, de fomentar la idea de un posible fraude incluso antes de la votación – en el caso de Bolsonaro, muchísimo antes, faltando más de un año – por temor a una posible derrota.

Aunque para que esa coincidencia pueda sostener un rumor así tiene que estar amparada en cifras reales, como las encuestas presidenciales más recientes, que apuntan un crecimiento sostenido en las intenciones de voto de Lula, y una caída también constante en la popularidad e Bolsonaro desde aquel mismo mes de abril. De hecho, los sondeos más recientes indican que el exmandatario tiene 40% de apoyo, mientras que el actual está por debajo de los 25%, haciendo posible que se especule con un posible triunfo en primera vuelta, si la votación fuera hoy.

En Estados Unidos, esa estrategia no terminó bien. Tras concretada la derrota para Joe Biden en 2020, Trump ya tenía armado el escenario para alegar fraude en los resultados, por las dudas sembradas con meses de antelación. Sin embargo, la Suprema Corte del país y Senado Federal – incluyendo algunos personeros de su propio Partido Republicano – no apoyaron su relato. El magnate hizo un último intento alentando un grupo de seguidores a invadir el Capitolio e interrumpir la proclamación de Biden como ganador de los comicios, pero la iniciativa, pese a las bochornosas escenas que dieron la vuelta al mundo, no tuvo mayores consecuencias.

Consulta a militares

La postura de Bolsonaro de poner en duda las elecciones en Brasil en caso de que no se adopte el sistema de conteo de votos que él exige ha sido tema de preocupación de los expresidentes brasileños. Según la prensa local, dos exmandatarios habrían incluso consultado a altos oficiales de las Fuerzas Armadas sobre si el Ejecutivo contaría con el apoyo militar caso esa decisión se concrete

Además de Lula da Silva, quien tiene sus propios intereses por ser probable candidato y favorito en las encuestas, el otro expresidente a consultar a los comandantes castrenses fue su antecesor, Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), gurú de la centro-derecha brasileña y amigo personal del expresidente chileno Ricardo Lagos.

La prensa brasileña afirma que los exmandatarios habrían escuchado de las Fuerzas Armadas que los uniformados no apoyarán ninguna iniciativa que busque impedir la realización de las elecciones presidenciales de 2022, sea cual sea el sistema que se utilice.

Sin embargo, esa respuesta contradice un documento oficial publicado el pasado día 2 de agosto, firmado por los titulares del Club Militar, el Club Naval y el Club de la Aeronáutica – todas ellas entidades subordinadas a los comandantes militares –, que respalda la campaña de Bolsonaro por la impresión de los votos, alegando que “el TSE (Tribunal Superior Electoral, ente que organiza las elecciones en Brasil) bloquea sistemáticamente las propuestas de testeo del sistema solicitados por equipes externas, lo que podría llevar a la sospeche de que tienen algo que esconder”.

Cabe destacar, primero, que ese argumento no es verdad: en los años electorales, el TSE realiza un evento en que convoca a hacker y expertos en seguridad digital brasileños para que traten de vulnerar a las urnas electrónicas, para identificar posibles fallas de seguridad.

Otro detalle sobre la amenaza de los clubes militares es que en el día 10 de agosto, cuando la Cámara de Diputados de Brasil votó un primer proyecto defendiendo el voto impreso, curiosamente los militares realizaron un desfile de tanques cerca a la sede del Poder Legislativo – alegaron que es un evento que ocurre todos los años, lo que es una verdad a medias, porque ese evento siempre se realizó en las afueras de Brasilia, nunca en las proximidades de la Plaza de los Tres Poderes, donde también están el Palacio del Planalto y el edificio del Supremo Tribunal Federal, sede del Poder Judicial.

Finalmente, hay que recordar que cualquier postura de las Fuerzas Armadas sobre el gobierno de Jair Bolsonaro tiene que llevar en cuenta que las instituciones castrenses están demasiado involucradas como para no apoyar sus decisiones. Actualmente, el oficialismo cuenta con siete ministros con pasado u presente militar: Anderson Torres (Justicia), Augusto Heleno (Seguridad Institucional), Tarcísio de Freitas (Infraestructura), Walter Braga Netto (Defensa), Bento Albuquerque (Minas y Energía), Luiz Eduardo Ramos (Secretaría General de la Presidencia) y Marcos Pontes (Ciencia y Tecnología).

Sí, pasado o presente, porque cuatro de esos ministros (Pontes, Ramos, Albuquerque y Braga Netto) todavía son militares en servicio activo. Además de ellos, también hay cientos de uniformados activos u retirados, ocupando cargos en casi todos los ministerios. Y, para completar, el titular de la Contraloría General brasileña también es un militar (Wagner Rosário).

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