Ataques homicidas de bolsonaristas contra votantes de Lula marcan elecciones en Brasil
Al menos dos personas fueron asesinadas por manifestar su apoyo al ex Presidente, además atentados y amenazas a actos de candidatos de izquierda.
Hace una semana, el día 8 de septiembre, Brasil registró un caso grave de violencia política, ocurrido en la ciudad de Confresa, en el interior del país, cerca a la frontera con Bolivia: dos leñadores discutieron en su local de trabajo porque uno decía votar por el actual Presidente Jair Bolsonaro y el otro por el ex mandatario Luiz Inácio Lula da Silva.
Testigos afirman que ambos hombres defendían a sus candidatos hasta que la conversación avanzó de los gritos a los cuchillazos: en medio de la pelea, el bolsonarista Rafael de Oliveira, de 24 años, sacó un cuchillo y le acertó 15 veces en el rostro a Benedito Cardoso, de 42 años, adherente de Lula. En seguida, el asesino utilizó un hacha para darle un golpe final en el cuello del contrincante, que fue lo que le causó la muerte, según la autopsia.
Pero esta no fue la primera muerte registrada este año en Brasil asociada a la campaña electoral. De hecho, el otro caso también se trató de un adherente de Bolsonaro asesinando a un votante de Lula.
Ocurrió el 10 de julio en Foz do Iguaçu, ciudad cercana a la triple frontera con Argentina y Paraguay. El policía Marcelo Arruda realizaba una fiesta por su cumpleaños número 50 y su familia decoró un salón en un club local con fotos de Lula, su ídolo político. El gendarme Jorge Guaranho, fanático de Bolsonaro y también frecuentador del club, supo de la fiesta y decidió invadirla a los tiros, aunque no conocía a nadie en el evento. Arruda también reaccionó sacando su arma, pero murió al recibir tres disparos en su pecho y rostro. Guaranho también fue alcanzado por dos balas, pero logró sobrevivir y ahora enfrenta juicio por homicidio.
Además de esos dos casos que terminaron en muerte, Brasil ha registrando un número grande de casos de violencia política, casi siempre de bolsonaristas contra apoyadores de Lula o de otros candidatos.
Uno de estos fue lo que ocurrió el pasado 1 de septiembre, en una iglesia evangélica en la ciudad de Goiania, cercana a Brasilia: el comerciante Davi de Souza reclamó por un folleto distribuido por los pastores que defendía el voto en Bolsonaro y criticaba a aquellos que votaban por candidatos de izquierda y los acusaba de “ser contra la familia”, diciendo que la iglesia debería ser neutral en las elecciones.
Otro frecuentador de la iglesia, el policía Vitor Lopes, reaccionó a las quejas del comerciante con dos disparos en sus piernas. La víctima fue llevada al hospital y logró sobrevivir al ataque.
Más recientemente, el pasado día domingo 11 de septiembre, hubo otros dos casos. Uno de ellos fue en contra del líder social Guilherme Boulos y la lideresa Ediane Maria, ambos candidatos a la Cámara de Diputados por la coalición de Lula da Silva. Ellos fueron amenazados con una pistola por un apoyador de Bolsonaro cuando realizaban un puerta a puerta en la ciudad de São Bernardo do Campo, en la región metropolitana de São Paulo.
En el mismo día, en la ciudad de Salto do Jacui, en el extremo sur del país, la concejala Cleres Maria tenía su auto con adhesivos alusivos a Lula y el PT (el Partido de los Trabajadores, su partido y también del ex Presidente), el que fue investido por una camioneta del empresario Claudio Ottoni.
Lo insólito de este caso es que, tras destruir la parte trasera del vehículo de la víctima y empujarla hacia la vereda, el empresario aceleró su camioneta para huir del local del ataque, pero terminó sufriendo un accidente en un cruce pocas cuadras después, y falleciendo por el choque, mientras la concejala atacada por él sufrió solo heridas leves, además de los daños en su auto, por supuesto.
Todos esos casos representan un aumento preocupante en la violencia política en Brasil. Según un estudio del Observatorio de la Violencia Política y Electoral, realizado por la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil ha registrado 214 hasta fines de agosto de este año, es decir, no están contabilizados cuatro de los cinco casos recordados en esta nota, ocurridos en septiembre. Ese número es 32% mayor que en los comicios municipales de 2020, último año electoral en ese país.
La encuestadora Datafolha, una de las más prestigiosas de Brasil, corroboró ese escenario con un sondeo dado a conocer este 15 de septiembre que indica que 67,5% de los entrevistados tienen miedo de sufrir amenazas o agresiones físicas debido a sus posiciones políticas. Además, 3,2% aseguran que ya han sufrido ataques o amenazas desde que empezó la campaña electoral de este año, a fines de julio.



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