Victoria de Lula sobre Moro en la Suprema decreta el final melancólico de Lava Jato
El fallo de esta semana anuló las condenas al expresidente debido a la actuación ilegal del magistrado Moro, cuya postura quedó bajo sospecha tras su nombramiento como ministro de Justicia del gobierno de Jair Bolsonaro, lo que encendió el debate en Brasil sobre los límites de la lucha contra la corrupción y el lawfare.
El STF (Supremo Tribunal Federal de Brasil, instancia más importante del Poder Judicial de ese país) decidió este martes (23/3) dar la razón a la petición de los defensores del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva para declarar sospechoso al juez Sérgio Moro, de 13ª Corte de Curitiba, quien fue el responsable de liderar la Operación Lava Jato durante 5 años.
El fallo marca el final casi definitivo de Lava Jato, que en algún momento fue considerada la más importante causa anticorrupción en la historia de Brasil e incluso del continente – la causa investigaba la corrupción en la estatal petrolera Petrobras, y llegó a descubrir contratos sospechosos de la empresa también en países como Perú, Ecuador, Colombia e incluso Chile.
Sin embargo, lo que dictaminó el STF significa también un final melancólico para esa causa. Y no sin razón. Desde mayo de 2019, las acciones de Lava Jato han estado bajo sospecha, debido a un reportaje bombástico del sitio web The Intercept, que reveló una serie de conversaciones ilegales entre el juez Moro y los fiscales de Lava Jato, sobre todo los que estaban a cargo de la investigación a Lula da Silva.
Los magistrados de la Suprema Corte brasileña consideraron que Moro actuó de forma parcial e ilegal, al arreglar con los fiscales las formas como abordar a los testigos e incluso las ventajas que se iban conceder a algunos de esos, en el caso de que sus declaraciones involucrasen al exmandatario.
Las irregularidades de Lava Jato
Además, las conversaciones también dejaron al descubierto el espionaje ilegal realizado por Lava Jato al escritorio de los abogados defensores de Lula.
Otra situación criticada en la decisión de este martes tiene que ver con la operación del día 4 de marzo de 2016, cuando el juez Moro desplegó un equipo policial que intentó trasladar forzosamente al expresidente desde São Paulo para que entregara una declaración ante su corte en Curitiba. Tal episodio fue considerado por la Suprema Corte como una arbitrariedad, ya que se usó el instrumento conocido como “conducción coercitiva”, que solo cabe a sospechosos que no acceden a una intimación judicial, lo que no fue el caso de Lula en aquel entonces, puesto que ni siquiera había sido notificado con anterioridad.
También es importante recordar que la actuación de Moro en las causas relacionadas a Lula en Lava Jato también eran blanco de especulaciones de los analistas políticos, debido a que ellas impidieron que el expresidente se candidateara en las elecciones presidenciales de 2018. Tales dudas se hicieron más fuertes en noviembre de aquel año, cuando Moro aceptó la invitación de Jair Bolsonaro para ser ministro de Justicia de su gobierno – el entonces presidente electo había ganado los comicios pocos días antes, en gran medida gracias a la ausencia de Lula, generada por las decisiones de Moro.
Todas esas ilegalidades llevaron el STF brasileño a tomar esa decisión, que significa la anulación de las condenas impuestas por Moro contra Lula da Silva en el año 2017 por presuntas coimas recibidas en contratos realizados por Petrobras entre los años de 2011 y 2012 – cuando ya no era presidente, ya había sido sucedido por Dilma Rousseff.
Eso no significa que Lula está totalmente absuelto. Las investigaciones al expresidente tendrán que empezar desde cero, en manos de otros fiscales y bajo la evaluación de otro juez. Además, se determinó que la causa pasará a ser evaluada por una corte de Brasilia, y no más de Curitiba.
Los límites de la lucha contra la corrupción
The Intercept, el medio que reveló las conversaciones que provocaron la decisión de este martes, fue fundado por el periodista Glenn Greenwald, el mismo que publicó a través de WikiLeaks los archivos secretos de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos) los archivos secretos filtrados por el exagente Edward Snowden.
En el caso de los reportajes en Brasil, The Intercept accedió a los mensajes intercambiados entre Moro y los fiscales entre los años de 2015 y 2018 a través de Telegram. También fueron revelados vinculaciones entre los fiscales de Lava Jato y órganos investigativos estadounidenses, como el FBI (Buró Federal de Investigaciones de los Estados Unidos) y la CIA (Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos), aunque no se accedió al contenido de las reuniones entre ellos – solo se sabe que tuvieron encuentros tanto en suelo brasileño cuanto en territorio estadounidense.
También se destaca el hecho de que los mensajes fueron periciados y su comprobación fue autenticada por la Policía Federal brasileña.
Desde que esos reportajes fueron publicados, se encendió el debate en Brasil sobre cuáles son los límites de la lucha contra la corrupción. En ese sentido, el especialista en derecho Marco Aurélio de Carvalho afirma que el fin de Lava Jato debido a las irregularidades cometidas por Moro y los fiscales invita a cuestionar el rol de los magistrados en la necesaria lucha contra la corrupción.
“Nadie está en contra de aplicar sanciones a los responsables por la corrupción, pero lo que hubo aquí fue un juez que estuvo personalmente interesado en el éxito del caso a través de un resultado previamente determinado. Más que eso, se vio al juez asumiendo posturas de mando en relación a una de las partes, dando órdenes, exigiendo medidas, condicionando las audiencias, es decir, asumiendo finalmente la postura de quienes no están ahí para juzgar sino para ganar. Bastante parecido a como haría un entrenador deportivo, que reúne a su equipo en los entretiempos, lo orienta, lo arenga, le cambia las tácticas, pero lo hizo siendo el juez. ¿Imaginas que un juez lo haga a favor de uno de los equipos en un partido deportivo?”, analizó Carvalho, en artículo para Revista Fórum .


