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Somos hijos de la tierra: historias de músicos chilenos para el terremoto del 27F

Acá una detallada crónica de cómo vivieron el devastador sismo artistas como Los Jaivas, Los Fabulosos Cadillacs y Mauricio Redolés, entre otros.

El verano es época de eventos en Chile, hay festivales en todo el país. Por eso, el terremoto de 2010 no solo encontró a varios músicos locales e internacionales ad portas de realizar su show en lo que iba a ser la última noche del Festival de Viña; además, muchos otros grupos estaban -esa misma noche- en ruta, al fragor de sus giras veraniegas. 

En el marco del aniversario número 13 de uno de los desastres naturales más grandes que muchos de nosotros podamos recordar, compartimos algunas historias de cómo músicos chilenos y extranjeros vivieron el impresionante episodio telúrico que marcó ese año al país.

Los términos que ocupan los músicos y cronistas para recordar esta fecha son categóricos: el manifiesto de la madre tierra, la furia de la naturaleza, la fuerza de un Dios rabioso y pueril. Todos conceptos que expresan cuán pequeños podemos sentirnos y ser los seres humanos (incluso las estrellas de rock) frente a sucesos naturales de esta dimensión incontrolable.

El 26 de febrero de 2010 mi amigo y colega César “Sapi” Monrroy (mánager de Joe Vasconcellos) y yo, llegamos hasta la Región de Valparaíso. César me había invitado a trabajar junto a él en la producción y logística de lo que sería el show de Los Jaivas en la opertura del último día del Festival de Viña del Mar, marcado para el día siguiente.

Nos juntamos el 26 con María Ignacia Edwards, “Miñatu”, mánager de la banda, con quien hicimos una revisión en terreno de lo que sería la agenda de los autores de “Todos Juntos” en Viña, tierra natal del grupo. En ese momento, Los Jaivas estaban en Concepción, capital del Bio Bío, ciudad que horas más tarde sería el epicentro del caos.

Concepción tras 27F / Agencia Uno

Esa noche, César Monrroy y yo compartimos pieza en un hostal de Valparaíso, un lugar ubicado en la Subida Ecuador, ligado a un amigo gestor norteamericano, Timothy Bissig. El terremoto nos pilló en el hostal de Timo. Fue de 8.8 grados en su epicentro en el sur, 6.6 grados en Valparaiso. El sacudón en el puerto principal se sintió fuerte, aunque Sapi lo percibió con más potencia que yo. Yo dormía, y al principio no dimensioné totalmente la magnitud. Los estudiantes que en el lobby del hostal siguieron su fiesta, tampoco parecieron hacerlo.

¿Dónde estabas tú?

Los Jaivas, en teoría, iban a volar al otro día a Santiago y desde ahí viajarían por tierra a Viña del Mar; vivieron el terremoto en la capital penquista, uno de los lugares donde el movimiento se sintió con más fuerza. 

Justo ese día (26) ellos se habían presentado en el Estadio Atlético, en el evento del “Día de la chilenidad”. Tras el show se fueron al conocido hotel Terrano de Concepción. Allá, descansando en sus habitaciones, los pilló el movimiento.

Su baterista, Juanita Parra, asumió en ese instante, según la revista Nos, un “rol maternal”, de buscar cohesión. Sin embargo, tras escuchar la radio, sus palabras para el grupo dejaron de ser alentadoras. En los programas se hablaba de una eventual alerta de tsunami en toda Sudamérica. En el hotel y entre los integrantes reinaba el pánico. La madre tierra se había manifestado y la mayoría no sabía qué hacer.

Entrevistado para la citada revista Nos, Claudio Parra recordó así el momento: “Estábamos en el Hotel Terrano. Estaba cada uno en su pieza, no se podía hacer nada, uno no se podía mover. Juanita se colocó debajo del umbral de su pieza. Bajamos todos a los tres minutos del temblor”, recordó.

Juanita completó con estas palabras el relato de Claudio: “Yo me paré, abrí la puerta de la habitación y me paré en esa parte, porque así me habían enseñado. Yo sabía que mis tíos (Claudio Parra y Mario Mutis) estaban en el mismo piso, pero no abrían las puertas, entonces les empecé a gritar ‘¡levántense, abran las puertas, párense debajo de las puertas!’. Mario me contestaba: ‘¿Qué?’ (risas). Entonces por lo menos yo sabía que mis tíos estaban ahí, bien, pero al mismo tiempo era una desolación, una oscuridad. Yo esperé que terminara el movimiento, y justo la puerta de mi habitación estaba frente a la escalera de escape. A ese hotel hemos ido mucho, así que yo sabía que la salida estaba ahí. Paró un poquito y bajé por la escalera a toda velocidad, sin zapatos, en pijama, saliendo de este lugar que podía irse abajo completamente. Luego fuimos hacia el cerro”, narró la baterista. 

Los Jaivas, Festival de Viña del Mar 2011 / Agencia Uno

Su sentido de supervivencia es propio de alguien que ha vivido tragedias fuertes, tal cual fue la muerte en un accidente en carretera de su padre, el mítico baterista Gabriel Parra. Claramente, actuar con sensatez puede ser definitorio en un contexto límite como ese.

Los recuerdos de la banda del día siguiente se hacen también presentes: “Lo más increíble fue que cuando amaneció fuimos a recuperar las cosas, las maletas, todo; las recuperamos, luego cerraron el hotel y nos quedamos en la calle con todas estas cosas, y curiosamente llegaron dos van amarillas que decían ‘Municipalidad de Concepción’ a ubicarnos para llevarnos al aeropuerto”.

Pese al caos, el municipio cumplió con llevarlos en van al aeropuerto a la hora acordada. Pero con lo que ellos no contaban era con un aeropuerto cerrado. “Llegamos al aeropuerto y había un administrador que nos decía ‘desalojen inmediatamente el lugar, salgan todos’; entonces empezamos a decir ‘ah, no, a Viña no vamos a llegar’”, recordó Juanita.

“Entonces, vámonos en bus”, dijo Mario. Pero fueron al terminal de buses y la situación ahí era igual o peor. Aeropuerto cerrado, terminal colapsado, caminos cortados. El regreso a Santiago de Los Jaivas se tornaba imposible. El Festival de Viña se suspendía y el grupo se quedaría 48 horas en Concepción siendo testigos del caos. Alojaron en otro hotel que resistió mejor el movimiento telúrico. Dos dias después, sus integrantes lograron salir por fin de la ciudad en un vuelo FACH que los llevó de vuelta a Santiago. 

El terremoto, como vemos, desplegó casi por igual tanto la solidaridad como el individualismo. En aquellos días Los Jaivas supieron de municipios que ayudaron con traslados, hoteles que colaboraron con estadías de emergencia y pilotos y efectivos de la Fuerza Aérea que se dispusieron a ayudarlos. Pero también vieron los saqueos, el caos social y sus diversos y complejos rostros.

“El 27F vimos el paseo de los plasmas, de los robos y la policía disparando balines al aire para que la gente se dispersara”, dijo Mario Mutis. “Estaba la luz cortada, en el hotel había un generador, daban 15 minutos para bañarse y compartíamos la comida entre todos. Fuimos una tribu de nuevo”, dijo en referencia a los años que vivieron como comunidad en las afueras de París.

Llanto, dolor, sufrimiento de un pueblo se ahoga y se hunde en el mar

La mañana del 27F en Viña, mi amigo César Monrroy y yo llegamos hasta el Hotel Sheraton Miramar para ponernos al tanto de lo que pasaría con el evento. Recuerdo ver a Los Fabulosos Cadillacs, querida banda argentina, admirados por toda una generación de auditores, donde me incluyo; los Fabulosos figuraban sentados en el lobby del Hotel Sheraton Miramar, consternados frente a los hechos y, seguramente, definiendo qué hacer. Atentos a lo que ocurría en el sur. Pensando en cómo volver a Argentina, estando cerrado el aeropuerto de Santiago. El Señor Flavio, bajista y líder fabuloso, recordó el hecho a los pocos días en su blog, luego en su libro Las Crónicas del León y también para el sitio Hoy Chile. 

Los Fabulosos Cadillacs en Festival de Viña 2017 / Agencia Uno

“Aquello fue una cosa sin precedentes para nosotros; en el hotel, abajo, en la noche, había una fiesta; post terremoto estaba aglutinada la gente que estaba vestida toda de fiesta y los que estábamos medio en bolas, en calzoncillos, batas de hotel, con mantas», dijo.

Flavio recordó cuán angustiante era mirar los cristales del Sheraton Miramar que, como su nombre lo indica, miran directo hacia el Océano Pacífico. «Lo tensionante era el mar. En un momento me sentía como en el Titanic. No había nada que hacer, ni nada por hacer, aunque quisiéramos; salir corriendo a la calle no tenía sentido, era una calle devastada», narró Flavio.

El músico recordó, además, los minutos y horas posteriores al terremoto: «Estábamos en la terraza, tomándonos un café y escuchabas comentarios de señores que decían ‘se viene el mar’. Era una tensión, ‘(de decir) me tengo que ir de acá’, pero dónde vamos; otros decían ‘cálmense, si aquí no pasa nada’, pero veíamos en la TV que en algunos lugares había entrado el mar”, cerró rememorando esa angustia nocturna.

La banda argentina finalmente se fue por tierra en la tarde, viajaron en van hasta Mendoza y de ahí volaron hasta Buenos Aires.

¿Y quién mató a Gaete?

Al músico y poeta chileno, Mauricio Redolés, el terremoto lo pilló en Chillán, Región de Ñuble, donde tenía un show. En la tarde le ofrecieron una pensión no muy acogedora que pensó pedir cambiar por otra mejor que había visto cerca. A la noche, post show y post terremoto, descubrió que la pensión que había pensado pedir, se había derrumbado. La miró pensando que, de haber dormido ahí, de seguro habría muerto aplastado, convirtiéndose en un personaje similar al de su tema “Quién mató a Gaete”, en cuyos versos experimenta varias y terribles posibilidades de muerte.

Una vez a salvo, Redolés compartió sus recuerdos del terremoto en el medio digital El Ciudadano. “De pronto se liberó de un solo golpe toda esa energía de las 100 mil bombas de Hiroshima. Movió al edificio completo, apagó la lámpara y la lanzó lejos. Me puse los pantalones, y perdiendo el equilibrio salí al pasillo, donde un pasajero me dijo: ‘¿Terremoto?’, como si me ofreciera un trago. Sonó el celular. Brillaba angustiante atrás, en la oscuridad de mi cuarto, volví a buscarlo. Era K (su pareja), quien a gritos me decía del terremoto en Santiago. Traté de calmar a K y caminar por el pasillo, a oscuras, que se movía como micro atrasada. Terminé calmando al celular apagado”.

Mauricio Redolés
Mauricio Redolés / Agencia Uno

Luego vino la odisea de la vuelta a Santiago. “Salí a la carretera y me puse a caminar haciendo dedo. Pude comprobar cómo los buses, los autos, los camiones, las camionetas, nos hacían el quite a los desplazados. La mañana estaba rara. El paisaje me recordaba una vez más un Dios rabioso y pueril que había dejado sus marcas con filosos dibujos en el pavimento, en los silos, en las casas, en los incendios, en el raro vuelo de las aves. Me demoré 32 horas en llegar a Santiago. Desde aquí envío mis agradecimientos a los que me llevaron: al señor que iba a Pelarco; a Jorge, que administraba un criadero de cerdos; a Pablo, que había estado 14 años preso por razones políticas en the chilean democracy; a los dos buses interurbanos y al colectivero que me cobró treinta lucas entre Rancagua y Angostura. Y muchas gracias también a mis dos piernas que aún tengo adoloridas”, escribió.

El terremoto tuvo de todo. Solidaridad e individualismo. Humanidad y egoísmo. Ahí estuvieron los generosos automovilistas que ayudaron a Redolés a volver a Santiago, pero también quienes no quisieron hacerlo. 

Para los músicos, y en general para todo el mundo, el 27F fue eso, un momento de lecciones y también de contrastes. 

Vino desde el norte a la capital

La banda chilena Tomo Como Rey tuvo una singular experiencia: vivieron el terremoto en un bus de recorrido, venían del norte rumbo a Santiago. El movimiento los encontró junto a los otros pasajeros en pleno viaje. Fueron momentos de caos y confusión.

Rodrigo Medel, cantante y director del grupo, recuerda así el momento: “Era febrero, plena temporada de conciertos. Nosotros recién estábamos teniendo un poquito de reconocimiento con nuestro single ‘El Niño Maravilla’, y justo nos invitaron a tocar a Chañaral, ciudad cercana a Copiapó».

«Recuerdo que tocamos en la playa, en la tarde, y luego nos fuimos a nuestro lugar de descanso. Cerca de la medianoche nos duchamos y nos alistamos para que nos llevaran al terminal de buses (en ese tiempo viajábamos con nuestros instrumentos en buses de recorrido)», añadió.

«Llegamos justo a la hora de salida al terminal de buses de Chañaral, los pasajeros ya estaban dentro, y al vernos llegar con nuestros instrumentos la cara de malestar de la gente pensando cuánto nos iríamos a demorar en subir todo al bus, era evidente», continuó.

Rodrigo Medel, vocalista de Tomo Como Rey / Agencia Uno

«Y así fue: nos demoramos bastante en subir todo, las quejas de los pasajeros hacia nosotros eran notorias. Probablemente algunas de esas mismas personas un par de horas antes estaban haciendo palmitas para arriba y bailando un trencito con nosotros en la playa, pero ahora no importaba, ahora “había que irse rápido a la capital”. Logramos salir de Chañaral, entre el amor y odio de los pasajeros, al ratito después todo el bus se volvió silencio», relató.

«Ya en ruta, y a eso de las 3.34, suena mi celular, yo medio dormido contesto y es mi madre que me dice textual: ‘Negrito, hubo un temblor super fuerte por aca en Santiago, se cayó un mueble y varias cosas, pero estamos todos bien’. Yo entre mi somnolencia, semi consciencia, le dije ‘ya, ok, besitos, chau’. Y al momento que voy guardando mi teléfono en el bolsillo recapacito y despierto asustado. Me levanto del asiento y a viva voz digo: ‘pasajeros, hubo un temblor muy fuerte en la zona central, traten de ubicar a sus familias’, y reviso mi teléfono, pero ya no tenía antena por encontrarnos en el desierto sumado a la saturación de tráfico de llamadas. Me dirijo donde el chofer para que se comunique de alguna manera con una central y tampoco tenía respuesta. Al llegar a Copiapó, todo el mundo se bajó del bus y vimos cómo los postes de alumbrado (sin energía por el sismo) seguían moviéndose como bailando, parecían seguir de algún modo el ritmo de la tragedia».

«El día 27 teníamos una presentación en la séptima región, creo en Parral, sector muy cercano al epicentro. Obviamente, ni siquiera llamé para preguntar si iba o no el evento, era obvio que la desgracia se imponía”, escribió. 

Rodrigo Medel les dijo entonces a los músicos del grupo que seguramente el show de Parral se iba a suspender, el país y el sur estaban en estado de catástrofe. La mayoría de los músicos comprendió y se puso a disposición para futuros actos solidarios. Pero uno de sus músicos actuó con especial y llamativo individualismo.

“Sí, recuerdo que un compañero músico de sesión de la banda, me preguntó si iba o no el evento, me dijo que él había reservado esta fecha y que no le parecía justo perder su día de trabajo, a lo cual yo quedé atónito; preferí, de hecho, omitir su nombre en este relato. En suaves términos, traté de hacerle entender que lo que estaba ocurriendo era el terremoto más grande del último tiempo en Chile”, recordó. 

Para empezar quisiera abrir mi corazón 

Pese al caos, la confusión y la desorientación de algunos, lo más importante de ese momento fue la humanidad. Algunos músicos muy conscientes de la fuerza de su trabajo tuvieron hermosos gestos humanos y sociales, entre ellos Joe Vasconcellos, que días después hizo con su banda una memorable gira solidaria por albergues, visitando y apoyando a los afectados y sobrevivientes de la catástrofe. Un gesto hermoso que siempre se recuerda y del que se desprende un documental en YouTube.

“Decidimos acompañar a la gente y brindarles un momento de alegría, sincero y necesario, en una circunstancia tan difícil como esa», dijo Joe. «En momentos así es importante estar con la gente y entregarles un momento luminoso. Nos encontramos con imágenes fuertes, pero supimos entregar una palabra de aliento y un gesto de amistad», concluyó.

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