¿Qué está detrás de las decisiones de la Asamblea de El Salvador y el control del presidente Nayib Bukele?
Parlamentarios que apoyan al oficialismo acusaron al fiscal general Raúl Melara, de vínculo con partidos de oposición al presidente; misma excusa utilizada para derrocar a los magistrados de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de ese país. Se habla de una crisis del estado de derecho y una personalización del poder y estilo autoritario del presidente en ejercicio que tiene una alta popularidad y su partido político «Nuevas Ideas» fue el gran ganador de las elecciones recientes.
La agenda política de El Salvador en este sábado (1/5) tenía agendado solamente eventos protocolares, como la toma de posesión de la nueva Asamblea Legislativa, elegida en los comicios del 28 de febrero. Sin embargo, los parlamentarios recién juramentados decidieron mostrar servicio en su primer día y lo hicieron a través de medidas de confrontación al sistema judicial.
En las últimas horas de la noche, el parlamento salvadoreño decidió destituir al fiscal general Raúl Melara, acusado de poseer presuntos vínculos con un partido opositor al presidente Nayib Bukele – más específicamente ARENA (Alianza Republicana Nacionalista, que representa a la derecha tradicional). De hecho, también ya nombraron a un sustituto: Rodolfo Delgado.
Poco después, una nueva votación en la misma noche terminó con la destitución de los jueces que integran la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de ese país centroamericano.
Las razones, en este segundo caso, no se confesaron abiertamente, pero se presume que es casi la misma que en el otro caso, debido a que los magistrados afectados habían tomado decisiones recientes que incomodaron a Bukele.
Por ejemplo, frenando al menos 15 decretos suyos relacionados al enfrentamiento a la pandemia de covid-19, la mayoría relacionada con restricciones a la circulación de las personas en las calles. Esa situación rindió acusaciones del mandatario a los jueces, diciendo que “me están impidiendo cuidar de la vida de nuestros compatriotas”.
Todas esas decisiones legislativas también sirven como demostración de fuerza por parte del oficialismo, que alcanzó una grandiosa victoria en las elecciones legislativas del pasado mes de febrero, con la frente Nuevas Ideas (principal alianza de apoyo al mandatario) quedando con 66% de los votos, equivalentes a 56 de las 84 sillas disponibles, es decir, exactamente dos tercios.
También cabe recordar que no es la primera vez que el actual oficialismo salvadoreño aparece ligado a medidas autoritarias o de conflicto entre los diferentes poderes del Estado. En febrero de 2020, cuando el covid todavía no llegaba al país, el mismísimo Nayib protagonizó un episodio raro, en el que invadió el edificio de la Asamblea Legislativa junto con decenas de militares armados para presionar los parlamentarios a votar un proyecto de su interés – aumentar la capacidad de endeudamiento del Estado para financiar un nuevo plan de seguridad.
También conocido como “el presidente millennial” debido a su juventud (le faltan 3 meses para cumplir los 40), Bukele goza de una altísima popularidad en El Salvador, gracias a un gran carisma y excelente manejo de las redes sociales, factores con los cuales ha logrado que una gran parte del electorado le creyera a su discurso de rechazo a la política tradicional y sus protagonistas.
Los críticos del mandatario consideran sus medidas populistas, no solo los ataques a los demás poderes como los recursos que se han distribuido por el gobierno a los sectores sociales más vulnerables del país.



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