OEA se omite ante intento de Donald Trump de desconocer resultados en EEUU
El Organismo Internacional produjo el informe sobre las elecciones bolivianas de 2019, denunciando un fraude que nunca fue comprobado y usado como excusa para el golpe de Estado. En esta oportunidad, decidió guardar silencio sobre un presidente que amenaza crear una crisis política al no aceptar su derrota electoral en EEUU.
La expectativa por la definición de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, con la inminente declaración de Joe Biden como presidente electo del país norteamericano, ha servido para ocultar otras dudas también relacionadas a estos comicios estadounidenses.
Una de ellas tiene que ver con el rol de la OEA (Organización de los Estados Americanos), que ha destacado por su silencio ante el bochorno electoral estadounidense, no solo por la lentitud en producirse los resultados pero sobre todo tras el hecho de que uno de los candidatos se autoproclamó dos veces como vencedor de la disputa pese a estar segundo en el conteo de los votos, y además, en las mismas dos ocasiones, ha acusado la existencia de un fraude electoral que supuestamente justificaría su discurso, pese a que no ha presentado ninguna evidencia de que eso sea cierto. Y por si fuera poco, ese candidato es nada menos que Donald Trump, el actual mandatario estadounidense que busca su reelección, y lo dijo directo desde la Casa Blanca.
Pero para la OEA, esa situación no significa nada. En un informe presentado la tarde de este viernes (6/11), el equipo de observadores electorales de la entidad presentó un informe que destaca por su poca profundidad: básicamente, se preocupa en decir que no se ha detectado ningún tipo de anormalidad en el proceso, desde la votación hasta el cómputo de los sufragios, pero omite completamente ante los hechos paralelos a las elecciones, que no son temas menores y tampoco puedes ser ignorados.
En la noche de este jueves (5/11), el presidente estadounidense hizo declaraciones que serían inaceptables si lo hubiera hecho el mandatario de cualquier otra nación del mundo. Dijo que “en el conteo de los votos validados mi victoria está clara, pero debido a los votos ilegales (refiriéndose a los votos por correo, mayoritariamente favorables a Joe Biden) ellos pueden tratar de robarnos la elección”.
Además, trató de inflamar las ganas que tenían sus seguidores más fanáticos de desencadenar el caos si el resultado oficial no corresponde a sus expectativas – como debe ser lo más probable según las últimas cifras. Según Trump, “hay que aumentar los esfuerzos para proteger los votos de los estadounidenses, no podemos permitir que la corrupción nos tome esta victoria, y que nuestros votantes sean silenciados”.
Un discurso que estuvo al borde de la convocatoria de una guerra civil para desconocer los resultados electorales, pero que no mereció ninguna consideración por parte de la OEA. Ni tampoco sus consecuencias, que no fueron pocas: en Nevada, decenas de evangélicos hicieron un acto en frente a un centro de conteo de votos, para pedirle a Dios que interrumpiera el conteo. Algo parecido ocurrió también en Arizona, pero no obra de unas organizaciones religiosas, sino que por grupos armados de fanáticos del actual presidente estadounidense. También se reportaron amenazas a los centros de conteo en estados como Michigan, Wisconsin, Pensilvania y Carolina del Norte. Ninguno de ellos considerado como un hecho grave por parte de la OEA.
La entidad comandada por el diplomático uruguayo Luis Almagro tampoco hizo alguna referencia al hecho de que el comando de campaña de Trump protestó ante la justica por los resultados en todos los estados vencidos por Biden. Ni tampoco un comentario sobre el hecho de que todos esos indicios quizás puedan indicar que el actual mandatario no piensa en abandonar el poder, aunque los resultados oficiales determinen su derrota ¿Será?
Por lo pronto, lo que se puede decir es que Biden logró remontar los resultados en dos estados claves: Georgia y Pensilvania y necesita que solo uno de ellos lo confirme como ganador para terminar de reunir la cantidad necesaria de representantes en el colegio electoral para ser declarado presidente electo de los Estados Unidos.
Por su parte, la OEA, la misma entidad que acusó fraude en las elecciones generales de Bolivia en 2019, muestra su doble estándar, al presentar una cara muy diferente en el hemisferio norte.
El año pasado, tras Evo Morales ganar un nuevo mandato presidencial, en una victoria por 48% de los votos, la OEA presentó un informe acusando fraude en el proceso, aunque jamás pudo comprobarla. El documento fue cuestionado por diferentes centros de estudios de Estados Unidos y Europa, aunque solo después de haber sido usado como justificación del golpe de Estado que derrocó a Evo del poder, en noviembre del mismo año.
Casualmente, la OEA ahora se ve ante unos comicios en que uno de los candidatos también asegura que hubo fraude, y también sin presentar pruebas de ello, y amenaza con esparcir el caos si sus deseos no son cumplidos. Pero la entidad, que también tiene su sede en Washington, ha preferido, al menos hasta ahora, la postura del “aquí no ha pasado nada”.



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