«Es humillante que se queden con nuestro dinero»: El drama de los profes de Til Til que exigen el pago de deudas previsionales
Profesor Richard Pizarro
Alrededor de doscientos docentes decidieron paralizar sus funciones desde este lunes en los 9 colegios de la comuna, demandando que la Corporación Municipal se haga cargo de millonarias cotizaciones impagas.
Desde este lunes en Til Til, en la Región Metropolitana, los docentes están movilizados. Organizados en el Sindicato de Profesores -que agrupa a 157 de los 200 que hay en la comuna- han paralizado los 9 colegios que ahí funcionan, en demanda del pago de deudas previsionales que se han arrastrado por años. La movilización, en principio, está proyectada por dos semanas.
Un escenario que podría agudizarse a futuro, como advierte el profesor Richard Pizarro (42), cuando los establecimientos pasen a manos de los llamados Servicios Locales de Educación. «Si nosotros no tenemos las deudas pagadas, esto va a quedar como deuda histórica, y se va a transformar en lo mismo que pasó en los años ’80», explica. «Hay profesores que han muerto sin recibir su jubilación y sin que les hayan pagado sus imposiciones. Hay algunos que están esperando desde 2016 su bono de jubilación», enfatiza.
Pizarro plantea que junto con su exigencia a la Corporación Municipal de Educación, entidad responsable de dichas deudas, esta se debe extender igualmente al Ministerio de Educación. «Nosotros hemos hecho todo lo que el ministerio nos ha dicho, pero ellos no han hecho nada por nosotros. De hecho, el ministro (Raúl Figueroa) nos trató hasta de flojos, nos dijo que estábamos de vacaciones, cuando trabajábamos de lunes a domingo, respondiéndole a los niños. Yo no sé qué hace el ministerio que entrega dineros y no pide cuentas, y si las pide y no le llegan, le da lo mismo», apunta el docente.
«ES INDIGNANTE, POR ESO POR PRIMERA VEZ EN LA VIDA NOS MANIFESTAMOS»
La voz de los que sobran conversó con Richard, profesor de Matemática de 1° a 8°, y de Lenguaje en este último curso. Junto a su esposa -Elizabeth Villena, también docente de Lenguaje- trabajan desde el año 2016 en la escuela rural Capilla de Caleu. Desde entonces que arrastran problemas. Su situación es simplemente dramática.
«No nos pagaban cotizaciones; las declaraban, pero no las pagaban. Después las pagaban. Luego volvieron a declararlas y no pagarlas, y en un momento dejaron de pagarlas de frentón», relata el profesor, hecho que ocurrió a partir de 2017, y que se extendió igualmente a la prestación de salud y al ámbito financiero. «Yo tenía un crédito social en una caja de compensación, y me lo descontaban, pero no lo pagaban», explica.
Richard y su esposa, con quien tiene tres hijos, se dieron cuenta de lo que ocurría cuando quisieron comprar un nuevo automóvil. «Cuando fuimos a pedir un crédito, no pudimos porque yo estaba en DICOM, sin tener ninguna deuda de una casa comercial ni nada, y además no tenía cotizaciones pagadas. No estaban pagando mi caja de compensación y tampoco estaban pagando las cotizaciones, solo declarándolas», profundiza.
Hasta ahora, sin contar el mes de abril, Richard contabiliza 32 meses de deudas previsionales, lo que se traduce en cerca de 5 millones 600 mil pesos. Una cifra nominal, advierte el profesor, que no considera los reajustes, intereses y la rentabilidad que ha perdido durante todos estos años. En el caso de su esposa, lo adeudado es solo un poco más bajo, alcanzando los 5 millones 900 mil pesos.

«Lo más grave es que ahora, no solo dejaron de pagar sino que también de declarar, y al hacer eso ahora estoy sin cobertura de salud», enfatiza.
En 2019 a Richard le declararon una enfermedad autoinmune, que le significó perder el 90% de la visión de su ojo izquierdo: esclero uveitis posterior difusa. Entonces no pudo hospitalizarse en la clínica porque el cheque en garantía que les exigían les fue rechazado justamente por estar en DICOM. El docente debe consumir 19 pastillas diarias. Una caja de estas cuesta $140.000. Debe tomar tres al mes. Junto con ello, en caso de una crisis por su patología, Richard debe ir a los únicos tres recintos en donde pueden tratarlo, todas costosas clínicas para las cuales hoy no cuenta con cobertura.
«Ha sido súper complejo, humillante. No nos dan crédito en ninguna parte, no nos podemos comprar una casa, un auto, porque no tenemos las imposiciones pagadas», enfatiza el profesor, quien agrega que además no han recibido los beneficios otorgados por el Estado «porque tenemos un sueldo de ricos, según el Gobierno, porque supuestamente estamos en el 10% más rico del país».
La frustración que siente Richard tiene también que ver con la nula sintonía de su actual pasar económico con la calidad de docentes que representan ambos. «El Ministerio de Educación nos pidió que nos evaluáramos. Estamos en las más altas categorías. Yo estoy en Experto 1, mi esposa en Avanzado, y el año pasado lo volvimos a hacer, y yo accedería a la categoría de Experto 2, que es lo máximo a lo que se puede acceder. Yo estoy en la Red de Maestros, tengo un magíster, me he sacado la mugre estudiando y preparándome para hacer buenas clases, el año pasado estuvimos haciendo clases de lunes a domingo con mi esposa, pagamos Internet de nuestro bolsillo, tuvimos que mandar a reparar nuestros computadores para poder hacer clases, tuvimos que comprar material didáctico para ello, la escuela en la que trabajamos tiene excelentes resultados en el Simce, y nos tratan de esta manera indignante», reflexiona Pizarro.

En el año 2018, el curso de 8° básico que estaba a su cargo en las asignaturas de Ciencias y Matemáticas fue uno de los 20 premiados de la Región Metropolitana por el reconocido proyecto Explora Conicyt del Ministerio de Ciencia. «Es una escuela rural, de la punta de la loma, que nadie conoce. Tenemos 50 alumnos y fuimos reconocidos entre el Colegio Alemán, el Liceo de Aplicación y el Instituto Nacional», destaca.
Además, Richard fue seleccionado entre los 20 finalistas del Premio Enseña Sustentable de la Universidad de Desarrollo (UDD) y la Universidad de Talca. «Si quieren hablar de calidad de la educación, preocúpense de la calidad en la que estamos los profesores», enfatiza el docente.
«Es humillante que un ministro nos diga flojos y que más encima otro tipo se quede con nuestro dinero, y que no tengamos acceso a nada. Es humillante, indignante, y por eso ahora con mi esposa por primera vez en la vida nos manifestamos», concluye el profesor Richard Pizarro.



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