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Ecuador: entre el regreso del correísmo o la profundización del neoliberalismo

De los cuatro sondeos más recientes, tres indican ventaja del joven economista Andrés Arauz, apoyado por el expresidente Rafael Correa, y el último indica victoria del banquero Guillermo Lasso, aunque en todos los casos la diferencia es muy pequeña.


Dos meses después de una polémica primera vuelta, Ecuador vuelve a las urnas para decidir quién será su nuevo presidente, entre dos candidatos que se presentan como cambio, aunque en realidad tienen poco de novedad.

Uno de ellos es el joven economista Andrés Arauz, que aspira a ser el más joven presidente de su país con sus 36 años recientemente cumplidos (en la misma semana que ganó la primera vuelta). Su candidatura nace del apoyo que recibió de Rafael Correa (2007-2017), para quien trabajó como ministro del Conocimiento y Talento Humano en sus dos últimos años de aquel gobierno. Por lo mismo, su campaña tuvo como principal desafío mostrar que no es solo un cumple órdenes de su exjefe y que tiene su propia personalidad y una propuesta nueva.

Andrés Arauz.

El contrincante es el banquero Guillermo Lasso, dueño de una de las más grandes fortunas del país. Aunque no es propiamente un oficialista – de hecho, también fue candidato derrotado en la segunda vuelta de 2017 – se puede decir que representa más que una continuidad del actual estilo de gobierno, quizás una profundización.

Las encuestas más recientes no apuntan a un claro favorito. Tres de ellas dan como ganador al correísta. Según Atlas Intel Arauz vencerá por 50,9% contra 49,1%, mientras la consultora Omar Maluk dice que el joven economista obtendrá un 53,7% contra un 46,3% del banquero. El tercer escenario pró Arauz en realidad es casi un empate total: 50,1% contra 49,9% según la consultora Eureknow.

La única encuesta favorable a Lasso es la de Cedatos, que le da como ganador por 52% contra 48%. Pero lo que resalta en todos los sondeos es que la diferencia siempre está dentro del margen de error, por lo que es completamente imprudente apuntar a un favorito para estos comicios.

Déjà vu del 2017

Para entender mejor las contradicciones de esas elecciones ecuatorianas, se hace necesario recordar el escenario de hace cuatro años, que no era muy distinto al que tenemos en este domingo (11/4): el candidato del correísmo, que en aquel entonces era Lenín Moreno, contra el candidato del establishment económico, con el mismo Guillermo Lasso, que vuelve a representar ese papel en la actualidad.

En aquel entonces, Moreno venció por una muy pequeña diferencia (51,16% contra 48,84% según los resultados oficiales) que fue contestada por Lasso, aunque sin éxito.

Sin embargo, Lenín Moreno comprobó en su gobierno que no era el representante de Correa, pese al apoyo decisivo que recibió del caudillo durante la campaña. Distanciarse del correísmo fue una de las prioridades del nuevo mandatario, no solo en cuánto a las figuras o estilos de gobernar (menos centralizador), como también en términos de proyecto (menos participación del Estado y más políticas de interés del mercado financiero).

El quiebre entre Lenín Moreno y Rafael Correa pueden explicar un poco esta rara segunda vuelta de 2021, en la que por un lado el correísmo asegura que su candidato (Arauz) no será un nuevo traidor de su causa (aunque entre los oficialistas se dice que Correa fue el verdadero traidor, pero ese es otro cuento) y por el otro está el excontrincante de Moreno que ahora parece ser el mejor defensor de su legado, pese a no ser exactamente un aliado.

Repercusiones del 2019

En los últimos cuatro años, Ecuador ha vivido muchos problemas económicos y sociales, con una importante caída de la inversión pública, lo que resultó en aumento de la inflación y del desempleo. La situación de crisis llevó el gobierno a solicitar ayuda al FMI (Fondo Monetario Internacional). El órgano otorgó un préstamo de 6,5 mil millones de dólares en 2020, pero antes de eso, a fines de 2019, el país vivió jornadas diarias de protestas sociales, que ocurrieron casi que en paralelo con el estallido social chileno y con demandas similares.

Teniendo en cuenta aquellas protestas, la disputa de esa segunda vuelta no parece muy alentadora. Lasso representa el total opuesto a lo planteado por los movimientos sociales en aquel entonces, con su proyecto de profundizar los conceptos neoliberales que Lenín Moreno trató de rescatar suavemente en su gobierno.

Sin embargo, el regreso tampoco agrada a muchas organizaciones que consideran que muchos de los problemas económicos recientes tuvieron su origen en errores de Rafael Correa en sus últimos años de gobierno.

Por lo mismo, algunas organizaciones simplemente se niegan a votar por Arauz, otras la condicionan su posición a su favor a una actualización del proyecto. Hay que destacar que algunas de esas organizaciones, sobre todo las ligadas a la causa indígena, apoyaron en primera vuelta a Yaku Pérez, quien salió tercero en primera vuelta y no ha apoyado a nadie en el ballotage.

Reconocimiento de los resultados

Aquella primera disputa también trae otra curiosidad. En 6 de febrero Arauz terminó como el más votado, con 32,72%, seguido por Lasso con 19,74% y por Pérez con 19,39%. El segundo y el tercero terminaron separados por solo 0,32%, cerca de 32 mil votos.

Tal situación llevó el candidato derrotado (Pérez, que quedó afuera de la segunda vuelta) a reclamar en la justicia por un supuesto fraude, petición que terminó no prosperando, pero que levanta un precedente, debido a que las encuestas indican que la diferencia en este 11 de abril puede ser nuevamente muy pequeña. De hecho, hay que recordar que Lasso también no reconoció su derrota en 2017.

Todavía no se puede hablar de una tendencia de no reconocer resultados electorales adversos, pero al ser grande la posibilidad de que la diferencia en el resultado de este domingo sea nuevamente muy pequeña, no está demás decir que Ecuador vivirá una jornada en que la fortaleza de su democracia estará bajo sospecha.

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